Introducción:

Jess ya es toda una adolescente, tiene un montón de amigas y conoce a mucha gente seguidamente con la cual se lo pasa genial. Ella nunca ha estado interesada por los chicos. Hasta que uno con que nunca había sido muy cercana pasa a ser una de las personas mas importantes de su vida. Pero... Inesperadamente, a causa de un enorme mal entendido las cosas se tuercen y este chico se aleja de todos si dejar rastro. De golpe, un nuevo chico aparece en la vida de Jessica, una loca noche de fiesta. Ella cree que sigue queriendo a aquel primer chico pero... ¿Si él ya no esta aquí, qué le impide comenzar una nueva vida? El problema vendrá cuando su primer amor, reaparezca en un momento de los mas inoportuno.

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CAPÍTULO 36:


         La tranquilidad me invadía agradablemente, cuando me moví un poco y desperté.  Estaba en la camilla del hospital, era una sala bastante pequeña, todos en general era de color blanco o gris, como en todos los hospitales. En la sala había un pequeño sillón donde estaban mi madre y Luke. A mi lado estaba la enfermera.

-¿Cómo te encuentras? –me preguntó.
-Bien, pero me duele.
-Mi madre sonrió cuando la enfermera me quito la jeringuilla que tenía en el brazo por el que seguramente me daban antibióticos o algo por el estilo.
-Mama. ¿Dónde están Ryan y Dylan? –pregunté.
-Ryan ha llamado a su padre para llevar a los perros al veterinario, y Dylan los ha acompañado.
-Está bien. ¿Podemos ir a casa? Pregunte mirando a mi madre y a la enfermera.
-Enseguida, ahora vendrá el doctor, te ara unas pruebas y luego os podréis ir. –me explico ella con un tono de voz amable.
-Vale -respondí tumbándome otra vez.

         La enfermera se fue, y unos minutos después apareció un hombre de unos treinta y cinco años, por la puerta. Me dijo que pusiera de pie y que hiciera unos movimientos para asegurarse de que todo estaba en su sitio. Nos dio la receta, para que me tome unas pastillas.

-Una pastilla al día. ¿De acuerdo Jessica? –me dijo el hombre.
-Sí, está bien. ¿A cualquier hora? –le pregunté.
-Sí, te recomiendo que lo hagas cada día a la misma hora, para no olvidarte, o pon una alarma en el móvil.
-Sí, está bien. –le dije.
-Podrías tomártela a la mañana, así si te olvidas la puedes tomar más tarde. –dijo mi madre.
-Esa también es una opción. –dijo el doctor finalmente.

         No tardamos mucho en encontrar la salida, y nos fuimos caminando a casa. Al legar eran las ocho de las tarde, me tumbé en el sofá y me tape con una mata para ver la tele. Media hora luego sonó el timbre de la entrada, y mi madre me dijo que sería el padre de Ryan. Entonces me levante,  me asome a la puerta. Eran Ryan, su padre y Dylan, Richard llevaba un maletín donde se suele meter a los animales para llevarlos al veterinario, y en un momento me asuste. Mi madre les dijo que pasaran y volvimos al salón. Yo me senté con los chicos en el sofá mientras nuestros padres abrían el maletín. Fin salió cojeando de él, tenía una venda en la pata posterior, pero no parecía estar grave.

-Tranquila no tiene nada roto, en unos días se curara, solo necesita reposar. –me dijo el padre de Ryan.
-Menos mal, si le llega a pasar algo… -dije yo
-Ya está, ya ha pasado, dejemos el tema. ¿Tú que tal estas? –pregunto Ryan
-Bien, algo dolorida pero bien. –le conteste.
-Todavía no sé porque narices no le partí la cara a aquel… -dijo Dylan pero Ryan lo interrumpió.
-Por qué no te rebajarías a su nivel. –le recordó Ryan.
-Sí, supongo que sí. –dijo Dylan con aire apagado.
-Tranquilo Dylan, pero gracias de todos modos. –le dije.
-Está bien, chicos, quedaros a cenar, es lo mínimo que puedo hacer. –dijo mi madre.




