Introducción:

Jess ya es toda una adolescente, tiene un montón de amigas y conoce a mucha gente seguidamente con la cual se lo pasa genial. Ella nunca ha estado interesada por los chicos. Hasta que uno con que nunca había sido muy cercana pasa a ser una de las personas mas importantes de su vida. Pero... Inesperadamente, a causa de un enorme mal entendido las cosas se tuercen y este chico se aleja de todos si dejar rastro. De golpe, un nuevo chico aparece en la vida de Jessica, una loca noche de fiesta. Ella cree que sigue queriendo a aquel primer chico pero... ¿Si él ya no esta aquí, qué le impide comenzar una nueva vida? El problema vendrá cuando su primer amor, reaparezca en un momento de los mas inoportuno.

Etiquetas

CAPÍTULO 49:

         ¿Qué pregunta es esa? No puede preguntarme eso y tratar de que le responda algo normal como si no pasará nada. Me quede sin responder a su pregunta, estaba perdida, me dolía la cabeza y los malditos recuerdos de esa estúpida noche volvían a mi cabeza todo el rato. Estaba pasando un infierno. En ese momento quería desaparecer, morirme o podrirme en lo más profundo del mar para que nadie pudiera verme o molestarme.
-Ven aquí. –dijo el rubio acercándose a mí apretándome ente sus brazos y su pecho desnudo.
         Poco a poco me calme. No sabía quién era ese chico, jamás antes lo había visto pero su abrazo me hizo sentir mucho mejor que todas las palabras de consuelo que todo el mundo me repetía constantemente. Acabamos tumbados en la cama mientras el acariciaba mi pelo sin pronunciar palabra.
-Gracias. –murmure finalmente.
-¿Mejor? –pregunto dudoso.
-Sí. –respondí secándome las lágrimas.
         Nos quedamos unos minutos sin hablar pero esta vez no fue un silencio incómodo.
-Fue justo hace una semana. –le empecé a explicar. Él no dijo nada así que continúe hablando débilmente. –Festejábamos mi cumpleaños. En casa de un amigo, el mejor amigo de mi novio... de mi exnovio.
-No hace falta que me expliques nada que no quieras. -dijo el con la voz cortada pero no le hice caso.
-Subí con su amigo a su habitación para que me diera algo con que tapar unos moratones y...-cogí aire y lo saque antes de seguir hablando.- estábamos bromeando, hablando de un chico que me hizo daño. Al parecer mí... Exnovio estaba escuchando y malinterpreto todo. Pensó que... entre nosotros había algo... Y monto un escándalo. No nos quiso escuchar y se marchó luego de insultarnos a todos. Nadie pudo hacer nada para hacerlo entrar en razón. Nadie lo ha vuelto a ver. Se esfumo simplemente. –acabé de explicar.
-No te diré que lo siento... No me malinterpretes no quiero ser un idiota pero sé que realmente eso no sirve de nada. –dijo serio.
         Tenía razón ya estaba harta de que la gente se compadeciera de mí. Solo servía para que no pueda olvidar esa maldita noche. Me lo recordaban constantemente o me miraban como si fuera un cachorro abandonado siempre. Pero no entendía. Nadie antes me había dicho algo así. ¿Por qué él? Levante la cabeza mirando confusa a esos ojos azules.
-A finales de invierno. –dijo tragando saliva. –Se...Se llamaba Kelly, era nuestro aniversario. Hacía tres meses que estábamos juntos. Quería darle una sorpresa. Me presente en su departamento a la mañana y la pille en su dormitorio con otro tío. No estaban durmiendo precisamente. No le pegué una paliza al tío porque al parecer él no estaba enterado del tema. Ella ni lo sintió. Únicamente me dijo que me marchara, mientras que al otro tío le dijo que se lo podría explicar. Le importaba más él que yo. No hice nada simplemente volví aquí y me quede encerrado, no salía, ni hablaba con nadie, no tenía ganas de nada. –dijo cerrando fuerte los ojos y apartando su mirada de mí. Lo mío sí que no tiene arreglo. El destino me j*dio y bien.
-Menuda puta. –es lo primero que salió de mi boca sin querer, aunque él empezó a reír.
-¿Algo más? –murmuró.
-No... Lo siento. –dije riéndome de mi misma.
         En ese pequeño momento de felicidad si así se lo puede llamar, recordé donde estaba. No podía quedarme aquí así que me incorpore rápidamente. Empecé a mirar a mis lados en busca de mi ropa. Pero no iba a volver con ese dichoso vestido que no se ni donde estaba. Me puse de pie, camine hacia su armario y lo abrí sin permiso. De entre las pilas de ropa saque unos pantalones de chándal negros cortos y me los puse sin preguntar tampoco. Vi mis zapatos de tacón me los puse y cuando iba a salir por la puerta únicamente con mi teléfono alguien me estiro de la mano.
-No te vayas. –me pidió el rubio.
-No me puedo quedar. ¿Dónde estamos? –pregunté apartando su mano de la mía.
-A tres calles de la discoteca. Te llevo a tu casa. Pero no te vayas ahora. –suplicó.
-Vístete. –dije apartando la mirada. –Además no voy a mi casa, mis amigas me esperan.
-Y... ¿Y si lo de anoche no fue un error? –pregunto apoyando sus dos brazos en la puerta a cada lado de mi como en las películas.
-No digas tonterías. –lo mire seriamente.
-Y... ¡El destino...! ¡Sí, por eso ella me engaño! –dijo nervioso.
-No... Luke eso paso porque tuvo que pasar y ya está. –dije suspirando era la primera vez que decía su nombre.
-¿Qué diferencia hay? –dijo el lanzando los brazos al aire.
-El destino no existe. –le respondí.
