Introducción:

Jess ya es toda una adolescente, tiene un montón de amigas y conoce a mucha gente seguidamente con la cual se lo pasa genial. Ella nunca ha estado interesada por los chicos. Hasta que uno con que nunca había sido muy cercana pasa a ser una de las personas mas importantes de su vida. Pero... Inesperadamente, a causa de un enorme mal entendido las cosas se tuercen y este chico se aleja de todos si dejar rastro. De golpe, un nuevo chico aparece en la vida de Jessica, una loca noche de fiesta. Ella cree que sigue queriendo a aquel primer chico pero... ¿Si él ya no esta aquí, qué le impide comenzar una nueva vida? El problema vendrá cuando su primer amor, reaparezca en un momento de los mas inoportuno.

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CAPÍTULO 30:


“-¡Hola Ryan!
-Hola nena, ¿Qué tal?
-¿Ahora soy tu nena? -reíamos juntos hasta que el me respondió
-Escúchame Jess, me tienes que hacer un favor.
-Claro, lo que quieras.
-Dime, ¿Te seria mucho problema venirte a mi casa mañana? Me ha surgido un problema.
-¿En tu casa? Si claro, envíame la dirección cuando puedas. ¿Pero ha pasado algo?
-Vale ahora te la envió. Ehh... Se podría decir que me sería más fácil que vinieras a mi casa que si tengo que ir yo.
-¿Más fácil en tu casa? No te entiendo. -dije riendo.
-Mañana te lo explico, tranquila.
-Está bien, hasta mañana, cuídate.
-¡No te olvides la guitarra! –dijo riendo
-Si no la llevara no tendríamos nada que hacer, a no ser que tengas otra. –le dije bromeando.
-Tienes razón, pero solo tengo una guitarra.
-Tranquilo la llevó yo. Pero el chico que me enseña es más importante.
-Puede, ¿Entonces te vienes a casa?
-Sí, claro, vale, te veo mañana.
-Adiós nena. -dijo riendo.”

-¿Quién era? –dijo Adam con un tono de voz raro, creo que habría entendido mal algo escuchando solo mis respuestas, así que se lo explique bien.
-Ryan, un amigo, me va a dar clases de guitarra. Quedamos en que vendría a casa pero me ha pedido que vaya a la suya por algún motivo. Te llevarías bien con él, enserió es muy buena persona.

         Adam vacilo por un momento y giro la cara evitando mi mirada. Me incorpore un poco, y lo mire.

-¿Qué pasa? –le pregunté.
-Nada. –dijo todavía sin mirarme.
-Ah vale, ya lo entiendo.
-¿El qué? –me pregunto mirándome con cara de pocos amigos.
-Estás celoso. –dije riendo.
-Que va, solo pienso que es un poco joven para ser tu profesor. ¿No crees? –me dijo
-¡Y tu como sabes la edad que tiene! –proteste.
-Lo acabo de ver en la foto que has puesto al guardar su número. –me dijo apretando la mandíbula.

         A ver, por un lado tiene razón, es joven, pero tiene diecisiete años igual que él, no sé de qué se queja. Pero la foto que había puesto no me ayudaba mucho en estos momentos. Era del día que lo conocí en la playa con las chicas. Salíamos en bañador, y él me tenía en brazos. La foto nos la había sacado Kat, hicimos bastantes fotos ese día, y la puse porque me pareció divertida.

-Ryan es un amigo, no intentaría nada sin preguntarme antes. –dije indignada.
-¿Cómo estas tan segura, acaso de te lo ha dicho? –pregunto vacilante.
-¡Adam por favor! –dije enfadada.
-¿Qué? –pregunto bruscamente.
-No hay absolutamente nada entre él y yo. Es la mejor persona del mundo, nunca haría nada así, nunca me haría nada malo, ni cualquiera de las cosas que estés pensando.  –le explique casi que en tono de súplica pero no se dignó a contestarme.
–Vamos, Adam, ei, no quiero que te enfades. -le dije mientras me acurrucaba encima suyo.
-Lo siento, es que... -no acabó la frase pero me envolvió en un abrazo.
-Está bien, no hablemos de eso. -le pedí.
-Es tarde. ¿Quieres ir a casa? -me preguntó.
-Vale, sí. Estoy cansada. -Admití.
-Vamos. -dijo mientras se ponía en pie.
-Baja tú primero. -le pedí.
-Está bien.  -dijo mientras bajaba por la rama.

