Introducción:

Jess ya es toda una adolescente, tiene un montón de amigas y conoce a mucha gente seguidamente con la cual se lo pasa genial. Ella nunca ha estado interesada por los chicos. Hasta que uno con que nunca había sido muy cercana pasa a ser una de las personas mas importantes de su vida. Pero... Inesperadamente, a causa de un enorme mal entendido las cosas se tuercen y este chico se aleja de todos si dejar rastro. De golpe, un nuevo chico aparece en la vida de Jessica, una loca noche de fiesta. Ella cree que sigue queriendo a aquel primer chico pero... ¿Si él ya no esta aquí, qué le impide comenzar una nueva vida? El problema vendrá cuando su primer amor, reaparezca en un momento de los mas inoportuno.

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CAPÍTULO 32:

-Oye Jessica, ¿Te quieres quedar a comer? -pregunto el padre de Ryan situado justo detrás de nosotros.
-No lo sé, tendría que irme a casa. Supongo, mi madre me debe estar esperando para preparar la comida y eso. -le dije
-Me había pillado por sorpresa, no sabía que decir. Quedarme allí así como así me parecía algo extraño. No tenía que preocuparme por Ryan, aunque su padre estaba algo ido de la olla. Bueno, tampoco era una amenaza, es un padre que se divierte a su manera, como mi madre.
-¿Sois muchos en casa? -pregunto el padre de Ryan.
-Cuatro. -respondí. -Aunque ahora mi madre debe estar sola con mi hermano.  -continúe riendo recodando el desastre del baño del otro día.
-Diles que se vengan. -me dijo Ryan encogiéndose de hombros.
-No me pareció tan mala idea cuando lo dijo Ryan.
-Vale, ¿Y porque no? -dije.
-Cogí mi móvil y le envié un mensaje a mi madre.
·         Hola ¿Qué te parece si te vienes a casa de Ryan a comer?
·         No lo sé yo, no lo conozco, y me parece algo raro.
·         Sí, yo también lo he pensado pero no es mala idea, además no tenemos nada que hacer. Te vas a llevar bien con el padre de Ryan, es muy...Como tú.
·         Está bien, en un rato voy, oye pregunta si molesta que lleve al perro y envíame la dirección.
-Está bien, ha dicho que sí, en un rato estará por aquí. ¿Os importa si trae a mi perro? -les dije.
-No que va. -dijo despreocupadamente el padre de Ryan mientras cogía una botella de cerveza de la nevera.
-Podemos pasear a los perros luego de comer. -dijo Ryan.
-Oh, ¿También tenéis perro? -pregunte sorprendida.
-Un pastor alemán. -Respondió Ryan apoyándose con los codos en la encimera de la cocina.
-No la he visto al entrar. -dije como respuesta.
-Acaba de contestarle a tu madre y te la enseño. -dijo Ryan con una dulce sonrisa.
-Está bien. -le dije.
-Respondí a mi madre y le envié la dirección de la casa y antes de ver si me. Contestaba o no me lo metí en el bolsillo.
-Ya está. -dije
-Ven, vamos. -me dijo Ryan dirigiéndose al salón.
-El salón y el comedor estaban juntos. Era un lugar muy acogedor. Paredes y suelos claros pero el mobiliario era oscuro, madera pulida a juego con la alfombra algo descolorida y los sofás de cuero negro natural. Una gran pantalla de plasma ocupaba el lugar central de una baja mesita colocada estratégicamente delante de los sofás.  En la pared lateral de la habitación había unas puertas de madera que daban al porche del patio trasero. Ryan cruzo el salón y abrió aquellas puertas. Salí fuera detrás de él, observando mí alrededor. El porche estaba decorado con los mismos muebles que los de la terraza solo que con una tonalidad un poco más clara. Luego el resto del jardín tenía césped natural y una piscina rodeada por unos cuantos árboles. Bajo uno de ellos había un perro tumbado. Ryan se pudo los meñiques en la boca, aspiro y dejo salir un fuerte silbido.
-¡Dressy! ¡Ven aquí chica! -grito Ryan dirigiéndose a la perra.
-La perra de un salto se puso en pie al escuchar a Ryan mientras ajábamos las escaleras del porche. Vino corriendo hacia nosotros y se puso a olisquearnos. No parecía muy mayor, tendría menos de cuatro años.
-Mis primos tienen una muy parecida. -le dije.
-Estuvimos un buen rato jugando con Dressy hasta que nos cansamos. Decidimos ir un rato el porche a descansar.
-¿Y desde cuando tocas la guitarra? -le pregunte.
-Desde que me la compraron. -respondió bromeando. -Cuando tenía unos doce.
-Se te da bien. -le dije.
-Gracias, ¿Y tú? ¿Tocas algún otro instrumento? -pregunto con curiosidad.
-Sí, de pequeña mi madre me enseño a tocar el piano. -le respondí.
-Siempre quise aprender a tocarlo. -me dijo.
-¿Tienes uno? -le pregunte.
-No, es una pena. -dijo el fijando la vista en el suelo.
-Hum...Pues cuando vengas a mi casa te enseño. -le conteste.
-¿Enserio? -pregunto mirándome con esos ojos azules.
-¡Sí, claro! Tú me enseñas con la guitarra y yo con el piano. Es justo. -le dije sonriendo.
-Vale, trato echo. -dijo antes de que sonara el timbre de la entrada.
-Nos pusimos en pie y nos dirigimos a la puerta. El padre de Ryan había llegado justo antes que nosotros y abrió la puerta. Mi madre levanto la mirada y abrió los ojos como platos.
-¡Que me caiga un rayo si miento! ¡Richard! ¡Por dios! ¡Cuantísimo tiempo! -grito ella.