-Ponle el nombre que quieras pero no te vayas... quédate un rato. –me volvió a pedir.
-¿Por qué? –le pregunté secamente. No me quería entretener más, las chicas estarán como locas y necesitaba irme de allí y fingir que nunca nada había pasado.
         El chico miro hacia el suelo sacudiendo la cabeza de lado a lado. Se quedó ahí de pei mirándome, abrió la boca pero solo dijo un “Maldita sea”.
-Me voy. –le conteste, tenía problemas de los que ocuparme.
-¡Por nosotros! –dijo.
-¿Qué? –dije confundida con la mano en el pestillo de la puerta.
-El destino. Tú. Yo. Nosotros. –dijo rápido intentando convencerme.
-¿Eh? –dije sin aun entender eso del nuestro maldito destino.
-Por esto. –dijo.
         Se acercó rápidamente a mí y antes de que pudiera hacer nada el chico rubio de dieciocho años al que no conocía de nada me besó. Sus labios se unieron a los míos encajando perfectamente. Me quede tan sorprendida que no hice absolutamente nada para impedirlo o apartarlo. Él fue el primero en apartarse, cuando abrí mis ojos él me miraba mientras una sonrisa torcida me dejaba ver sus dientes.
-No te has apartado. –me dijo sonriente todavía muy cerca mío.
-Eh...eh...yo...-balbuceé.
         Me entro el pánico. No sabía que narices decir o hacer. No puede pensar en nada. Solo me gire abrí la puerta y salí de la habitación. Corrí por el pasillo que tenía delante cuando tropecé con algo o mejor dicho alguien que dormía en el suelo.
-¿Hum? ¡A si! Eh... ¡Aria! ¿Es Aria verdad? – me preguntó el imbécil mientras se ponía en pie y chocaba con Luke que salió repentinamente de la habitación.
         Ignore sus intentos de acertar mi nombre y seguí mi camino cuando llegué a un pequeño salón. Vi la puerta de entrada y cuando la abrí alguien me cogió para no dejarme mover.
-Lo siento. Lo siento. Lo siento. –dijo Luke cuando me soltaba y se ponía delante mío.
-Da igual. Me tengo que ir. –le dije mientras intentaba salir de la casa.
-¡No! –me gritó cogiéndome del brazo.
         En ese momento todo me recordó al día en que Jacob me cogió igual... Gracias a aquel día y a esa maldita marca todo se arruino el día que festeje mi cumpleaños. Me empecé a sentir atrapada en la misma historia cuando mis ojos se empezaron a aguar.
-Lo siento. –me dijo soltándome rápidamente. –Escúchame por favor. No quiero hacerte daño, yo no... –me dijo cuándo me aparte de él todo lo que pude. –No...Soy un imbécil. Perdón. No quería hacer eso... Quiero decir... No devi... Yo...
-¡Ariana! –de repente apareció el idiota.
-¡Jessica maldita sea! –le grite irritada.
-¡Lo sabía! –gritó antes que Luke lo empujara dentro de la casa de un empujón y cerrara la puerta para que no pudiera salir.
         En ese momento lo único que él hizo fue apoyarse con la espalda en la puerta y dejarse caer. No quise alargar más el asunto así que me di media vuelta decidida a irme.
-¡No me hagas lo mismo que te hizo él! –me gritó dejándome helada al momento.
         Esa frase me llegó al fondo de mi roto corazón. Lo que él hizo fue un error, un simple error. Todos cometíamos errores, yo cometí también uno la noche anterior. No sé si fue porque me dio pena o porque no quería hacerle el daño que Adam me hizo a mí pero no me fui. Me acerque a Luke que tenía los ojos cerrados, estaba sentado en el suelo y lo abracé. Él me devolvió el abrazó. Definitivamente creo que sentí pena por él.
-Gracias. No te enfades. –dijo finalmente.
-No. No lo aré. –le respondí separándome un poco y arrodillándome a su lado.
-Seguramente piensas que soy un idiota. –me dijo.
-Sí, un poco. Solo un poco. –dije riendo.
-Me has caído muy bien Jessica 16. ¿Cuándo te volveré a ver? –dijo bromeando mientras se aferraba a mi brazo y bostezaba.
-Vamos dentro necesitas dormir. –le dije mientras nos ponía en pie.
         Golpee varias veces la puerta y un momento después el orangután de pelo lila nos abrió la puerta. Nos dejó pasar aunque no se molestó ni en cerrar la puerta. Me parece que estaba más borracho de lo que me había parecido. Deje a Luke sentado en un sofá del salón cuando vi al orangután abrazado a la lámpara.
-Tu. –le dije sin saber que más decir. –Dúchate. Apestas.
-Cállate Sandy. Nadie te ha dado permiso para hablar. –dijo cuándo se acercó a mí me toco la nariz con su dedo índice y luego se cayó dormido en otro sillón.
-Borracho... –murmure cuando sacudía la cabeza.
-Jessica... –dijo Luke que aun despierto me miraba desde el otro sillón.
-¿Qué pasa? –dije acercándome hacia donde estaba.
-Quédate. –dijo cuándo salto y me tiro encima de él al sofá.
-No. –dije seriamente. –Ya lo hemos hablado. Me voy. –dije poniéndome en pie.
-Dame una buena razón. ¿Cuándo te volveré a ver? Responde a eso y te puedes ir. –me dijo sonriente cogiendo mi mano.
         No había pensado en volver a verlo. Pensaba que luego de esto jamás volvería a ver a este chico. No lo sabía. Luego de lo que había pasado... Es de locos. No sabía que decirle. Pero se me ocurrió una tontería. La única tontería a la que él haría caso.
-Cuando nuestro destino quiera. –le dije intentando no reírme.
-Vale. Eso sirve. –dijo sonriente mientras besaba mi mano y luego me soltaba.
-Adiós Luke. Adiós Idiota. –dije cuando salía por la puerta.
-¡Cloe! Dúchate. Apestas. –grito el orangután cuando cerré la puerta de la entrada.

