¿Qué
pregunta es esa? No puede preguntarme eso y tratar de que le responda algo
normal como si no pasará nada. Me quede sin responder a su pregunta, estaba
perdida, me dolía la cabeza y los malditos recuerdos de esa estúpida noche
volvían a mi cabeza todo el rato. Estaba pasando un infierno. En ese momento
quería desaparecer, morirme o podrirme en lo más profundo del mar para que
nadie pudiera verme o molestarme.
-Ven aquí. –dijo el rubio acercándose
a mí apretándome ente sus brazos y su pecho desnudo.
Poco
a poco me calme. No sabía quién era ese chico, jamás antes lo había visto pero
su abrazo me hizo sentir mucho mejor que todas las palabras de consuelo que
todo el mundo me repetía constantemente. Acabamos tumbados en la cama mientras
el acariciaba mi pelo sin pronunciar palabra.
-Gracias. –murmure finalmente.
-¿Mejor? –pregunto dudoso.
-Sí. –respondí secándome las lágrimas.
Nos
quedamos unos minutos sin hablar pero esta vez no fue un silencio incómodo.
-Fue justo hace una semana. –le
empecé a explicar. Él no dijo nada así que continúe hablando débilmente.
–Festejábamos mi cumpleaños. En casa de un amigo, el mejor amigo de mi novio...
de mi exnovio.
-No hace falta que me expliques nada
que no quieras. -dijo el con la voz cortada pero no le hice caso.
-Subí con su amigo a su habitación
para que me diera algo con que tapar unos moratones y...-cogí aire y lo saque
antes de seguir hablando.- estábamos bromeando, hablando de un chico que me
hizo daño. Al parecer mí... Exnovio estaba escuchando y malinterpreto todo.
Pensó que... entre nosotros había algo... Y monto un escándalo. No nos quiso
escuchar y se marchó luego de insultarnos a todos. Nadie pudo hacer nada para
hacerlo entrar en razón. Nadie lo ha vuelto a ver. Se esfumo simplemente.
–acabé de explicar.
-No te diré que lo siento... No me
malinterpretes no quiero ser un idiota pero sé que realmente eso no sirve de
nada. –dijo serio.
Tenía
razón ya estaba harta de que la gente se compadeciera de mí. Solo servía para
que no pueda olvidar esa maldita noche. Me lo recordaban constantemente o me
miraban como si fuera un cachorro abandonado siempre. Pero no entendía. Nadie
antes me había dicho algo así. ¿Por qué él? Levante la cabeza mirando confusa a
esos ojos azules.
-A finales de invierno. –dijo
tragando saliva. –Se...Se llamaba Kelly, era nuestro aniversario. Hacía tres
meses que estábamos juntos. Quería darle una sorpresa. Me presente en su
departamento a la mañana y la pille en su dormitorio con otro tío. No estaban
durmiendo precisamente. No le pegué una paliza al tío porque al parecer él no
estaba enterado del tema. Ella ni lo sintió. Únicamente me dijo que me
marchara, mientras que al otro tío le dijo que se lo podría explicar. Le
importaba más él que yo. No hice nada simplemente volví aquí y me quede
encerrado, no salía, ni hablaba con nadie, no tenía ganas de nada. –dijo
cerrando fuerte los ojos y apartando su mirada de mí. Lo mío sí que no tiene
arreglo. El destino me j*dio y bien.
-Menuda puta. –es lo primero que
salió de mi boca sin querer, aunque él empezó a reír.
-¿Algo más? –murmuró.
-No... Lo siento. –dije riéndome de
mi misma.
En
ese pequeño momento de felicidad si así se lo puede llamar, recordé donde
estaba. No podía quedarme aquí así que me incorpore rápidamente. Empecé a mirar
a mis lados en busca de mi ropa. Pero no iba a volver con ese dichoso vestido
que no se ni donde estaba. Me puse de pie, camine hacia su armario y lo abrí
sin permiso. De entre las pilas de ropa saque unos pantalones de chándal negros
cortos y me los puse sin preguntar tampoco. Vi mis zapatos de tacón me los puse
y cuando iba a salir por la puerta únicamente con mi teléfono alguien me estiro
de la mano.
-No te vayas. –me pidió el rubio.
-No me puedo quedar. ¿Dónde estamos?
–pregunté apartando su mano de la mía.
-A tres calles de la discoteca. Te
llevo a tu casa. Pero no te vayas ahora. –suplicó.
-Vístete. –dije apartando la mirada.
–Además no voy a mi casa, mis amigas me esperan.
-Y... ¿Y si lo de anoche no fue un
error? –pregunto apoyando sus dos brazos en la puerta a cada lado de mi como en
las películas.
-No digas tonterías. –lo mire
seriamente.
-Y... ¡El destino...! ¡Sí, por eso
ella me engaño! –dijo nervioso.
-No... Luke eso paso porque tuvo que
pasar y ya está. –dije suspirando era la primera vez que decía su nombre.
-¿Qué diferencia hay? –dijo el
lanzando los brazos al aire.
-El destino no existe. –le respondí.
-Ponle el nombre que quieras pero no
te vayas... quédate un rato. –me volvió a pedir.
-¿Por qué? –le pregunté secamente. No
me quería entretener más, las chicas estarán como locas y necesitaba irme de
allí y fingir que nunca nada había pasado.
El
chico miro hacia el suelo sacudiendo la cabeza de lado a lado. Se quedó ahí de
pei mirándome, abrió la boca pero solo dijo un “Maldita sea”.
-Me voy. –le conteste, tenía
problemas de los que ocuparme.
-¡Por nosotros! –dijo.
