Introducción:

Jess ya es toda una adolescente, tiene un montón de amigas y conoce a mucha gente seguidamente con la cual se lo pasa genial. Ella nunca ha estado interesada por los chicos. Hasta que uno con que nunca había sido muy cercana pasa a ser una de las personas mas importantes de su vida. Pero... Inesperadamente, a causa de un enorme mal entendido las cosas se tuercen y este chico se aleja de todos si dejar rastro. De golpe, un nuevo chico aparece en la vida de Jessica, una loca noche de fiesta. Ella cree que sigue queriendo a aquel primer chico pero... ¿Si él ya no esta aquí, qué le impide comenzar una nueva vida? El problema vendrá cuando su primer amor, reaparezca en un momento de los mas inoportuno.

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CAPÍTULO 31:


         Al despertarme mire mi reloj que marcaba las ocho y cinco. Me dirigí al baño y me desenrede el pelo con cuidado y me dirigí al vestidor para ponerme un vestido sin mangas de color turquesa con algunos detalles en negro. Era muy bonito, aunque hacia mucho que no lo usaba. Me llegaban unos diez centímetros por encima de las rodillas, era fresco y muy cómodo. Me puse un cinturón negro grueso con unas piedras azules que hacían juego con el vestido y unas sandalias negras. Bajé al salón y vi a mis padres viendo la televisión.

-¡Buenos días! -dijo mi padre antes de acabarse de un trago la taza de café.
-Hola voy a salir un rato... -dije antes de que me madre me interrumpirá.
-¡Te has puesto el vestido! -chillo de alegría.

         Ese vestido para mi madre no es un vestido como para mí, sino que es "El vestido" No tengo ni idea de porqué pero le encanta. 

-Sí mama -dije riendo.

         Mi madre es una mujer muy peculiar. Es bastante diferente que el resto de las madres con las que se relaciona, las de mis amigas. Tiene un carácter especial. Es una mujer que parece no haber madurado aún.

-Chicas me voy un rato con Jim, volveré luego de comer, iremos a jugar al poker luego.

         Casi cada fin de semana mi padre se va a jugar con Jim, un amigo de trabajo o algo así. No sé quién es, pero aprovechan y hablan de negocios de vez en cuando.

-Está bien. -dijo mi madre mientras mi padre cogía las llaves del coche. 
-¡Adiós! -dijo mi padre cerrando la puerta.

         Empecé a preparar mi desayuno. Me hice unas tostadas, y me tome un zumo de melocotón. Puse las cosas en la encimera de la cocina y me senté en una silla. Mi madre se acercó descalza trotando como un caballo y se llenó medio vaso con café mientras me miraba y se reía.

-A tu novio le va a encantar ese vestido. -dijo mirándolo.
-¿Tu como sabes si tengo o no novio? -dije sorprendida por lo que acababa de decirme.
-Yo lo sé todo Jess. -dijo riendo.
-No, no, espera, Ryan no es mi novio. Solo me va a enseñar a tocar la guitarra. -dije por lo que quiera que estuviera pensando. 
-Oh, Jess no hace falta que me lo ocultes. -dijo con la taza de café entre las dos manos.
-Mamá, por favor que te digo que Ryan no es mi novio. -dije algo irritada.
-Está bien, pues quiero conocer a tu novio. ¡Sería divertido! -dijo mi madre yendo hacia el salón otra vez.
-Se llama Adam. -le dije mientras me dirigía a la puerta.
-Jessica. -me llamo cuando abrí la puerta para irme.
-¿Qué pasa? -pregunte.
-La guitarra. -respondió riendo en el sofá.
-Ui, sí, casi me la olvido. Gracias mamá. -le dije antes de bajar a mi habitación otra vez y coger la guitarra.

         Al acercarme a las escaleras para subirlas después de habr cogido la quitarra resbale y no sé de qué manera me clave la barandilla de hierro entre las costillas. Me quede un momento flipando debido al golpe. Me levante como pude y subí las escaleras. Me asegure de poder respirar bien. Me dolía, pero era soportable. Eso sí, si me lo tocaba veía las estrellas.

-¿Jessica que te ha pasado? -pregunto mi madre.
-Me he dado con la barandilla entre las costillas. -dije poniendo una mano en la zona dolorida.
-¿Quieres que te lleve al médico? -pregunto mi madre preocupada.
-No tranquila, si no me lo toco no me duele. -le dije para que se quede más tranquila.
-Está bien, ve, a ver si haces algo de provecho con la guitarra. -dijo sonriendo.
-Sí, adiós. -dije al cerrar la puerta de la entrada detrás de mí.

         Salí a la calle y mire en el móvil la dirección de la casa de Ryan. Sabía que zona era, cerca del instituto privado. Podía ir a pie, así que me colgué la funda de la guitarra al hombro, y empecé a caminar.  Hacía mucho que no tocaba nada con la guitarra. Desde que mi tío me la regalo ara un par de años. Aunque en realidad la idea fue de mis primos. Estaba muy unida a ellos,  hasta hace un año. Se fueron a vivir al extranjero, y no regresaran hasta dentro de un año más. Con mi prima sigo hablando bastante seguido. Pero de mi primo no es gran cosa. Es mayor que nosotras, aunque lo extraño muchísimo. Mi prima era como una amiga más para mis amigas y yo. Nos sentó fatal que se tuvieran que ir. Pero con mi primo, siempre me he divertido, al ser mayor siempre me ha cuidado. Nosotros tres en especial estábamos verdaderamente unidos. Daria cualquier cosa para que regresaran, llevábamos casi un año separados, y la verdad luego de estar toda la vida juntos, otro año más sin ellos me va a costar mucho.

         Unos minutos más tarde pase cerca del instituto privado y volví a mirar la dirección. Estaba a dos calles de su casa. Camine un poco más y enseguida la encontré. Era una casa de color beige, con techos oscuros. Presione el timbre una vez y mire la hora. Eran las nueve y cinco, a lo mejor me he equivocado de casa. Unos instantes después Ryan abrió la puerta.

-Hola nena. Entra está abierto. -dijo refiriéndose a la puerta del patio.


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