CAPÍTULO 48:

Suspire y un brazo me apretó contra su cuerpo mientras escuche un murmuro adormilado de mi lado. Me gire en la cama confundida. Durmiendo a mi lado había un chico rubio. ¿Ryan? No, era diferente a él. Espera. ¿Qué narices hace un chico durmiendo en mi habitación?
-Mierda. –dije al darme cuenta que realmente no estaba en mi habitación.
 Estaba en una habitación un poco más grande de la mía estaba desordenada y en las paredes habían posters de música rock por todas partes. Tengo un dolor de cabeza insoportable. <<Joder no sé dónde estoy>> pensé.
-¿Quién eres tú? –pregunto la voz de mi derecha cuando el chico se sentó en la cama.
-Eh... yo… -no sabía que decir a aquel desconocido de ojos azules.
-¿Porque llevas puesta mi camiseta de Nirvana?
-No… no sé. –estaba desconcertada ahora también llevaba puesta su ropa.
-¿Qué hora es? ¿Qué haces en mi casa? –me empezó a preguntar montones de cosas mientras yo cada vez estaba más confundida.
-¡Para de hacerme preguntas! –grite irritada y de repente él se calló para quedarse mirándome.
-Lo siento. –se disculpó sin decir nada más.
-No recuerdo nada. –dije envolviendo mi cabeza con mis brazos y escondiéndome entre mis rodillas.
-…yo tampoco... –susurro el chico.
-Únicamente recuerdo aquella dichosa discoteca el ruido y que empecé a beber. Joder esta mierda de ser mayor de edad duele. –dije frotando mi cabeza.
-Espera. ¿Qué? –preguntó.
-Mi amiga falsifico los carnets… tengo dieciséis. –le admití.
-¿Qué tienes cuantos? –dijo mirándome de arriba abajo.
-¿Estas sordo? –dije mosqueada.
-No los aparentas. Oye… No sé quién eres. Ni que haces en mi habitación. –me dijo dudoso.
-Ya somos dos. –le dije intentando no sonar tan cortante como antes.
-Soy Luke. 18. –dijo mirándome aparte la mirada de el en cuanto me di cuenta de que solo llevaba puestos unos boxes negros. – Joder ¿Podrías al menos decirme quién eres? Te recuerdo que si los dos no nos hubiéramos emborrachado anoche no estarías aquí. –replicó molesto.
-Lo... Lo siento. No es por eso. Es que no llevas ropa. Jessica, 16. –le respondí igual a él mientras agachando la cabeza.
-Tú no estás muy distinta. –dijo riendo.
-¿Qué? –dije mirándome.
         Estaba únicamente con una camiseta que supuse que era suya y mi ropa interior debajo. Cogí la sabana para taparme un poco. Creo que estaba entrando en estado de shock, no sabía qué hacer. Estaba en la casa de un total desconocido y no recordaba nada de la noche anterior. Mierda mis amigas… Tengo que llamarlas. Si mi madre se ha enterado estará hecha una furia. Salí de mis pensamientos, mire a mi alrededor y vi mi teléfono en el suelo. Lo cogí y volví para sentarme en la cama, cuando lo desbloqueé, se me cayó de las manos debido a que alguien entro a la habitación y me asuste.  Un chico aparentemente mayor que con el pelo morado entro balbuceando algo que no logre entender. Me puse de pie nerviosa mirando al chico de ojos azules. El chico de pelo morado al percatarse de mi presencia pareció deshacerse de su reciente resaca y se quedó mirándome fijamente.
-Vaya, vaya. –dijo acercándose a mí.
         Me quede paralizada, no sabía qué hacer. Se acercó rápidamente, me cogió con su mano de la barbilla y movió mi cabeza para todos lados. Parecía que me estuviera inspeccionando pero no tuve valor de apartarlo. Acercó su cabeza hacia mi pelo y empezó a olerme como si fuera comida. Empezó a reír con una voz ronca que me dio hasta asco cuando por sorpresa se calló al suelo.
-¡Aléjate de ella! –le grito el otro chico mientras lo puso de pie con un brazo tirando se su camiseta y esta vez el rubio fue quien olio al chico de pelo morado antes de agregar. – ¡Cuantas veces te he dicho que no fumes esa mierda en casa!
-Jo*er, vamos tío déjame. –replico el otro tumbándose en la cama.
-Fuera. –dijo el rubio señalándole la puerta con el brazo.
-¿Desde cuándo os conocéis? –pregunto el chico de la cama mientras se ponía a hurgar en las cosas de mi teléfono sin permiso.
-No nos conocemos. Ahora fuera. –repitió el chico que estaba a mi lado frotando su cara con sus manos.
         En ese justo momento el chico de pelo morado ahogo una risa mientras miraba algo en mi teléfono para luego empezar a reír sin parar. Parecía un borracho, maleducado y encima subnormal.
-Dame eso. –dije sacándole mi móvil de sus asquerosas manos cuando él se puso en pie y se dirigió al otro chico.
-Me lo tenías bien escondido maricón. –le dijo aun riendo al rubio.
-¿De qué hablas? –pregunto este tan confuso como yo.
         El chico de pelo morado frunció el ceño, nos miró a los dos unas cuantas veces y luego miro a mis manos fijamente como si algo fuera obvio. Mire mis manos sin entender nada hasta que lo vi. La galería de mi teléfono estaba abierta y había fotos, muchas, demasiadas. Fotos que sobraban totalmente.
