Introducción:

Jess ya es toda una adolescente, tiene un montón de amigas y conoce a mucha gente seguidamente con la cual se lo pasa genial. Ella nunca ha estado interesada por los chicos. Hasta que uno con que nunca había sido muy cercana pasa a ser una de las personas mas importantes de su vida. Pero... Inesperadamente, a causa de un enorme mal entendido las cosas se tuercen y este chico se aleja de todos si dejar rastro. De golpe, un nuevo chico aparece en la vida de Jessica, una loca noche de fiesta. Ella cree que sigue queriendo a aquel primer chico pero... ¿Si él ya no esta aquí, qué le impide comenzar una nueva vida? El problema vendrá cuando su primer amor, reaparezca en un momento de los mas inoportuno.

Etiquetas

CAPÍTULO 48:

Suspire y un brazo me apretó contra su cuerpo mientras escuche un murmuro adormilado de mi lado. Me gire en la cama confundida. Durmiendo a mi lado había un chico rubio. ¿Ryan? No, era diferente a él. Espera. ¿Qué narices hace un chico durmiendo en mi habitación?
-Mierda. –dije al darme cuenta que realmente no estaba en mi habitación.
 Estaba en una habitación un poco más grande de la mía estaba desordenada y en las paredes habían posters de música rock por todas partes. Tengo un dolor de cabeza insoportable. <<Joder no sé dónde estoy>> pensé.
-¿Quién eres tú? –pregunto la voz de mi derecha cuando el chico se sentó en la cama.
-Eh... yo… -no sabía que decir a aquel desconocido de ojos azules.
-¿Porque llevas puesta mi camiseta de Nirvana?
-No… no sé. –estaba desconcertada ahora también llevaba puesta su ropa.
-¿Qué hora es? ¿Qué haces en mi casa? –me empezó a preguntar montones de cosas mientras yo cada vez estaba más confundida.
-¡Para de hacerme preguntas! –grite irritada y de repente él se calló para quedarse mirándome.
-Lo siento. –se disculpó sin decir nada más.
-No recuerdo nada. –dije envolviendo mi cabeza con mis brazos y escondiéndome entre mis rodillas.
-…yo tampoco... –susurro el chico.
-Únicamente recuerdo aquella dichosa discoteca el ruido y que empecé a beber. Joder esta mierda de ser mayor de edad duele. –dije frotando mi cabeza.
-Espera. ¿Qué? –preguntó.
-Mi amiga falsifico los carnets… tengo dieciséis. –le admití.
-¿Qué tienes cuantos? –dijo mirándome de arriba abajo.
-¿Estas sordo? –dije mosqueada.
-No los aparentas. Oye… No sé quién eres. Ni que haces en mi habitación. –me dijo dudoso.
-Ya somos dos. –le dije intentando no sonar tan cortante como antes.
-Soy Luke. 18. –dijo mirándome aparte la mirada de el en cuanto me di cuenta de que solo llevaba puestos unos boxes negros. – Joder ¿Podrías al menos decirme quién eres? Te recuerdo que si los dos no nos hubiéramos emborrachado anoche no estarías aquí. –replicó molesto.
-Lo... Lo siento. No es por eso. Es que no llevas ropa. Jessica, 16. –le respondí igual a él mientras agachando la cabeza.
-Tú no estás muy distinta. –dijo riendo.
-¿Qué? –dije mirándome.
         Estaba únicamente con una camiseta que supuse que era suya y mi ropa interior debajo. Cogí la sabana para taparme un poco. Creo que estaba entrando en estado de shock, no sabía qué hacer. Estaba en la casa de un total desconocido y no recordaba nada de la noche anterior. Mierda mis amigas… Tengo que llamarlas. Si mi madre se ha enterado estará hecha una furia. Salí de mis pensamientos, mire a mi alrededor y vi mi teléfono en el suelo. Lo cogí y volví para sentarme en la cama, cuando lo desbloqueé, se me cayó de las manos debido a que alguien entro a la habitación y me asuste.  Un chico aparentemente mayor que con el pelo morado entro balbuceando algo que no logre entender. Me puse de pie nerviosa mirando al chico de ojos azules. El chico de pelo morado al percatarse de mi presencia pareció deshacerse de su reciente resaca y se quedó mirándome fijamente.
