Traspase la mata de ramas como pude e
intente que no se me enchanchara ninguna en el pelo. Ahí adentro la luz de la
luna iluminaba muy poco. Solo llegaba a las ramas y hojas más altas del enorme
árbol. Ahora estaban tranquilas, ya que no corría esa pequeña brisa de antes.
Cada vez que veía ese árbol me parecía maravilloso aunque la vez anterior. Las
ramas eran muy gruesas, supongo que las más grades que he visto en mi vida. Y
las ramas más finas que salían de las más gruesas estaban llenas de unas finas
hojas de un color verde oliva muy claro. Eran suaves al tacto, y muy muy pero
muy finas. Me encantaba ese árbol, no sé porque pero tenía algo que me
maravillaba siempre que lo miraba. Este sitio era asombroso, como si estuviera
viviendo mi propio cuento de hadas y también tenía lo que todos los cuentos de
hadas, un príncipe azul. Que por cierto apareció justo en ese momento de entre
la pared de ramas. Se acercó y se puso detrás mío me apretó a él trinado de mi
cadera hacia atrás. Tuve que soportar el dolor del moratón que Jacob me había
dejado ahí también, pero no le dije nada. Luego se puso a darme besos allí
donde sus labios llegaban. «A este se le va la pinza» pensé mientras me
aguantaba la risa.
-¿De
qué te ríes? -me susurro curiosamente.
-De
ti. -dije mientras me giraba y con un brinco saltaba encima suyo.
Le rodee el torso con las piernas para
no caerme y me cogí a sus hombros para asegurarme de no caer. Él me sujeto las
piernas con sus manos, yo le di un beso pero tuve que interrumpirlo debido a mi
risa. Las manos de Adam subieron por mis piernas demasiado para mi gusto
mientras me pregunto:
-¿Y
ahora que te da tanta risa? -me pregunto mirándome con ojos dulces y una
sonrisa algo picara.
-Aparta
tus manos de mi trasero. -le dije mientras me ponía en pie y el estallaba
reír como yo.
Me di la vuelta y me dirigí hacia el
tronco del árbol. La corteza era
extremadamente dura y gruesa. Tenía macas en forma de espiral, por todo el
tronco. Quería subir por ese árbol, por el simple hecho de subir. No tenía una
razón específica, lo quería hacer y ya está. Me quede observando el tronco
buscando Alguna abertura, o sitio en el
que poder cogerme para subir.
-¿Pero
qué haces sobando al árbol Jessica? -me pregunto Adam ahogando una risa.
-Voy
a subir. -le dije mientras empezaba a escalarlo poco a poco.
Subí unos dos metros y luego baje la
mirada para preguntarle a Adam si subía con migo. Él estaba abajo mío y me
contemplaba mientras reprimía una sonrisa mordiéndose el labio inferior. En ese
momento me di cuenta de a donde se dirigía su mirada. «Otra vez» pensé.
-¿Porque
ahora tienes tal obsesión por mi trasero? -pregunte algo malhumorada.
-No
hay ninguna obsesión. -me responde riendo mientras se cogía al árbol para subir
y reía de mi pregunta.
Llegue
a la parte de arriba de donde salían las ramas más gruesas y me pude poner de
pie perfectamente. Como el tronco del árbol era muy grueso, la parte de ahí
arriba también lo era. Entraban muchas personas allí, a lo mejor incluso una
diez. Un par de segundos después Adam ya había subido también. Todavía había un
montón de hojas y ramas encima de nosotros.
-Subamos
un poco más. -le pedí mientras me cogía a una de las ramas más gordas que
tendría unos tres metros de diámetro.
-Como
usted desee mi señora. -dijo en un tono agradable y gracioso.
Seguí subiendo por aquella rama
ligeramente inclinada hacia un lado. Hasta que vi unos metros más arriba una
parte donde llegaba la luz de la luna.
-¡Adam,
mira, ven! -le dije mientras subía hacia allí.
Al llegar ahí me senté en la gruesa
rama y mire hacia arriba. El cielo negro estaba totalmente cubierto de
estrellas. Adam me siguió, se acomodó y se tumbó a mi lado. Me acurruque a su
lado mientras mirábamos hacia arriba. Hoy el cielo estaba lleno de estrellas,
eran como las luciérnagas volando, pero en vez de doradas esta vez plateadas.
-¡Bonito
eh! -dijo Adam.
-Mucho.
-dije enredando mi mano a la suya.
-Jess...
-dijo Adam antes de que le interrumpiera el sonido de mi móvil.
Me saque el móvil del bolsillo del
pantalón y mire de quienes eran los mensajes. Eran los dos de Charlie.
- Oye Jess, tenemos que hablar de lo del otro día. No le digas nada a nadie, por si un caso.
Se refería al incidente con Jacob, y la
verdad sería mejor si nadie se metía en ese asunto. Por esa misma razón me
llevaba maquillando la magulladura de la muñeca para que nadie me preguntara y
se preocupara.
Ø Sí, yo pienso lo mismo, ya hablaremos.
-¿Que
paso el otro día? -me pregunto Adam.
«Dios, se me había olvidado que él
también estaba leyendo los mensajes» -pensé.
-Nada
una tontería. -mentí intentando que se lo creyera.
Antes de que pudiera contestarme nada,
me sonó el móvil, pero esta vez era una llamada de Ryan.
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