-¿Qué...? –dije perpleja, esto no podía estar pasándome a mí.
         Empecé a tranquilizarme respirando hondo una y otra vez mientras cerraba los ojos. No podía ser, esa no era yo. Habían casi unas diez fotografías en las cual salía yo. Yo, y ese tal Luke. Y para acabar de fastidiar mi tremendamente patética vida los dos salíamos besándonos, en todas y cada una de las fotografías. Madre mía esto solo me podía pasar a mí. Alce la vista y vi al rubio con una expresión confusa en su cara mientras el otro imbécil seguía riendo. Gire la pantalla de mi teléfono y se lo enseñe. El rubio pareció todavía más sorprendido que yo. Empezó a decir cosas sin sentido mientras pasaba todas las fotografías una a una. Luego soltó el móvil dejándolo caer en la cama y empezó a pasar sus manos por su pelo varias veces mientras gritaba.
-¿Jo*er y ese cabreo? .dijo el peli morado.
-Yo...no... No me acuerdo de nada. –respondió muy por lo bajo el rubio.
-¿Y anoche... vosotros dos...? Ya sabes –empezó a preguntar el de pelo morado riendo.
-¡No! –respondí yo rápidamente.
-Es menor imbécil. Cállate. –respondió el rubio frustrado.
-¿Qué qué? –dijo el imbécil riendo nuevamente mientras me miraba.
         El imbécil estallo de la risa, se acercó a mí y me abrazó pos detrás. Verdaderamente olía mal, era un olor como a quemado de lo que quiera que haya fumado y me dieron ganas de toser pero no me podía mover.
-¿Y si me la quedo? –empezó a decir imbécil mientras volvía a olerme.
-Suéltame estúpido. –le dije intentando zafarme.
-¿Cómo te llamas? –me contesto riendo mientras el rubio seguía quieto en la cama sin ni siquiera moverse. Parecía que no nos escuchara.
-Que te apartes de mi, idiota. –dije ahora haciendo fuerza para que me dejara.
-Dije que ¡Fuera! –le grito el rubio cogiéndolo fuertemente del pelo mientras lo arrastraba hasta la puerta.
-¿Verónica? –pregunto el imbécil cuando el rubio le cerró la puerta en las narices y puso el pestillo. -¿Elizabeth? –siguió preguntando. -¡Ya sé! ¡Emily!
         Ignoramos sus estupideces, me senté en la cama incomoda por todo esto cuando me acorde de las chicas y decidí llamarlas. Tenía unos casi cuarenta llamadas perdidas de todas ellas y un montón de mensajes de texto. Al segundo timbre Pixie atendió el teléfono.
<<-Jessica! Menos mal. ¿Dónde estás? Casi nos morimos, no hemos podido dormir. Te hemos llamado. ¡Chicas es Jessica! –dijo Pixie del tirón.
-Eh...Esto bien...Bueno...-dije mirando al rubio que tenía la mirada clavada en mí. -¿Habéis avisado mi madre?
-Estábamos por hacerlo son las dos de la tarde. ¿Qué te ha pasado? ¿Estás bien? –empezó a hablar otra vez.
-Gracias. Eh... Yo estoy bien. Ahora no puedo hablar... –dije.
-Jessica ¿Dónde fuiste anoche? Te perdimos -repitió ella.
-Para con las preguntas, en cuanto pueda voy. ¿Estáis todas en casa? –pregunte irritada.
-Sí. –respondió.
-Vale esperad ahí. –dije antes de colgar el teléfono.
         Deje el teléfono a mi lado y cerré los ojos para intentar pensar con claridad. La cama se movió a mi lado interrumpiendo mis pensamientos cuando vi al rubio mirándome. Aparte la mirada ya que no sabía cómo actuar ahora. Estaba en casa de alguien con un idiota y medio sin saber cómo narices llegue aquí anoche.
-Esto es tan incómodo para ti como para mí créeme. –dijo de repente riendo sarcaticamente.
-No lo creo. –dije aun sin mirarlo. -¿Tienes novia? –le pregunte.
-Eh... –dijo únicamente. –No... –dijo tragando saliva.
-¿Y cuál es tu p*to problema entonces? –dije enfadada.
-¡Que eres una maldita menor! –grito. -Si anoche llego a pasar algo... Y vas tú y lo dices...
-¡No pasó nada anoche! –le grité sacándome esa idea de la cabeza.
-Ojala estés en lo cierto. –dijo mientras maldecía por lo bajo.
-No diré nada. De todos modos no recuerdo nada. –le dije intentando calmarme.
-¿Tenias...? Ya sabes. ¿Novio? –pregunto mirándome dudoso en un tono más calmado.
         En ese momento para acabar de completar la mañana esos horribles recuerdos volvieron a mi mente. Y mis ojos se aguaron por completo.
-Joder, perdón. No... Si hubiera estado consciente no habría hecho nada. Lo juro. –empezó a balbucear el rubio.
-No.
-¿Qué...? –me respondió.
-Él me dejo. –dije secándome las lágrimas.
-Oh... Mm.. –no supo que decir.
-Si se llega a enterar de esto... Jamás me creerá. –empecé a llorar otra vez.
-No... No te entiendo. –dijo por lo bajo algo confuso.
-¡Pues claro! ¡No me conoces! ¡No sabes quién soy! Maldita sea. –le grité furiosa.
-No me grites que tengo la culpa tanto como tú. –me replico subiendo el tono.
-Perdón. –dije sin poder parar de llorar.


