Al despertarme mire mi reloj que
marcaba las ocho y cinco. Me dirigí al baño y me desenrede el pelo con cuidado
y me dirigí al vestidor para ponerme un vestido sin mangas de color turquesa
con algunos detalles en negro. Era muy bonito, aunque hacia mucho que no lo
usaba. Me llegaban unos diez centímetros por encima de las rodillas, era fresco
y muy cómodo. Me puse un cinturón negro grueso con unas piedras azules que
hacían juego con el vestido y unas sandalias negras. Bajé al salón y vi a mis
padres viendo la televisión.
-¡Buenos
días! -dijo mi padre antes de acabarse de un trago la taza de café.
-Hola
voy a salir un rato... -dije antes de que me madre me interrumpirá.
-¡Te
has puesto el vestido! -chillo de alegría.
Ese vestido para mi madre no es un
vestido como para mí, sino que es "El vestido" No tengo ni idea de
porqué pero le encanta.
-Sí
mama -dije riendo.
Mi madre es una mujer muy peculiar. Es
bastante diferente que el resto de las madres con las que se relaciona, las de
mis amigas. Tiene un carácter especial. Es una mujer que parece no haber
madurado aún.
-Chicas
me voy un rato con Jim, volveré luego de comer, iremos a jugar al poker luego.
Casi cada fin de semana mi padre se va
a jugar con Jim, un amigo de trabajo o algo así. No sé quién es, pero aprovechan
y hablan de negocios de vez en cuando.
-Está
bien. -dijo mi madre mientras mi padre cogía las llaves del coche.
-¡Adiós!
-dijo mi padre cerrando la puerta.
Empecé a preparar mi desayuno. Me hice
unas tostadas, y me tome un zumo de melocotón. Puse las cosas en la encimera de
la cocina y me senté en una silla. Mi madre se acercó descalza trotando como un
caballo y se llenó medio vaso con café mientras me miraba y se reía.
-A
tu novio le va a encantar ese vestido. -dijo mirándolo.
-¿Tu
como sabes si tengo o no novio? -dije sorprendida por lo que acababa de
decirme.
-Yo
lo sé todo Jess. -dijo riendo.
-No,
no, espera, Ryan no es mi novio. Solo me va a enseñar a tocar la guitarra.
-dije por lo que quiera que estuviera pensando.
-Oh,
Jess no hace falta que me lo ocultes. -dijo con la taza de café entre las dos
manos.
-Mamá,
por favor que te digo que Ryan no es mi novio. -dije algo irritada.
-Está
bien, pues quiero conocer a tu novio. ¡Sería divertido! -dijo mi madre yendo
hacia el salón otra vez.
-Se
llama Adam. -le dije mientras me dirigía a la puerta.
-Jessica.
-me llamo cuando abrí la puerta para irme.
-¿Qué
pasa? -pregunte.
-La
guitarra. -respondió riendo en el sofá.
-Ui,
sí, casi me la olvido. Gracias mamá. -le dije antes de bajar a mi habitación
otra vez y coger la guitarra.
Al acercarme a las escaleras para
subirlas después de habr cogido la quitarra resbale y no sé de qué manera me
clave la barandilla de hierro entre las costillas. Me quede un momento flipando
debido al golpe. Me levante como pude y subí las escaleras. Me asegure de poder
respirar bien. Me dolía, pero era soportable. Eso sí, si me lo tocaba veía las
estrellas.
-¿Jessica
que te ha pasado? -pregunto mi madre.
-Me
he dado con la barandilla entre las costillas. -dije poniendo una mano en la
zona dolorida.
-¿Quieres
que te lleve al médico? -pregunto mi madre preocupada.
-No
tranquila, si no me lo toco no me duele. -le dije para que se quede más
tranquila.
-Está
bien, ve, a ver si haces algo de provecho con la guitarra. -dijo sonriendo.
-Sí,
adiós. -dije al cerrar la puerta de la entrada detrás de mí.
Salí a la calle y mire en el móvil la
dirección de la casa de Ryan. Sabía que zona era, cerca del instituto privado.
Podía ir a pie, así que me colgué la funda de la guitarra al hombro, y empecé a
caminar. Hacía mucho que no tocaba nada
con la guitarra. Desde que mi tío me la regalo ara un par de años. Aunque en
realidad la idea fue de mis primos. Estaba muy unida a ellos, hasta hace un año. Se fueron a vivir al
extranjero, y no regresaran hasta dentro de un año más. Con mi prima sigo
hablando bastante seguido. Pero de mi primo no es gran cosa. Es mayor que
nosotras, aunque lo extraño muchísimo. Mi prima era como una amiga más para mis
amigas y yo. Nos sentó fatal que se tuvieran que ir. Pero con mi primo, siempre
me he divertido, al ser mayor siempre me ha cuidado. Nosotros tres en especial
estábamos verdaderamente unidos. Daria cualquier cosa para que regresaran,
llevábamos casi un año separados, y la verdad luego de estar toda la vida juntos,
otro año más sin ellos me va a costar mucho.
Unos minutos más tarde pase cerca del
instituto privado y volví a mirar la dirección. Estaba a dos calles de su casa.
Camine un poco más y enseguida la encontré. Era una casa de color beige, con
techos oscuros. Presione el timbre una vez y mire la hora. Eran las nueve y
cinco, a lo mejor me he equivocado de casa. Unos instantes después Ryan abrió
la puerta.
-Hola
nena. Entra está abierto. -dijo refiriéndose a la puerta del patio.
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