-Oye Jessica, ¿Te quieres quedar a comer? -pregunto el
padre de Ryan situado justo detrás de nosotros.
-No lo sé, tendría que irme a casa. Supongo, mi madre me debe
estar esperando para preparar la comida y eso. -le dije
-Me había pillado por sorpresa, no sabía
que decir. Quedarme allí así como así me parecía algo extraño. No tenía que
preocuparme por Ryan, aunque su padre estaba algo ido de la olla. Bueno,
tampoco era una amenaza, es un padre que se divierte a su manera, como mi
madre.
-¿Sois muchos en casa? -pregunto el padre de Ryan.
-Cuatro. -respondí. -Aunque ahora mi madre debe estar
sola con mi hermano. -continúe riendo
recodando el desastre del baño del otro día.
-Diles que se vengan. -me dijo Ryan encogiéndose de
hombros.
-No me pareció tan mala idea cuando lo dijo Ryan.
-Vale, ¿Y porque no? -dije.
-Cogí mi móvil y le envié un mensaje a mi madre.
·
Hola ¿Qué te parece si te vienes a casa de
Ryan a comer?
·
No lo sé yo, no lo conozco, y me parece algo
raro.
·
Sí, yo también lo he pensado pero no es mala
idea, además no tenemos nada que hacer. Te vas a llevar bien con el padre de
Ryan, es muy...Como tú.
·
Está bien, en un rato voy, oye pregunta si
molesta que lleve al perro y envíame la dirección.
-Está bien, ha dicho que sí, en un rato estará por aquí.
¿Os importa si trae a mi perro? -les dije.
-No que va. -dijo despreocupadamente el padre de Ryan
mientras cogía una botella de cerveza de la nevera.
-Podemos pasear a los perros luego de comer. -dijo Ryan.
-Oh, ¿También tenéis perro? -pregunte sorprendida.
-Un pastor alemán. -Respondió Ryan apoyándose con los
codos en la encimera de la cocina.
-No la he visto al entrar. -dije como respuesta.
-Acaba de contestarle a tu madre y te la
enseño. -dijo Ryan con una dulce sonrisa.
-Está bien. -le dije.
-Respondí a mi madre y le envié la dirección
de la casa y antes de ver si me. Contestaba o no me lo metí en el bolsillo.
-Ya está. -dije
-Ven, vamos. -me dijo Ryan dirigiéndose al salón.
-El salón y el comedor estaban juntos.
Era un lugar muy acogedor. Paredes y suelos claros pero el mobiliario era
oscuro, madera pulida a juego con la alfombra algo descolorida y los sofás de
cuero negro natural. Una gran pantalla de plasma ocupaba el lugar central de
una baja mesita colocada estratégicamente delante de los sofás. En la pared lateral de la habitación había
unas puertas de madera que daban al porche del patio trasero. Ryan cruzo el
salón y abrió aquellas puertas. Salí fuera detrás de él, observando mí
alrededor. El porche estaba decorado con los mismos muebles que los de la
terraza solo que con una tonalidad un poco más clara. Luego el resto del jardín
tenía césped natural y una piscina rodeada por unos cuantos árboles. Bajo uno
de ellos había un perro tumbado. Ryan se pudo los meñiques en la boca, aspiro y
dejo salir un fuerte silbido.
-¡Dressy! ¡Ven aquí chica! -grito Ryan dirigiéndose a la
perra.
-La perra de un salto se puso en pie al
escuchar a Ryan mientras ajábamos las escaleras del porche. Vino corriendo
hacia nosotros y se puso a olisquearnos. No parecía muy mayor, tendría menos de
cuatro años.
-Mis primos tienen una muy parecida. -le dije.
-Estuvimos un buen rato jugando con
Dressy hasta que nos cansamos. Decidimos ir un rato el porche a descansar.
-¿Y desde cuando tocas la guitarra? -le pregunte.
-Desde que me la compraron. -respondió bromeando. -Cuando
tenía unos doce.
-Se te da bien. -le dije.
-Gracias, ¿Y tú? ¿Tocas algún otro instrumento? -pregunto
con curiosidad.
-Sí, de pequeña mi madre me enseño a tocar el piano. -le respondí.
-Siempre quise aprender a tocarlo. -me dijo.
-¿Tienes uno? -le pregunte.
-No, es una pena. -dijo el fijando la vista en el suelo.
-Hum...Pues cuando vengas a mi casa te enseño. -le
conteste.
-¿Enserio? -pregunto mirándome con esos ojos azules.
-¡Sí, claro! Tú me enseñas con la guitarra y yo con el
piano. Es justo. -le dije sonriendo.
-Vale, trato echo. -dijo antes de que sonara el timbre de
la entrada.
-Nos pusimos en pie y nos dirigimos a la puerta. El padre
de Ryan había llegado justo antes que nosotros y abrió la puerta. Mi madre
levanto la mirada y abrió los ojos como platos.
-¡Que me caiga un rayo si miento! ¡Richard! ¡Por dios! ¡Cuantísimo
tiempo! -grito ella.
-¿Perrie? ¡Madre mía! ¡Estas estupendas! -grito el padre
de Ryan mientras se abrazaban como si se conocieran de toda la vida.