-¿Que se supone que tengo que hacer? –me pregunto tragando saliva.

CAPÍTULO 47:

         Han pasado seis días desde aquella horrible tarde. Desde aquel día se me han pasado las ganas de todo, penas hablo con las chicas, no es que ya no seamos amigas, pero ellas comprenden por lo que estoy pensando y me dan mi espacio, cosa que agradezco. A mis primos los veo en casa ya que casi siempre están ahí. A los chicos no los he vuelto a ver desde la semana pasada excepto de Charlie, con el cual trabajo. Él se siente creo que peor que yo por lo que paso. No hablamos del tema, ni estamos enfadados el uno con el otro pero en realidad los dos estamos con la moral baja. Y os preguntareis donde ha estado Adam en esta semana. Pues no lo sé, se ha borrado de la faz de la tierra. Ni a mí ni a Charlie nos coge el teléfono y creo que ha bloqueado todos los chats con nosotros y gente relacionada de los alrededores. Tampoco lo veo en el instinto ya que ha dejado de venir. Mi vida parece de película la verdad, y lo odio.
-Chicas veniros a casa, esta noche. –Ofreció Pixie mientras salíamos del instituto.
-No será lo mismo si no vamos todas… -dijo Kat preocupándose por mí.
         Pensé un momento, la verdad hoy no tenía ganas de deprimirme en casa como cada día sin saber hasta cuando estaré así. La primera y última vez que fuimos a su casa nos lo pasamos genial, hoy era viernes y puede que así se me pasara un poco el malestar. Esta tarde no tenía nada que hacer ya que esta semana el viernes no teníamos que ir a trabajar.

-Me apunto. Necesito despejarme. –les dije fingiendo una sonrisa.
-¿Estas segura? Jess podemos…–pregunto Betty.
-Pues claro mujer además, os he hecho carnets falsos ahora somos todas mayores de edad y esta noche….-empezó a decir Pixie animadamente interrumpiendo a Betty.
-¡Retumbo de tambores! –grito Pixie.
-Nos iremos a esa discoteca tan grande. La nueva, no recuerdo su nombre. –dijo Pixie riendo.
-¿Cómo? Estás loca no nos dejaran entrar.-rio Katia.
-Te digo yo que sí. –replico Pixie pasando una de sus manos por su nuevo teñido pelo rosa.
-Estas como una cabra. –dije cuando se me escapo una pequeña risa.
-Madre mía Jessica revive del submundo. –grito Kat agitando los brazos.

         Tal como dijimos todas no fuimos a casa y avisamos de que iríamos a dormir a casa de Pixie. Mi madre me dejo ir ya que le gustaba la idea de que saliera un poco. No tarde mucho en comer, luego dormí un poco ya que es lo único que tenía ganas de hacer. Y a las ocho nos dirigimos todas a la casa de Pixie.  Una vez allí subimos todas a las habitaciones y nos cambiamos. Katia tuvo la loca idea como de costumbre en ella, de compramos vestidos con el dinero que había ganado hace unas semanas. Y como no también nos compró zapatos para cada una de nosotras. Los vestidos todos eran diferentes, pero todos bastante cortos. Y los zapatos exageradamente altos.

-¡Estás loca! ¡El vestido aun! Pero yo no camino con esto. –rio Vanesa sentándose en la cama ya con el vestido puesto.
-Katia ha hecho bien. Es más yo la ayude. Hoy se inaugura la discoteca, y ahí nadie nos conocerá. Ya que seguimos siendo menores de edad. Pero tenemos que parecer chicas de dieciocho. –dijo Pixie muy convencida, andando con sus tacones negros.
-Estáis fatal. –dije riendo al salir del pequeño baño con mi vestido azul marino sin mangas y mis tacones a juego.
-¡Pero será una noche genial vamos! –grito Pixie abriendo la puerta de su habitación.