-Vaya, vaya. –dijo acercándose a mí.
         Me quede paralizada, no sabía qué hacer. Se acercó rápidamente, me cogió con su mano de la barbilla y movió mi cabeza para todos lados. Parecía que me estuviera inspeccionando pero no tuve valor de apartarlo. Acercó su cabeza hacia mi pelo y empezó a olerme como si fuera comida. Empezó a reír con una voz ronca que me dio hasta asco cuando por sorpresa se calló al suelo.
-¡Aléjate de ella! –le grito el otro chico mientras lo puso de pie con un brazo tirando se su camiseta y esta vez el rubio fue quien olio al chico de pelo morado antes de agregar. – ¡Cuantas veces te he dicho que no fumes esa mierda en casa!
-Jo*er, vamos tío déjame. –replico el otro tumbándose en la cama.
-Fuera. –dijo el rubio señalándole la puerta con el brazo.
-¿Desde cuándo os conocéis? –pregunto el chico de la cama mientras se ponía a hurgar en las cosas de mi teléfono sin permiso.
-No nos conocemos. Ahora fuera. –repitió el chico que estaba a mi lado frotando su cara con sus manos.
         En ese justo momento el chico de pelo morado ahogo una risa mientras miraba algo en mi teléfono para luego empezar a reír sin parar. Parecía un borracho, maleducado y encima subnormal.
-Dame eso. –dije sacándole mi móvil de sus asquerosas manos cuando él se puso en pie y se dirigió al otro chico.
-Me lo tenías bien escondido maricón. –le dijo aun riendo al rubio.
-¿De qué hablas? –pregunto este tan confuso como yo.
         El chico de pelo morado frunció el ceño, nos miró a los dos unas cuantas veces y luego miro a mis manos fijamente como si algo fuera obvio. Mire mis manos sin entender nada hasta que lo vi. La galería de mi teléfono estaba abierta y había fotos, muchas, demasiadas. Fotos que sobraban totalmente.
-¿Qué...? –dije perpleja, esto no podía estar pasándome a mí.
         Empecé a tranquilizarme respirando hondo una y otra vez mientras cerraba los ojos. No podía ser, esa no era yo. Habían casi unas diez fotografías en las cual salía yo. Yo, y ese tal Luke. Y para acabar de fastidiar mi tremendamente patética vida los dos salíamos besándonos, en todas y cada una de las fotografías. Madre mía esto solo me podía pasar a mí. Alce la vista y vi al rubio con una expresión confusa en su cara mientras el otro imbécil seguía riendo. Gire la pantalla de mi teléfono y se lo enseñe. El rubio pareció todavía más sorprendido que yo. Empezó a decir cosas sin sentido mientras pasaba todas las fotografías una a una. Luego soltó el móvil dejándolo caer en la cama y empezó a pasar sus manos por su pelo varias veces mientras gritaba.
-¿Jo*er y ese cabreo? .dijo el peli morado.
-Yo...no... No me acuerdo de nada. –respondió muy por lo bajo el rubio.
-¿Y anoche... vosotros dos...? Ya sabes –empezó a preguntar el de pelo morado riendo.
-¡No! –respondí yo rápidamente.
-Es menor imbécil. Cállate. –respondió el rubio frustrado.
-¿Qué qué? –dijo el imbécil riendo nuevamente mientras me miraba.