      Luego, bajé yo. Adam me cogió cuando estuvo en el tronco del árbol para ayudarme a bajar. Pero me cogió justo por el sitio que me dolía. Hize un ruido con la garganta debido al dolor, pero apenas se notó. 
-¿Pasa algo? -preguntó Adam que pareció darse cuenta.

-No tranquilo. -mentí cuando recordé el mensaje de Charlie.
-Vale, espera, bajare yo primero.

         El bajo poco a poco y cuando tocó el suelo bajé yo. Antes de poder decirle nada para que no me cogiera ya lo había hecho. Esta vez sí que me dolió y Adam se dio cuenta.

-¿Jess que te pasa? -me preguntó preocupado.
-Nada vámonos. -le pedí empezando a caminar.
-Jessica no estás bien, ¿Que te ha pasado? -me preguntó siguiéndome.
-No es nada, tranquilo. -mentí una segunda vez.
-¿Y porque te duele sí hago esto? -me preguntó apretando en el sitio de la espalda que me dolía provocando que me retorciera hacia un lado.
-¡Ah! Para. -le pedí.
-Lo siento, Jess... ¿Me lo vas a explicar? -me preguntó mientras me miraba con esos ojos verdes tan bonitos.
-Sí...Esto...«Piensa Jessica, piensa» Fue mi hermano pequeño. -le dije.
-¿Cómo te hizo tanto daño? -me preguntó con curiosidad.
-Me tiro una piedra. -mentí una vez más.
-¿Te duele mucho? -me preguntó sintiéndose culpable por haberme hecho daño.
-Sólo sí me lo tocó. -le dije.
-Lo siento... -dijo dándome un abrazo.

         Apoyé la cabeza en su pecho, y me sentí muy mal por estar mintiéndole, pero sería mucho mejor así.

-No lo sientas. -le respondí.
-Volvimos caminando por el mismo camino hasta casa dejando atrás aquel lugar.

CAPÍTULO 29:


         Traspase la mata de ramas como pude e intente que no se me enchanchara ninguna en el pelo. Ahí adentro la luz de la luna iluminaba muy poco. Solo llegaba a las ramas y hojas más altas del enorme árbol. Ahora estaban tranquilas, ya que no corría esa pequeña brisa de antes. Cada vez que veía ese árbol me parecía maravilloso aunque la vez anterior. Las ramas eran muy gruesas, supongo que las más grades que he visto en mi vida. Y las ramas más finas que salían de las más gruesas estaban llenas de unas finas hojas de un color verde oliva muy claro. Eran suaves al tacto, y muy muy pero muy finas. Me encantaba ese árbol, no sé porque pero tenía algo que me maravillaba siempre que lo miraba. Este sitio era asombroso, como si estuviera viviendo mi propio cuento de hadas y también tenía lo que todos los cuentos de hadas, un príncipe azul. Que por cierto apareció justo en ese momento de entre la pared de ramas. Se acercó y se puso detrás mío me apretó a él trinado de mi cadera hacia atrás. Tuve que soportar el dolor del moratón que Jacob me había dejado ahí también, pero no le dije nada. Luego se puso a darme besos allí donde sus labios llegaban. «A este se le va la pinza» pensé mientras me aguantaba la risa.

-¿De qué te ríes? -me susurro curiosamente.
-De ti. -dije mientras me giraba y con un brinco saltaba encima suyo.

         Le rodee el torso con las piernas para no caerme y me cogí a sus hombros para asegurarme de no caer. Él me sujeto las piernas con sus manos, yo le di un beso pero tuve que interrumpirlo debido a mi risa. Las manos de Adam subieron por mis piernas demasiado para mi gusto mientras me pregunto:

-¿Y ahora que te da tanta risa? -me pregunto mirándome con ojos dulces y una sonrisa algo picara.
-Aparta tus manos de mi trasero. -le dije mientras me ponía en pie y el estallaba reír  como yo.