CAPÍTULO 35:


         Ryan y yo nos miramos preocupados, luego miramos a nuestro alrededor y empezamos a llamar a nuestros perros. Habían desaparecido, no había ni rastro de ellos. Nos separamos cada uno por un lado diferente para ir más rápido y nos pusimos a buscar. Yo seguí por el camino durante unos minutos hasta que oí a un perro emitir un chillido.  No era un perro cualquiera, era Fin, lo podría haber reconocido en cualquier lugar. Seguí el sonido saliéndome del camino, y después de rodear unos árboles los encontré. Pero  desafortunadamente no estaban solos. Estaban con un grupo de cinco chicos que me dieron mala espina. Vestían ropas de calle con agujeros, tejanos gastados en su mayoría, pírsines y tatuajes en los brazos y cuello. Para mejorar el asunto no es que estuvieran jugando con los perros precisamente. Dos de ellos estaban pegando a mi perro con un palo de algún árbol. Entre golpe y golpe Fin intentaba escapar corriendo pero cojeaba y lo alcanzaban fácilmente. Y en cuanto a Dressy, los otros tres chicos le pegaban también con palos aunque esta se defendía algo mejor y nos recibía tantos golpes. Me acerqué gritando barbaridades al chico que estaba pegando a mi perro.

-Apártate ahora mismo de mi pero pedazo de (********…) –le solté súper enfadada.
-¿Tu quién (****) te crees? –me grito el chico de su lado.
-Suelta a los perros ahora mismo o te juro que…-les chille, pero no pude acabar la frase por         que el chico del palo me pego con el palo en el estómago.
-¿O que niñita? ¿Qué me vas a hacer? –me vacilo.

         Me incorpore, apretando las mandíbulas, habían dejado de pegar a los perros, y ahora los cinco chicos me rodeaban desafiantes. Los perros ladraban mientras mordían a unos cuantos de ellos, pero luego de recibir varios golpes de uno de ellos se alejaron mientras ladraban doloridos. Trague saliva y rápidamente le pegue una patada a el que me había pegado. Él se retorció de dolor, y de repente sentí un tremendo dolor en la espalda. Caí al suelo de rodillas chillando, cuando recibí una patada en las costillas de otro chico y me retorcí de dolor en el suelo.  Me dolía muchísimo, se me nublo la vista y apeas pude distinguir el suelo verde de las personas que me rodeaban. Tampoco podía oír nada bien, escuchaba sus voces, me estarían insultando seguramente, pero no sabía lo que decían con claridad. Se me caían las lágrimas, sentía un dolor muy intenso por todas partes. Sentí que me tocaban, no sé si me estaban golpeando o intentando mover, estaba muy desorientada como para darme cuenta. Vi que el chico que me había pegado primero, se acercaba a mí luego de haberse levantado, cerré los ojos y me mentalicé para intentar aguantar el próximo golpe. Pero no pasó nada. Volví a abrir los ojos y vi una gran sombra negra encima del chico que se acercaba a mí. Aquella cosa negra, de definió mejor en mis ojos, y lo pude ver bien, era un perro. El chico estaba en el suelo, y el perro le había mordido todo el brazo haciendo que sangre mientras que lo cogido del cuello con la boca. Los demás se fueron corriendo y dejaron al chico en el suelo sin poder defenderse. 

-¡Jessica! –oí alguien que gritaba mi nombre, era la voz de Dylan.

         De mi boca solo salió un ruido ahogado debido al dolor, mientras me seguía retorciendo en la hierba. Enseguida se agacho y me pregunto si estaba bien, que me pasaba, etc. Le dijo algo al perro, que enseguida obedeció, soltó al chico dejándolo en el suelo, y acudió a nuestro lado. Un momento después apareció Ryan y se arrodillo también a nuestro lado.