         Realmente era una locura. Pero poco a poco me lo estaba empezando a pasar mejor por una vez. Kevin había salido así que nos libramos de tener que darle explicaciones. Nuestras madres claramente no estaban enteradas de nada de esto. Ya eran las nueve de la noche y en unos veinte minutos estuvimos en la cola de la entrada de la gigantesca discoteca. Pixie llevaba nuestros falsos documentos mientras observábamos la cola. Si yo pensaba que mi vestido era corto era porque no había visto lo que llevaban algunas de las presentes que parecían… Bueno mejor no lo digo.  Nadie pareció darse cuenta de que no teníamos edad suficiente entre toda la gente. Había muchísima gente allí no conocía a absolutamente a nadie y estábamos nerviosas ya que era nuestra primera vez en un discoteca y la primera en falsificar nuestras edades. Poco a poco la cola avanzó y finalmente Pixie enseño los carnets a los hombres o mejor dicho gorilas de seguridad y nos dejaron entrar como si nada. Menuda seguridad la de aquí. Aquel sitio era gigantesco no, lo siguiente.  La cabina del DJ estaba al final de la enorme sala rodada de focos de colores que salían disparados a todas partes mientras la música sonaba extremadamente alta. Había escaleras que daban a un segundo piso con balcones desde donde podías ver la primera planta. Había diferentes barras, y sitios con comodísimos sofás y mesas para la gente que se cansara de bailar. Estábamos todas alucinando y fuimos a bailar con la demás gente un buen rato.

-¡Esto es una pasada! –le grite a Kat mientras bailábamos.
-Y que lo digas estoy sedienta vamos a pedir algo. –dijo Pixie cuando nos alejamos las tres hacia la barra más cercana esquivando a toda la gente.

         No sé qué narices nos dio de beber Pixie está claro que llevaba alcohol pero estaba muy bueno. Pasaron las horas Vanesa y Betty estaba perdidas entre la multitud probablemente buscando novio. Nosotras tres nos limitamos a reír, bailar y beber. Me empezó a doler la cabeza y los pies así que me aleje e ellas y me dirigí nuevamente a la barra.

-Dame algo que me quite el dolor de cabeza. –le dije al camarero, el cual asintió riendo y me sirvió algo de color lila diluido con algo que creo que era vodka.
-Disfrute de su copa señorita. –dijo sonriente el hombre.

         Aquella cosa estaba deliciosa, tenía un fuerte sabor a frutas. Me senté en la barra hasta que me la acabe y pedí otra, y otra… Cuando me acabe la tercera copa me levante y me dirigí a unos sofás donde había gente bebiendo, riendo y me senté. No sé si estaban borrachos pero empezaron a hablar con migo como si nada. Empezaron contar chistes y yo me moría de la risa con todos los demás. Me lo estaba pasando genial pero en un momento vi a una pareja joven besándose cerca de donde yo estaba y empecé a recordarlo todo. Recordé aquel horrible sábado, a Adam y todo lo demás. Las lágrimas salieron sin parar de mis ojos, volví a la barra y le dije otra vez al hombre que me diera algo que tomar. Me sirvió una copa esta vez de un color azul turquesa. Seguía llorando y me volví a aquellos sofás donde quedaba menos gente. No quería recordarlo ahora, quería olvidarme de él por un maldito momento. Me lo había venido a pasar bien y estaba llorado frente a unos desconocidos que parecían estar más borrachos que yo. Luego volví a hablar ya sin saber de qué persona provenían las preguntas. Al rato me empecé a reír otra vez. Abracé a la persona que estaba a mi lado creo que era una chica aunque no lo veía claro. Los focos en la oscuridad no ayudaban mucho tampoco. Perdí la noción del tiempo, todos los que quedábamos en los sillones nos pusimos a pasarnos nuestras bebidas hasta acabarlas todas. Cada uno pidió otra y volvimos a beber y pasar nuestra bebida a quien tuviéramos a la derecha así hasta el final. Empecé a ver borroso pero me sentía en una nube de la que no quería bajar. De repente, o luego, como he dicho perdí la noción del tiempo, me alivie al sentir los tacones fuera de mis pies. La cama era más cómoda de lo que recordaba.
-Buenas noches.-dijo alguien abrazándome.

-Buenas noches. –respondí abrazando a aquella persona. 

CAPÍTULO 46:


            Me desmorone. Dylan me cogió en brazos y se sentó con migo en el sofá mientras yo lloraba. Todos estaban en silenció las chicas poco a poco se sentaron en el otro sofá sin decir nada. Los chicos estaban en la entrada aun sorprendidos. No podía quedarme ahí como si nada, me levante y empecé a caminar hacia la puerta llorando.

-¡Adam! –grite apunto de abrir la puerta.
-Eh eh, no, ven aquí. –Austin me cogió del brazo y me alejo de la puerta. –déjalo.
-¿Quieres que lo deje? –grite alterada.
-No te escuchara ahora. –dijo Ryan frustrado y con la mirada perdía pasando las manos por su cara.

         Seguí llorando y me senté en el suelo, sin saber qué hacer. Sentía que me faltaba el aire. Siempre pensé que todo los que se dice en los libros o películas de los desamores era pura exageración. Pero ahora mismo me parecía que se quedan cortos. No podía parar de llorar, sentía un dolor profundo en mi pecho y la escena se me repetía una y otra vez en mi mente. Quería salir buscar a Adam y arreglar las cosas, pero estaba demasiado alterada para hacer nada bien.

-Ven aquí Jess. –Austin se sentó a mi lado y como si nada me llevo hacia su pecho y me abrazo intentando tranquilizarme.

         Unos minutos más tarde pare de llorar pero los sollozos seguían saliendo de mí. Las chicas se acercaron y algunas también se sentaron. Todas maldecían o se quedaban calladas como el resto.

