Suspire y un brazo me apretó contra
su cuerpo mientras escuche un murmuro adormilado de mi lado. Me gire en la cama
confundida. Durmiendo a mi lado había un chico rubio. ¿Ryan? No, era diferente
a él. Espera. ¿Qué narices hace un chico durmiendo en mi habitación?
-Mierda. –dije al darme cuenta que
realmente no estaba en mi habitación.
Estaba
en una habitación un poco más grande de la mía estaba desordenada y en las
paredes habían posters de música rock por todas partes. Tengo un dolor de
cabeza insoportable. <<Joder no sé dónde estoy>> pensé.
-¿Quién eres tú? –pregunto la voz de
mi derecha cuando el chico se sentó en la cama.
-Eh... yo… -no sabía que decir a
aquel desconocido de ojos azules.
-¿Porque llevas puesta mi camiseta de
Nirvana?
-No… no sé. –estaba desconcertada
ahora también llevaba puesta su ropa.
-¿Qué hora es? ¿Qué haces en mi casa?
–me empezó a preguntar montones de cosas mientras yo cada vez estaba más
confundida.
-¡Para de hacerme preguntas! –grite
irritada y de repente él se calló para quedarse mirándome.
-Lo siento. –se disculpó sin decir nada
más.
-No recuerdo nada. –dije envolviendo
mi cabeza con mis brazos y escondiéndome entre mis rodillas.
-…yo tampoco... –susurro el chico.
-Únicamente recuerdo aquella dichosa
discoteca el ruido y que empecé a beber. Joder esta mierda de ser mayor de edad
duele. –dije frotando mi cabeza.
-Espera. ¿Qué? –preguntó.
-Mi amiga falsifico los carnets…
tengo dieciséis. –le admití.
-¿Qué tienes cuantos? –dijo mirándome
de arriba abajo.
-¿Estas sordo? –dije mosqueada.
-No los aparentas. Oye… No sé quién
eres. Ni que haces en mi habitación. –me dijo dudoso.
-Ya somos dos. –le dije intentando no
sonar tan cortante como antes.
-Soy Luke. 18. –dijo mirándome aparte
la mirada de el en cuanto me di cuenta de que solo llevaba puestos unos boxes
negros. – Joder ¿Podrías al menos decirme quién eres? Te recuerdo que si los
dos no nos hubiéramos emborrachado anoche no estarías aquí. –replicó molesto.
-Lo... Lo siento. No es por eso. Es
que no llevas ropa. Jessica, 16. –le respondí igual a él mientras agachando la
cabeza.
-Tú no estás muy distinta. –dijo
riendo.
-¿Qué? –dije mirándome.
Estaba
únicamente con una camiseta que supuse que era suya y mi ropa interior debajo.
Cogí la sabana para taparme un poco. Creo que estaba entrando en estado de
shock, no sabía qué hacer. Estaba en la casa de un total desconocido y no
recordaba nada de la noche anterior. Mierda mis amigas… Tengo que llamarlas. Si
mi madre se ha enterado estará hecha una furia. Salí de mis pensamientos, mire
a mi alrededor y vi mi teléfono en el suelo. Lo cogí y volví para sentarme en
la cama, cuando lo desbloqueé, se me cayó de las manos debido a que alguien
entro a la habitación y me asuste. Un
chico aparentemente mayor que con el pelo morado entro balbuceando algo que no
logre entender. Me puse de pie nerviosa mirando al chico de ojos azules. El
chico de pelo morado al percatarse de mi presencia pareció deshacerse de su
reciente resaca y se quedó mirándome fijamente.
-Vaya, vaya. –dijo acercándose a mí.
Me
quede paralizada, no sabía qué hacer. Se acercó rápidamente, me cogió con su
mano de la barbilla y movió mi cabeza para todos lados. Parecía que me
estuviera inspeccionando pero no tuve valor de apartarlo. Acercó su cabeza
hacia mi pelo y empezó a olerme como si fuera comida. Empezó a reír con una voz
ronca que me dio hasta asco cuando por sorpresa se calló al suelo.
-¡Aléjate de ella! –le grito el otro
chico mientras lo puso de pie con un brazo tirando se su camiseta y esta vez el
rubio fue quien olio al chico de pelo morado antes de agregar. – ¡Cuantas veces
te he dicho que no fumes esa mierda en casa!
-Jo*er, vamos tío déjame. –replico el
otro tumbándose en la cama.
-Fuera. –dijo el rubio señalándole la
puerta con el brazo.
-¿Desde cuándo os conocéis? –pregunto
el chico de la cama mientras se ponía a hurgar en las cosas de mi teléfono sin
permiso.
-No nos conocemos. Ahora fuera.
–repitió el chico que estaba a mi lado frotando su cara con sus manos.
En
ese justo momento el chico de pelo morado ahogo una risa mientras miraba algo
en mi teléfono para luego empezar a reír sin parar. Parecía un borracho,
maleducado y encima subnormal.
-Dame eso. –dije sacándole mi móvil
de sus asquerosas manos cuando él se puso en pie y se dirigió al otro chico.
-Me lo tenías bien escondido maricón.
–le dijo aun riendo al rubio.
-¿De qué hablas? –pregunto este tan
confuso como yo.
El
chico de pelo morado frunció el ceño, nos miró a los dos unas cuantas veces y
luego miro a mis manos fijamente como si algo fuera obvio. Mire mis manos sin
entender nada hasta que lo vi. La galería de mi teléfono estaba abierta y había
fotos, muchas, demasiadas. Fotos que sobraban totalmente.
-¿Qué...? –dije perpleja, esto no
podía estar pasándome a mí.