-¿Te han pegado él? –me pregunto Dylan con una cara que derramaba odio por todas partes.
-Sí, y habían otros. –dije como pude mientras intentaba controlar mi respiración en el suelo.

         Dylan se puso de pie de un saltó, y con grandes zancadas se acercó al chico. Lo cogió de la camiseta y lo arrastro hasta el pie de un árbol. Lo puso en pie, lo cogió del cuello aplastándolo contra el árbol y lo elevo hasta dejarlo a la misma altura que la de sus ojos.

-¿Qué narices le haz echo? –le gruño enfadado. –Te juro por todo lo que quiero en este universo, que como te vuelva a ver cerca de ella, seré yo el que personalmente que arranque la cabeza del asqueroso cuerpo que tienes, ¿Te queda claro? –Le grito
-Por favor. –dijo el chico casi sin aliento.
-¡Te he preguntado si te ha quedado claro! –le volvió a chillar Dylan aún más cabreado.
-Si…Suéltame…No respiro... –le suplico el chico poniéndose de un color morado.
-¡Dylan! ¡Déjalo no te rebajes a su nivel, vamos! –le grito Ryan que estaba a mi lado.

         Al oírlo, Dylan, lo soltó bruscamente con un solo movimiento tirándolo al suelo y se volvió hacia donde nosotros estábamos.

-¿Que te duele? –me pregunto Dylan.
-Todo. -respondí intentando incorporarme. -¡Ahh! ¡Que dolor! -chille mientas se me salían las lágrimas.
-Cógela, yo llevo a los perros. –dijo Ryan. –Hay que llevarla al médico.
-Está bien, Jess puede que te duela un poco. –dijo antes de cogerme en brazos y efectivamente, un dolor agudo se apodero de mi espala.
-Tengo el coche aquí mismo, aguanta un poco. –me dijo mientras caminaba y yo cerré los ojos con fuerza.
-¡Maldita sea...! Dylan tendremos que llevar a los perros al veterinario, están fatal. -escuché decir a Ryan.
-Está bien, súbelos al coche también no podemos dejarlos aquí. –escuche otra voz que sería la de Dylan.

         Llegamos al hospital, me tumbaron en una camilla y seguramente me inyectaron algo para que descanse, porque me quede dormida. 

CAPÍTULO 34:


         Ryan y yo nos miramos el uno al otro sin entender nada. Mi hermanito también observaba con curiosidad, hasta el pequeño Beagle no tenía absolutamente ni idea de lo que pasaba.

-¡No me lo creo! ¡¿Cuantos años han pasado desde que nos vimos por última vez?! -Exclamo mi madre.
-Muchísimos, unos veinte casi diría yo. -dijo Richard.
-Tienes razón. ¿Y has estado aquí todo este tiempo? -pregunto mi madre.
-Desde que nos graduamos. -respondió el.

         Ryan dejo salir un ruido sordo que provenía del interior de su garganta.

-¡A sí! Perrie, este es Ryan mi hijo. -añadió.
-Te pareces mucho a tu padre cuando tenía tu edad. -dijo mi madre saludándolo.

         Ryan sonrió y miro a su padre, el cual me miro a mí y añadió:

-Nos conocimos de pequeños, fuimos al mismo instituto, y nos graduamos juntos.
-Hola yo soy Luke.- dijo mi hermano con una voz algo aguda mirando al padre de Ryan.
-Hola, tú debes ser el hermano de Jessica ¿no? –le contesto sonriendo.
-Sí. ¿Y tú quién eres? –pregunto en un tono seco refiriéndose a Ryan mientras lo observaba.
-¡Luke! No hables así. –le riño mi madre.
-Ven Luke. -le dije. -Trae a Fin.
-Perrie, entra, ¿Qué os parece si hacemos unas hamburguesas a la barbacoa? –propuso Richard.
-¡Esta bien te ayudare! ¡Cómo en los viejos tiempos! –dijo mi madre entusiasmada.
-Nosotros vamos fuera.-dijo Ryan.
-Está bien. –contesto su padre dirigiéndose a la cocina junto a la mía.

