“-¡Hola Ryan!
-Hola nena, ¿Qué tal?
-¿Ahora soy tu nena? -reíamos juntos hasta que
el me respondió
-Escúchame Jess, me tienes que hacer un favor.
-Claro, lo que quieras.
-Dime, ¿Te seria mucho problema venirte a mi casa
mañana? Me ha surgido un problema.
-¿En tu casa? Si claro, envíame la dirección
cuando puedas. ¿Pero ha pasado algo?
-Vale ahora te la envió. Ehh... Se podría decir
que me sería más fácil que vinieras a mi casa que si tengo que ir yo.
-¿Más fácil en tu casa? No te entiendo. -dije
riendo.
-Mañana te lo explico, tranquila.
-Está bien, hasta mañana, cuídate.
-¡No te olvides la guitarra! –dijo riendo
-Si no la llevara no tendríamos nada que hacer,
a no ser que tengas otra. –le dije bromeando.
-Tienes razón, pero solo tengo una guitarra.
-Tranquilo la llevó yo. Pero el chico que me
enseña es más importante.
-Puede, ¿Entonces te vienes a casa?
-Sí, claro, vale, te veo mañana.
-Adiós nena. -dijo riendo.”
-¿Quién
era? –dijo Adam con un tono de voz raro, creo que habría entendido mal algo
escuchando solo mis respuestas, así que se lo explique bien.
-Ryan,
un amigo, me va a dar clases de guitarra. Quedamos en que vendría a casa pero
me ha pedido que vaya a la suya por algún motivo. Te llevarías bien con él,
enserió es muy buena persona.
Adam vacilo por un momento y giro la
cara evitando mi mirada. Me incorpore un poco, y lo mire.
-¿Qué
pasa? –le pregunté.
-Nada.
–dijo todavía sin mirarme.
-Ah
vale, ya lo entiendo.
-¿El
qué? –me pregunto mirándome con cara de pocos amigos.
-Estás
celoso. –dije riendo.
-Que
va, solo pienso que es un poco joven para ser tu profesor. ¿No crees? –me dijo
-¡Y
tu como sabes la edad que tiene! –proteste.
-Lo
acabo de ver en la foto que has puesto al guardar su número. –me dijo apretando
la mandíbula.
A ver, por un lado tiene razón, es
joven, pero tiene diecisiete años igual que él, no sé de qué se queja. Pero la
foto que había puesto no me ayudaba mucho en estos momentos. Era del día que lo
conocí en la playa con las chicas. Salíamos en bañador, y él me tenía en
brazos. La foto nos la había sacado Kat, hicimos bastantes fotos ese día, y la
puse porque me pareció divertida.
-Ryan
es un amigo, no intentaría nada sin preguntarme antes. –dije indignada.
-¿Cómo
estas tan segura, acaso de te lo ha dicho? –pregunto vacilante.
-¡Adam
por favor! –dije enfadada.
-¿Qué?
–pregunto bruscamente.
-No
hay absolutamente nada entre él y yo. Es la mejor persona del mundo, nunca
haría nada así, nunca me haría nada malo, ni cualquiera de las cosas que estés
pensando. –le explique casi que en tono
de súplica pero no se dignó a contestarme.
–Vamos,
Adam, ei, no quiero que te enfades. -le dije mientras me acurrucaba encima
suyo.
-Lo
siento, es que... -no acabó la frase pero me envolvió en un abrazo.
-Está
bien, no hablemos de eso. -le pedí.
-Es
tarde. ¿Quieres ir a casa? -me preguntó.
-Vale,
sí. Estoy cansada. -Admití.
-Vamos.
-dijo mientras se ponía en pie.
-Baja
tú primero. -le pedí.
-Está
bien. -dijo mientras bajaba por la rama.
Luego, bajé yo. Adam me cogió cuando
estuvo en el tronco del árbol para ayudarme a bajar. Pero me cogió justo por el
sitio que me dolía. Hize un ruido con la garganta debido al dolor, pero apenas
se notó.
-¿Pasa
algo? -preguntó Adam que pareció darse cuenta.
-No
tranquilo. -mentí cuando recordé el mensaje de Charlie.
-Vale,
espera, bajare yo primero.
El bajo poco a poco y cuando tocó el
suelo bajé yo. Antes de poder decirle nada para que no me cogiera ya lo había
hecho. Esta vez sí que me dolió y Adam se dio cuenta.
-¿Jess
que te pasa? -me preguntó preocupado.
-Nada
vámonos. -le pedí empezando a caminar.
-Jessica
no estás bien, ¿Que te ha pasado? -me preguntó siguiéndome.
-No
es nada, tranquilo. -mentí una segunda vez.
-¿Y
porque te duele sí hago esto? -me preguntó apretando en el sitio de la espalda
que me dolía provocando que me retorciera hacia un lado.
-¡Ah!
Para. -le pedí.
-Lo
siento, Jess... ¿Me lo vas a explicar? -me preguntó mientras me miraba con esos
ojos verdes tan bonitos.
-Sí...Esto...«Piensa
Jessica, piensa» Fue mi hermano pequeño. -le dije.
-¿Cómo
te hizo tanto daño? -me preguntó con curiosidad.
-Me
tiro una piedra. -mentí una vez más.
-¿Te
duele mucho? -me preguntó sintiéndose culpable por haberme hecho daño.
-Sólo
sí me lo tocó. -le dije.
-Lo
siento... -dijo dándome un abrazo.
Apoyé la cabeza en su pecho, y me sentí
muy mal por estar mintiéndole, pero sería mucho mejor así.
-No
lo sientas. -le respondí.
-Volvimos
caminando por el mismo camino hasta casa dejando atrás aquel lugar.