         El imbécil estallo de la risa, se acercó a mí y me abrazó pos detrás. Verdaderamente olía mal, era un olor como a quemado de lo que quiera que haya fumado y me dieron ganas de toser pero no me podía mover.
-¿Y si me la quedo? –empezó a decir imbécil mientras volvía a olerme.
-Suéltame estúpido. –le dije intentando zafarme.
-¿Cómo te llamas? –me contesto riendo mientras el rubio seguía quieto en la cama sin ni siquiera moverse. Parecía que no nos escuchara.
-Que te apartes de mi, idiota. –dije ahora haciendo fuerza para que me dejara.
-Dije que ¡Fuera! –le grito el rubio cogiéndolo fuertemente del pelo mientras lo arrastraba hasta la puerta.
-¿Verónica? –pregunto el imbécil cuando el rubio le cerró la puerta en las narices y puso el pestillo. -¿Elizabeth? –siguió preguntando. -¡Ya sé! ¡Emily!
         Ignoramos sus estupideces, me senté en la cama incomoda por todo esto cuando me acorde de las chicas y decidí llamarlas. Tenía unos casi cuarenta llamadas perdidas de todas ellas y un montón de mensajes de texto. Al segundo timbre Pixie atendió el teléfono.
<<-Jessica! Menos mal. ¿Dónde estás? Casi nos morimos, no hemos podido dormir. Te hemos llamado. ¡Chicas es Jessica! –dijo Pixie del tirón.
-Eh...Esto bien...Bueno...-dije mirando al rubio que tenía la mirada clavada en mí. -¿Habéis avisado mi madre?
-Estábamos por hacerlo son las dos de la tarde. ¿Qué te ha pasado? ¿Estás bien? –empezó a hablar otra vez.
-Gracias. Eh... Yo estoy bien. Ahora no puedo hablar... –dije.
-Jessica ¿Dónde fuiste anoche? Te perdimos -repitió ella.
-Para con las preguntas, en cuanto pueda voy. ¿Estáis todas en casa? –pregunte irritada.
-Sí. –respondió.
-Vale esperad ahí. –dije antes de colgar el teléfono.
         Deje el teléfono a mi lado y cerré los ojos para intentar pensar con claridad. La cama se movió a mi lado interrumpiendo mis pensamientos cuando vi al rubio mirándome. Aparte la mirada ya que no sabía cómo actuar ahora. Estaba en casa de alguien con un idiota y medio sin saber cómo narices llegue aquí anoche.
-Esto es tan incómodo para ti como para mí créeme. –dijo de repente riendo sarcaticamente.
-No lo creo. –dije aun sin mirarlo. -¿Tienes novia? –le pregunte.
-Eh... –dijo únicamente. –No... –dijo tragando saliva.
-¿Y cuál es tu p*to problema entonces? –dije enfadada.
-¡Que eres una maldita menor! –grito. -Si anoche llego a pasar algo... Y vas tú y lo dices...
-¡No pasó nada anoche! –le grité sacándome esa idea de la cabeza.
-Ojala estés en lo cierto. –dijo mientras maldecía por lo bajo.
-No diré nada. De todos modos no recuerdo nada. –le dije intentando calmarme.
-¿Tenias...? Ya sabes. ¿Novio? –pregunto mirándome dudoso en un tono más calmado.
         En ese momento para acabar de completar la mañana esos horribles recuerdos volvieron a mi mente. Y mis ojos se aguaron por completo.
-Joder, perdón. No... Si hubiera estado consciente no habría hecho nada. Lo juro. –empezó a balbucear el rubio.
-No.
-¿Qué...? –me respondió.
-Él me dejo. –dije secándome las lágrimas.
-Oh... Mm.. –no supo que decir.
-Si se llega a enterar de esto... Jamás me creerá. –empecé a llorar otra vez.
-No... No te entiendo. –dijo por lo bajo algo confuso.
-¡Pues claro! ¡No me conoces! ¡No sabes quién soy! Maldita sea. –le grité furiosa.
-No me grites que tengo la culpa tanto como tú. –me replico subiendo el tono.
-Perdón. –dije sin poder parar de llorar.


-¿Que se supone que tengo que hacer? –me pregunto tragando saliva.

No hay comentarios:

Publicar un comentario