         Me di la vuelta y me dirigí hacia el tronco del árbol.  La corteza era extremadamente dura y gruesa. Tenía macas en forma de espiral, por todo el tronco. Quería subir por ese árbol, por el simple hecho de subir. No tenía una razón específica, lo quería hacer y ya está. Me quede observando el tronco buscando  Alguna abertura, o sitio en el que poder cogerme para subir.

-¿Pero qué haces sobando al árbol Jessica? -me pregunto Adam ahogando una risa.
-Voy a subir. -le dije mientras empezaba a escalarlo poco a poco.

         Subí unos dos metros y luego baje la mirada para preguntarle a Adam si subía con migo. Él estaba abajo mío y me contemplaba mientras reprimía una sonrisa mordiéndose el labio inferior. En ese momento me di cuenta de a donde se dirigía su mirada. «Otra vez» pensé.

-¿Porque ahora tienes tal obsesión por mi trasero? -pregunte algo malhumorada.
-No hay ninguna obsesión. -me responde riendo mientras se cogía al árbol para subir y reía de mi pregunta.

         Llegue a la parte de arriba de donde salían las ramas más gruesas y me pude poner de pie perfectamente. Como el tronco del árbol era muy grueso, la parte de ahí arriba también lo era. Entraban muchas personas allí, a lo mejor incluso una diez. Un par de segundos después Adam ya había subido también. Todavía había un montón de hojas y ramas encima de nosotros.
-Subamos un poco más. -le pedí mientras me cogía a una de las ramas más gordas que tendría unos tres metros de diámetro. 

-Como usted desee mi señora. -dijo en un tono agradable y gracioso.

         Seguí subiendo por aquella rama ligeramente inclinada hacia un lado. Hasta que vi unos metros más arriba una parte donde llegaba la luz de la luna.

-¡Adam, mira, ven! -le dije mientras subía hacia allí.

         Al llegar ahí me senté en la gruesa rama y mire hacia arriba. El cielo negro estaba totalmente cubierto de estrellas. Adam me siguió, se acomodó y se tumbó a mi lado. Me acurruque a su lado mientras mirábamos hacia arriba. Hoy el cielo estaba lleno de estrellas, eran como las luciérnagas volando, pero en vez de doradas esta vez plateadas.

-¡Bonito eh! -dijo Adam.
-Mucho. -dije enredando mi mano a la suya.
-Jess... -dijo Adam antes de que le interrumpiera el sonido de mi móvil.

         Me saque el móvil del bolsillo del pantalón y mire de quienes eran los mensajes. Eran los dos de Charlie.

  •    Oye Jess, tenemos que hablar de lo del otro día. No le digas nada a nadie, por si un caso.

         Se refería al incidente con Jacob, y la verdad sería mejor si nadie se metía en ese asunto. Por esa misma razón me llevaba maquillando la magulladura de la muñeca para que nadie me preguntara y se preocupara.

   Ø   Sí, yo pienso lo mismo, ya hablaremos.

-¿Que paso el otro día? -me pregunto Adam.

         «Dios, se me había olvidado que él también estaba leyendo los mensajes» -pensé.

-Nada una tontería. -mentí intentando que se lo creyera.

         Antes de que pudiera contestarme nada, me sonó el móvil, pero esta vez era una llamada de Ryan.


CAPÍTULO 28:


         Nos pasamos un largo rato observando a aquellas pequeñas lucecitas doradas con vida propia. Era genial, estábamos totalmente rodeados de miles de aquellas luciérnagas. Se movían en grupos diferentes, unos iban más rápido, otros más lentos y daban vueltas en círculo mientras ascendían y descendían en el aire. Iluminaban la oscuridad de la noche, era maravilloso, al fin y al cabo había valido la pena tener que caminar tanto para poder verlas. Al darnos cuenta de que llevábamos mucho rato ahí decidimos volver. Pero cada dos por tres sentía la necesidad de mirar hacia atrás para observar una vez más aquellas lucecitas que se alejaban.