-¿Charlie que acaba de pasar? –pregunto finalmente Ryan algo dudoso.
-Delante de Jessica no. –replicó Dylan causando que todas las miradas fueran a mí.
-Dilo. –le dije a Charlie mientras mis ojos se aguaban y me apretaba otra vez a mi primo.

         Algunos se sentaron en el suelo cerca de nosotros y otros se quedaron de pie tal cual antes. Charlie que estaba a unos metros de mí en el suelo también suspiro y paso sus manos por su negro pelo. Dejo la mirada calvada en el suelo y luego empezó a hablar.

-Estábamos en mi habitación, Jess me había pedido que le dé algo para tapar la marca que tiene en la muñeca. Me tire toda esa mierda encima sin querer y me fui a cambiar al baño. Pero salí en boxers y estábamos bromeando de algo. La tire a la cama y me puse encima de ella. No estábamos haciendo nada. Puede sonar mal, pero solo estábamos riendo y bromeando enserio. Escuche un ruido del pasillo pero no pensé que él fuer a estar ahí, como Jess parecía no haberlo escuchado tampoco no me preocupe…
-¿Y por eso se ha puesto así? –hablo por primera vez Kat que estaba entada alado de Austin.
-Hay más…-suspiro Charlie. –Estábamos hablando de como se hizo esa marca y las otras. Hablábamos de explicárselo a él. Hablamos de explicarle lo que pasó el ultimo día que Jess vino a casa. Dijimos que se pondría furioso, y que esperaríamos a otro momento, él era muy protector con ella y si le decíamos ahora lo que Jacob le había hecho se le iría lo olla. Ella me dio las gracias por ayudarla y dijo que me quería pero no en el sentido que Adam estará pensando. –finalmente Charlie apollo su frente e sus brazos y rodillas escondiendo su rostro.
-Joder…-dijo Kevin. –Cualquiera que hubiera escuchado pensaría lo mismo. –continuó sentándose finalmente en el suelo.
-¿Que paso con Jacob? –preguntó finalmente Vane.

         Todos estaban callados esperando a que alguien hablara, cuando me di cuenta que los únicos que lo sabíamos éramos Charlie y yo. El levantó la cabeza y me miro, creo que él había llorado, o lo estaba por hacer también. De cualquier manera hable yo.

-Salí del instituto. –dije empezando cuando todos se giraron para mirarme mí y no a él. –Choque con Jacob saliendo del parquin, me cogió y empezó a decirme que tenía que recompensarle porque Olivia lo había dejado por mi culpa o no sé qué. Luego llego Charlie con su coche me vio y bajo a apartarlo de mí. Me dijo que subiera al coche y luego se pusieron a pelear. Charlie dejo a Jacob retorciéndose en el suelo luego subió al coche y me trajo aquí. Nada más. –dije aclarando que había acabado de hablar.
-Que carbón –dijo Betty.
-Subnormal. –agregó Pixie.

         Charlie las miró confuso. Creo que pensaba que los insultos iba para él.

-Nos referimos a Jacob. -aclaró Pixie
         Charlie únicamente asintió y volvió esconder su cara.
-¿Que te pasó? A las otras marcas me refiero. –pregunto Kevin tragando saliva.

         Todos estaban en silenció, nadie hablaba s no era necesario. Parecían todos dolidos también de alguna manera. Puede que no hablara para hacerme sentir mejor. Aunque no servía de mucho. Sin aviso previo empecé a llorar otra vez.

-Yo lo puedo explicar. –dijo finalmente Ryan.

         Todos miraron confundidos a Ryan y creo que también me miraban a mí pero no estaba segura.

-Salimos a pasear a los perros. Y nos encontramos a Dylan. –todas las miradas se fueron a él un momento para luego volver a Ryan. –Nuestros perros se escaparon nos pusimos a buscarlos y unas idiotas les estaban pegando. Jess los vio primero pero los tíos se pusieron a pegarle a ella también.
-Luego llegamos nosotros. –continuó Dylan. –Casi mato a ostias a aquel miserable…-dijo apretando los puños contra el suelo.
-¡Joder anda ya! ¡Este me va a escuchar quiera o no! -grito Pixie de repente se puso en pie y salió por la puerta llamando a Adam aunque dudaba que siguiera por ahí.
-Mierda, ya voy yo. –dijo Ryan siguiendo a Pixie.
-¡No! Ni se te ocurra. –dijo Kevin poniéndose entre medio. –Esta cabreada más te vale no meterte en su camino si valoras mínimamente tu vida.

         Pequeñas risas salieron de los que miraban pero enseguida se fueron para volver a dejarnos a todos en silencio otra vez. Todos los recuerdos de hace unos minutos y me puse a llorar otra vez más. No entiendo porque me tiene que pasar esto a mi enserio. Al rato Pixie volvió sola, ya que no encontró a Adam en ninguna parte. Al rato todos nos fuimos a casa sin saber qué hacer.