-¿Qué? –dije confundida con la mano
en el pestillo de la puerta.
-El destino. Tú. Yo. Nosotros. –dijo
rápido intentando convencerme.
-¿Eh? –dije sin aun entender eso del
nuestro maldito destino.
-Por esto. –dijo.
Se
acercó rápidamente a mí y antes de que pudiera hacer nada el chico rubio de
dieciocho años al que no conocía de nada me besó. Sus labios se unieron a los
míos encajando perfectamente. Me quede tan sorprendida que no hice
absolutamente nada para impedirlo o apartarlo. Él fue el primero en apartarse,
cuando abrí mis ojos él me miraba mientras una sonrisa torcida me dejaba ver
sus dientes.
-No te has apartado. –me dijo
sonriente todavía muy cerca mío.
-Eh...eh...yo...-balbuceé.
Me
entro el pánico. No sabía que narices decir o hacer. No puede pensar en nada.
Solo me gire abrí la puerta y salí de la habitación. Corrí por el pasillo que tenía
delante cuando tropecé con algo o mejor dicho alguien que dormía en el suelo.
-¿Hum? ¡A si! Eh... ¡Aria! ¿Es Aria
verdad? – me preguntó el imbécil mientras se ponía en pie y chocaba con Luke
que salió repentinamente de la habitación.
Ignore
sus intentos de acertar mi nombre y seguí mi camino cuando llegué a un pequeño
salón. Vi la puerta de entrada y cuando la abrí alguien me cogió para no
dejarme mover.
-Lo siento. Lo siento. Lo siento.
–dijo Luke cuando me soltaba y se ponía delante mío.
-Da igual. Me tengo que ir. –le dije
mientras intentaba salir de la casa.
-¡No! –me gritó cogiéndome del brazo.
En
ese momento todo me recordó al día en que Jacob me cogió igual... Gracias a
aquel día y a esa maldita marca todo se arruino el día que festeje mi
cumpleaños. Me empecé a sentir atrapada en la misma historia cuando mis ojos se
empezaron a aguar.
-Lo siento. –me dijo soltándome
rápidamente. –Escúchame por favor. No quiero hacerte daño, yo no... –me dijo cuándo
me aparte de él todo lo que pude. –No...Soy un imbécil. Perdón. No quería hacer
eso... Quiero decir... No devi... Yo...
-¡Ariana! –de repente apareció el
idiota.
-¡Jessica maldita sea! –le grite
irritada.
-¡Lo sabía! –gritó antes que Luke lo
empujara dentro de la casa de un empujón y cerrara la puerta para que no
pudiera salir.
En
ese momento lo único que él hizo fue apoyarse con la espalda en la puerta y
dejarse caer. No quise alargar más el asunto así que me di media vuelta
decidida a irme.
-¡No me hagas lo mismo que te hizo
él! –me gritó dejándome helada al momento.
Esa
frase me llegó al fondo de mi roto corazón. Lo que él hizo fue un error, un
simple error. Todos cometíamos errores, yo cometí también uno la noche
anterior. No sé si fue porque me dio pena o porque no quería hacerle el daño
que Adam me hizo a mí pero no me fui. Me acerque a Luke que tenía los ojos
cerrados, estaba sentado en el suelo y lo abracé. Él me devolvió el abrazó.
Definitivamente creo que sentí pena por él.
-Gracias. No te enfades. –dijo
finalmente.
-No. No lo aré. –le respondí
separándome un poco y arrodillándome a su lado.
-Seguramente piensas que soy un
idiota. –me dijo.
-Sí, un poco. Solo un poco. –dije
riendo.
-Me has caído muy bien Jessica 16. ¿Cuándo
te volveré a ver? –dijo bromeando mientras se aferraba a mi brazo y bostezaba.
-Vamos dentro necesitas dormir. –le
dije mientras nos ponía en pie.
Golpee
varias veces la puerta y un momento después el orangután de pelo lila nos abrió
la puerta. Nos dejó pasar aunque no se molestó ni en cerrar la puerta. Me
parece que estaba más borracho de lo que me había parecido. Deje a Luke sentado
en un sofá del salón cuando vi al orangután abrazado a la lámpara.
-Tu. –le dije sin saber que más
decir. –Dúchate. Apestas.
-Cállate Sandy. Nadie te ha dado
permiso para hablar. –dijo cuándo se acercó a mí me toco la nariz con su dedo
índice y luego se cayó dormido en otro sillón.
-Borracho... –murmure cuando sacudía
la cabeza.
-Jessica... –dijo Luke que aun
despierto me miraba desde el otro sillón.
-¿Qué pasa? –dije acercándome hacia
donde estaba.
-Quédate. –dijo cuándo salto y me
tiro encima de él al sofá.
-No. –dije seriamente. –Ya lo hemos
hablado. Me voy. –dije poniéndome en pie.
-Dame una buena razón. ¿Cuándo te
volveré a ver? Responde a eso y te puedes ir. –me dijo sonriente cogiendo mi
mano.
No
había pensado en volver a verlo. Pensaba que luego de esto jamás volvería a ver
a este chico. No lo sabía. Luego de lo que había pasado... Es de locos. No
sabía que decirle. Pero se me ocurrió una tontería. La única tontería a la que
él haría caso.
-Cuando nuestro destino quiera. –le
dije intentando no reírme.
-Vale. Eso sirve. –dijo sonriente
mientras besaba mi mano y luego me soltaba.
-Adiós Luke. Adiós Idiota. –dije
cuando salía por la puerta.
-¡Cloe! Dúchate. Apestas. –grito el
orangután cuando cerré la puerta de la entrada.