-Tranquila, ya volveremos algún día. -dijo el poniendo su brazo por encima de mi hombro.
-¿Y si no están? -le pregunte abrazándolo mientras caminábamos.
-Pues en ese caso las buscaremos. -dijo antes de darme un beso.

         Era feliz estando con Adam, era como si fuera la última pieza que faltaba en un puzle para completar mi vida. Me divertía junto a él, era como si... No sé es una sensación muy extraña, no entendía lo que circulaba por mi cerebro cuando estaba cerca de él. Bueno, aunque tengo una teoría; Estoy completamente enamorada de él. Sí, eso es, nunca antes había estado tan enamorada de alguien como de Adam, ni de cómo me miraban sus ojos, ni de esa sonrisa perfecta que tanto me encantaba. Seguimos caminando en silencio por aquel oscuro bosque. Me costaba ver aunque mis ojos se habían acostumbrado a la oscuridad ya hacía rato.

-Adam…
-¿Qué pasa? –me pregunto.
-Creo que…Nos hemos perdido. –dije mirando a nuestro alrededor.
-No, hemos venido caminando por aquí antes. –me responde mientras para de caminar y mira nuestro alrededor.
-Yo diría que no, aunque tampoco me he fijado mucho de por dónde iba. –le dije.
-Si te soy sincero, yo tampoco. –me respondió.
-Espera. ¿No estamos yendo en dirección contraria? –le preguntó.
-¿Por qué lo dices? –me pregunta.
-¿Recuerdas los arbustos que tuvimos que rodear para venir? Creo que nos hemos ido en dirección contraria. –le dije
-Volvamos. Creo que tienes razón. –me respondió.

         Cambiamos de dirección, y volvimos caminando a de donde habíamos venido. Al cabo de poco encontramos el tronco de las luciérnagas, pero ahora habían menos, estaban dispersadas y la mayor parte de ellas escondidas o en lo alto de los árboles.
-Menos más que hemos vuelto. -dijo Adam al ver que en realidad si habíamos vuelto por un camino que no era el correcto.

-Sí, ven creo que es por aquí. –dije mientras pasaba por detrás de los arbustos gigantes.
-¿Esta bien, y ahora por dónde? –pregunto mientras me seguía.
-Ni idea creo que hemos venido por aquí, todo recto. –le dije yo.
-Jess, fíjate. –me dijo. –En el suelo, ¿Son nuestras huellas no? –pregunto luego.
-Sí, creo que sí, vamos. -le dije.

         Seguimos poco a poco nuestras huellas intentando volver al lago. Nos detuvimos un par de veces por el camino para descansar. El camino de regreso se me hizo eterno, llevábamos casi media hora caminando. Y el camino de ida mientras perseguíamos a esos bichos se me había hecho muy corto. Pesaba que como mucho serían unos diez minutos. Pero sumando los minutos del camino por el que nos habíamos desviado llevábamos casi unos cuarenta minutos caminando.  Pero luego del último descanso llegamos rápido. Comenzamos a oír el ruido de la cascada, y poco a poco nos fuimos acercando. Menos mal ya habíamos llegado. Era un alivio saber dónde estábamos. Avanzamos los dos en silencio uno al lado le otro. Pero yo me detuve un momento sin decir nada y mire hacia el interior del bosque. ¿Habría sido coincidencia ver a esos bichos? ¿Me estaría haciendo preguntas a mí misma por querer volver a ver a esas pequeñas lucecitas? Creo que me sentía algo triste por si no las lográbamos volver a ver. Estaba tan metida de lleno en mis pensamientos que no me di cuenta de que Adam había retrocedido y estaba detrás mío. Me abrazaba cariñosamente mientras nos movíamos ligeramente de un lado a otro.

-Volveremos, -me dijo antes de darme un beso en la mejilla. -Te lo prometo.
-Vale -Me libere de entre sus brazos y me gire para poder mirarlo. -Ven, quiero intentar una cosa. -le dije antes de cruzar la pared de ramas hacia el interior del árbol.