Empecé
a tranquilizarme respirando hondo una y otra vez mientras cerraba los ojos. No
podía ser, esa no era yo. Habían casi unas diez fotografías en las cual salía
yo. Yo, y ese tal Luke. Y para acabar de fastidiar mi tremendamente patética
vida los dos salíamos besándonos, en todas y cada una de las fotografías. Madre
mía esto solo me podía pasar a mí. Alce la vista y vi al rubio con una
expresión confusa en su cara mientras el otro imbécil seguía riendo. Gire la
pantalla de mi teléfono y se lo enseñe. El rubio pareció todavía más
sorprendido que yo. Empezó a decir cosas sin sentido mientras pasaba todas las
fotografías una a una. Luego soltó el móvil dejándolo caer en la cama y empezó
a pasar sus manos por su pelo varias veces mientras gritaba.
-¿Jo*er y ese cabreo? .dijo el peli
morado.
-Yo...no... No me acuerdo de nada.
–respondió muy por lo bajo el rubio.
-¿Y anoche... vosotros dos...? Ya
sabes –empezó a preguntar el de pelo morado riendo.
-¡No! –respondí yo rápidamente.
-Es menor imbécil. Cállate.
–respondió el rubio frustrado.
-¿Qué qué? –dijo el imbécil riendo
nuevamente mientras me miraba.
El
imbécil estallo de la risa, se acercó a mí y me abrazó pos detrás.
Verdaderamente olía mal, era un olor como a quemado de lo que quiera que haya
fumado y me dieron ganas de toser pero no me podía mover.
-¿Y si me la quedo? –empezó a decir
imbécil mientras volvía a olerme.
-Suéltame estúpido. –le dije
intentando zafarme.
-¿Cómo te llamas? –me contesto riendo
mientras el rubio seguía quieto en la cama sin ni siquiera moverse. Parecía que
no nos escuchara.
-Que te apartes de mi, idiota. –dije
ahora haciendo fuerza para que me dejara.
-Dije que ¡Fuera! –le grito el rubio
cogiéndolo fuertemente del pelo mientras lo arrastraba hasta la puerta.
-¿Verónica? –pregunto el imbécil
cuando el rubio le cerró la puerta en las narices y puso el pestillo. -¿Elizabeth?
–siguió preguntando. -¡Ya sé! ¡Emily!
Ignoramos
sus estupideces, me senté en la cama incomoda por todo esto cuando me acorde de
las chicas y decidí llamarlas. Tenía unos casi cuarenta llamadas perdidas de
todas ellas y un montón de mensajes de texto. Al segundo timbre Pixie atendió
el teléfono.
<<-Jessica! Menos mal. ¿Dónde estás?
Casi nos morimos, no hemos podido dormir. Te hemos llamado. ¡Chicas es Jessica!
–dijo Pixie del tirón.
-Eh...Esto bien...Bueno...-dije
mirando al rubio que tenía la mirada clavada en mí. -¿Habéis avisado mi madre?
-Estábamos por hacerlo son las dos de
la tarde. ¿Qué te ha pasado? ¿Estás bien? –empezó a hablar otra vez.
-Gracias. Eh... Yo estoy bien. Ahora
no puedo hablar... –dije.
-Jessica ¿Dónde fuiste anoche? Te
perdimos -repitió ella.
-Para con las preguntas, en cuanto
pueda voy. ¿Estáis todas en casa? –pregunte irritada.
-Sí. –respondió.
-Vale esperad ahí. –dije antes de
colgar el teléfono.
Deje
el teléfono a mi lado y cerré los ojos para intentar pensar con claridad. La cama
se movió a mi lado interrumpiendo mis pensamientos cuando vi al rubio mirándome.
Aparte la mirada ya que no sabía cómo actuar ahora. Estaba en casa de alguien
con un idiota y medio sin saber cómo narices llegue aquí anoche.
-Esto es tan incómodo para ti como
para mí créeme. –dijo de repente riendo sarcaticamente.
-No lo creo. –dije aun sin mirarlo. -¿Tienes
novia? –le pregunte.
-Eh... –dijo únicamente. –No... –dijo
tragando saliva.
-¿Y cuál es tu p*to problema
entonces? –dije enfadada.
-¡Que eres una maldita menor! –grito.
-Si anoche llego a pasar algo... Y vas tú y lo dices...
-¡No pasó nada anoche! –le grité
sacándome esa idea de la cabeza.
-Ojala estés en lo cierto. –dijo
mientras maldecía por lo bajo.
-No diré nada. De todos modos no
recuerdo nada. –le dije intentando calmarme.
-¿Tenias...? Ya sabes. ¿Novio?
–pregunto mirándome dudoso en un tono más calmado.
En
ese momento para acabar de completar la mañana esos horribles recuerdos
volvieron a mi mente. Y mis ojos se aguaron por completo.
-Joder, perdón. No... Si hubiera
estado consciente no habría hecho nada. Lo juro. –empezó a balbucear el rubio.
-No.
-¿Qué...? –me respondió.
-Él me dejo. –dije secándome las lágrimas.
-Oh... Mm.. –no supo que decir.
-Si se llega a enterar de esto...
Jamás me creerá. –empecé a llorar otra vez.
-No... No te entiendo. –dijo por lo
bajo algo confuso.
-¡Pues claro! ¡No me conoces! ¡No
sabes quién soy! Maldita sea. –le grité furiosa.
-No me grites que tengo la culpa
tanto como tú. –me replico subiendo el tono.
-Perdón. –dije sin poder parar de
llorar.
-¿Que se supone que tengo que hacer?
–me pregunto tragando saliva.
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