CAPÍTULO 45:


-¡Jo*er, que susto! –dijo Charlie sorprendido.
-¡¡Cómo qué que susto, ----tacos---- no puedo creer que me agais esto vosotros dos! ¡¡¡Mi mejor amigo y mi novia!!! –grito enfurecido mientras apretaba los puños.
-No, relájate Adam, aquí no pasa nada. –intento explicar Charlie.
-¡¿No, no pasa nada?! ¿! Y la última vez que vino Jessica aquí tampoco pasó nada!? –gritó Adam.
-¡No, para Adam! ¡Fue un accidente! –le grite sentándome en la cama.
-¡Y una mier*a! ¡No me mientas z*rra! ¡¿Un accidente que de no ser que yo estoy aquí habría vuelto a pasar ahora mismo?! –grito mirándome con dureza.
-¡Eh! No le hables así, ella no tiene culpa de nada. –dijo Charlie poniéndose serio.
-Adam…Me quería obligar a…ÉL me hizo daño…Y vinimos aquí…Me quería tapar la marca…-dije enseñándole la muñeca mientras lloraba desesperada y me sacaba la capa de maquillaje de ella. –tengo mas aquí. –dije enseñándole mis morados desesperada por qué me creyera. 
-¡¡Charlie!! ¡¡Cómo te atreviste!! ¡¡Solo tiene quince años!! –rigió enfurecido cuando vio mis moratones. -¡Podrías haberle hecho muchísimo más daño! –continuó apretando la mandíbula.
-¡No él tiene culpa de nada! –grite cuando las lágrimas cania por mis mejillas.
-¡¡Una mier*a!! ¡Nadie tiene culpa de nada ahora! ¡¿Eso se llama abuso, sabes Charlie?! –grito cada vez más enfurecido.
-¡Cálmate, tu no entiendes nada! –le gritó Charlie.
-¡Llevo detrás de la puerta un buen rato! ¡No me digas que no entiendo lo que he oído traidor! –le grito. -¡Y en cuanto a ti z*rra no te quiero volver a ver en mi vida! ¡Mentirosa! –me gritó atormentándome.
-¡Para! –le grite desesperada intentando descubrir de que estaba hablando.
-¡¡La próxima vez que quieras tirarte a mi novia, por lo menos me gustaría saberlo!! –dijo mirando a Charlie de arriba a abajo que estaba en boxers aún.
-¡Adam por el amor de dios! –grité llorando.
-¡¡Cállate!! –me grito más fuerte. -¡No os quiero ver en la vida imbéciles! ¡Traidores! –grito echando humo por las orejas cuando salió de la habitación dando grandes zancadas.

         Estaba en estado de shock, no tenía ni idea de lo que estaba pasando y estaba desesperada, ya que Adam se había enfadado mucho con nosotros y no sé de donde había sacado una barbaridad semejante. Salí de la habitación corriendo detrás de él mientras Charlie soltaba tacos y se vestía.

-¡Adam no entiendes nada! –corrí bajando las escaleras detrás de él.
-¡No me mientas p*ta! –me grito cuando llego debajo mientras todos los presentes nos observaban.
-¡Por favor deja que te explique lo que ha pasado! –le pedí desesperada.
-¡¡No hay nada que explicar Jessica!! –me rugió acercándose furiosamente a mí.
-Calma tío, que está pasando. –dijo Ryan con un tono sereno interponiéndose entre Adam y yo.
-¡Que me calme y una mier*a! –dijo empujándolo hacia un lado. –Y en cuanto a ti guarra, no se te ocurra dirigirme la palabra en tu mísera vida. -me volvió a gritar Adam, provocando que llorara aún más.
-¡Ya vale Adam! –volvió a decir Ryan.
-¿Tú también del lado de los traidores? –dijo Adam en tonó de burla.
-¡Adam! ¡Escucha, no era nuestra intención! –grito Charlie bajando por las escaleras con el pantalón puesto mientras se ponía la camiseta.
-¡A ti que te den, no hablo con tigo! ¡Y tu…!-dijo dirigiéndose a mí. – ¡Porque no te acuestas con el rubio también! A no ser que lo hayas echo ya y tampoco me lo hayas contado.  ¡Se ve que te lo pasas bien tocando la guitarra con él! –me dijo mirando con asco mientras yo lloraba sin saber que más hacer.
-¡No te atrás a volver a faltarle el respeto a Jessica! –grito Austin metiéndose en medió.
-¡Tu cállate! –le gritó Adam. – ¡Que tu prima sea una p*ta no es mi culpa! –le dijo con ira antes de darle un puñetazo.
-¡Eh! ¡Vale ya! –dijo Charlie poniéndose entre ellos dos.
-¡Cállate, cuantas veces te lo voy a tener que repetir! –Grito Adam empujándolo.
-¡¡Adam!! –grite metiéndome entre medio yo esta vez. -¡Para! –le suplique.
-No… ¡Tú te lo has buscado! –me grito apartándome del medio con un simple movimiento de brazo haciendo que yo perdiera el equilibrio y casi me cayera al suelo cuando Dylan me cogió.
-¡Cálmate! –se metió Kevin esta vez arrastrándolo hacia la puerta de entrada separándolo de Charlie.

         Adam se deshizo de Kevin y nos miró a todos con un odio en los ojos que nunca antes había visto en él. Su pecho subía y bajaba con cada respiración violentamente como el de todos. Sentí un fuerte dolor en el estómago mientras mi cuerpo cedía y caía de rodillas al suelo mientras lloraba.

-¡Y tu pequeña llorica mentirosa! –se dirigió a mí. -¡Lo nuestro se ha acabado, por si no te ha quedado claro! –me gritó con odió en su mirada mientras se fue dando un portazo.
-¡Adam! –grite llorando en el suelo mientras el mundo se derrumbaba a mi alrededor.