-¿Perrie? ¡Madre mía! ¡Estas estupendas! -grito el padre de Ryan mientras se abrazaban como si se conocieran de toda la vida.

CAPÍTULO 31:


         Al despertarme mire mi reloj que marcaba las ocho y cinco. Me dirigí al baño y me desenrede el pelo con cuidado y me dirigí al vestidor para ponerme un vestido sin mangas de color turquesa con algunos detalles en negro. Era muy bonito, aunque hacia mucho que no lo usaba. Me llegaban unos diez centímetros por encima de las rodillas, era fresco y muy cómodo. Me puse un cinturón negro grueso con unas piedras azules que hacían juego con el vestido y unas sandalias negras. Bajé al salón y vi a mis padres viendo la televisión.

-¡Buenos días! -dijo mi padre antes de acabarse de un trago la taza de café.
-Hola voy a salir un rato... -dije antes de que me madre me interrumpirá.
-¡Te has puesto el vestido! -chillo de alegría.

         Ese vestido para mi madre no es un vestido como para mí, sino que es "El vestido" No tengo ni idea de porqué pero le encanta. 

-Sí mama -dije riendo.

         Mi madre es una mujer muy peculiar. Es bastante diferente que el resto de las madres con las que se relaciona, las de mis amigas. Tiene un carácter especial. Es una mujer que parece no haber madurado aún.

-Chicas me voy un rato con Jim, volveré luego de comer, iremos a jugar al poker luego.

         Casi cada fin de semana mi padre se va a jugar con Jim, un amigo de trabajo o algo así. No sé quién es, pero aprovechan y hablan de negocios de vez en cuando.

-Está bien. -dijo mi madre mientras mi padre cogía las llaves del coche. 
-¡Adiós! -dijo mi padre cerrando la puerta.

         Empecé a preparar mi desayuno. Me hice unas tostadas, y me tome un zumo de melocotón. Puse las cosas en la encimera de la cocina y me senté en una silla. Mi madre se acercó descalza trotando como un caballo y se llenó medio vaso con café mientras me miraba y se reía.

-A tu novio le va a encantar ese vestido. -dijo mirándolo.
-¿Tu como sabes si tengo o no novio? -dije sorprendida por lo que acababa de decirme.
-Yo lo sé todo Jess. -dijo riendo.
-No, no, espera, Ryan no es mi novio. Solo me va a enseñar a tocar la guitarra. -dije por lo que quiera que estuviera pensando. 
-Oh, Jess no hace falta que me lo ocultes. -dijo con la taza de café entre las dos manos.
-Mamá, por favor que te digo que Ryan no es mi novio. -dije algo irritada.
-Está bien, pues quiero conocer a tu novio. ¡Sería divertido! -dijo mi madre yendo hacia el salón otra vez.
-Se llama Adam. -le dije mientras me dirigía a la puerta.
-Jessica. -me llamo cuando abrí la puerta para irme.
-¿Qué pasa? -pregunte.
-La guitarra. -respondió riendo en el sofá.
-Ui, sí, casi me la olvido. Gracias mamá. -le dije antes de bajar a mi habitación otra vez y coger la guitarra.

         Al acercarme a las escaleras para subirlas después de habr cogido la quitarra resbale y no sé de qué manera me clave la barandilla de hierro entre las costillas. Me quede un momento flipando debido al golpe. Me levante como pude y subí las escaleras. Me asegure de poder respirar bien. Me dolía, pero era soportable. Eso sí, si me lo tocaba veía las estrellas.

-¿Jessica que te ha pasado? -pregunto mi madre.
-Me he dado con la barandilla entre las costillas. -dije poniendo una mano en la zona dolorida.
-¿Quieres que te lleve al médico? -pregunto mi madre preocupada.
-No tranquila, si no me lo toco no me duele. -le dije para que se quede más tranquila.
-Está bien, ve, a ver si haces algo de provecho con la guitarra. -dijo sonriendo.
-Sí, adiós. -dije al cerrar la puerta de la entrada detrás de mí.

         Salí a la calle y mire en el móvil la dirección de la casa de Ryan. Sabía que zona era, cerca del instituto privado. Podía ir a pie, así que me colgué la funda de la guitarra al hombro, y empecé a caminar.  Hacía mucho que no tocaba nada con la guitarra. Desde que mi tío me la regalo ara un par de años. Aunque en realidad la idea fue de mis primos. Estaba muy unida a ellos,  hasta hace un año. Se fueron a vivir al extranjero, y no regresaran hasta dentro de un año más. Con mi prima sigo hablando bastante seguido. Pero de mi primo no es gran cosa. Es mayor que nosotras, aunque lo extraño muchísimo. Mi prima era como una amiga más para mis amigas y yo. Nos sentó fatal que se tuvieran que ir. Pero con mi primo, siempre me he divertido, al ser mayor siempre me ha cuidado. Nosotros tres en especial estábamos verdaderamente unidos. Daria cualquier cosa para que regresaran, llevábamos casi un año separados, y la verdad luego de estar toda la vida juntos, otro año más sin ellos me va a costar mucho.

         Unos minutos más tarde pase cerca del instituto privado y volví a mirar la dirección. Estaba a dos calles de su casa. Camine un poco más y enseguida la encontré. Era una casa de color beige, con techos oscuros. Presione el timbre una vez y mire la hora. Eran las nueve y cinco, a lo mejor me he equivocado de casa. Unos instantes después Ryan abrió la puerta.

-Hola nena. Entra está abierto. -dijo refiriéndose a la puerta del patio.