         Luke cogió como pudo a el perro y nos siguió atravesando el salón, y saliendo al porche. Cuando salimos cogí a Fin, y le solté la correa para que fuera con la perra de Ryan. Luke se puso a jugar con los dos perros mientras Ryan y yo hablábamos en el porche. Un rato después de que nuestros padres pusieran las hamburguesas en la barbacoa del patio, comimos todos juntos dentro de la casa. Mi madre no paró de hablar de anécdotas de cuando iba al instituto con el padre de Ryan. Se reían a carcajadas juntos,  parecían dos adolescentes. Ryan y yo, nos mirábamos mientras nos reíamos de ellos. Pasó alrededor de una hora hasta que mi madre nos propuso a Ryan y a mí que seguramente parecíamos muy aburridos, que sacáramos a pasear a los perros.

-¿Podrás caminar? -le pregunte a Ryan algo reocupada por su pierna.
-Hum…Bueno, sí supongo. Mientras no fuerce la pierna. –dijo encogiéndose de hombros.
-Vale, vamos. –respondí yo.

         -Nos pusimos en pie, les pusimos las correas a los perros y salimos por la puerta principal, hacia la calle.

-¿Te apetece ir algún lado en concreto? –pregunto Ryan por curiosidad.
-Podríamos ir al parque ese que hay por ahí cerca de mi casa. –le propuse.
-¿Te refieres al que en otoño tiene los arboles naranjas? –preguntó él.
-Sí, vamos está cerca de aquí. –dije sonriendo.
-Vale, te sigo. –respondió Ryan.

         Caminamos a poco a poco por el mismo camino por el que había venido esta mañana hasta llegar a una de las entradas del parque. Le pregunte a Ryan si estaba bien, porque me preocupaba verlo con esa cosa en el pie. Pero él me dijo que me quedara tranquila que se encontraba muy bien.  Luego seguimos andando por el sendero del parque hasta llegar a un banco del centro del parque para descansar.  Estábamos en una zona del parque muy parecida a en la que estuve hace unos días con Fin.  Soltamos a los perros, como algo de costumbre y nosotros nos pusimos a hablar. Unos minutos más tarde de hablar tonterías, le propuse una cosa;

-¿Ryan, hay una cafetería en el centro del parque, que te parece si cogemos unos refrescos? –le pregunte.
-Vale, sí, tengo sed. –me contesto el mientras se ponía en pie.
-¡Mira por donde! –Dijo una voz que procedía de alguien que estaba unos pocos metros de nosotros.

         Mire hacia donde venía la voz y reconocí a la persona que lo había dicho. Era Dylan, el chico que estuvo con Andy y Ryan en día de la playa. Llevaba una camiseta gris de manga corta con unas letras bordadas en negro. Y unos pantalones tejanos por encima de la rodilla, unas bambas urbanas, y en la mano una correa roja. Detrás de él, había un perro grande y negro, que lo seguía mientras nos observaba.

-¡Dylan! Hace mucho que no nos veíamos. –le dije mientras me ponía en pie y me acercaba para saludarlo.
-Sí, la verdad es que sí. –dijo sonriente. -¿Y qué tal va el cojo? –pregunto.
-Pues mira, aquí, con los perros. –le contesto riendo.

         Dylan, miro nuestras correas, miro nuestro alrededor rápido con cara extraña y luego añadió:

-¿Estáis seguros de que habéis venido con los perros? -nos preguntó.
-Sí, mira están justo…Oh oh…


CAPÍTULO 33:


 -Hola ¿Qué tal? -dije yendo hasta donde él estaba.

         Abrió un poco más la puerta principal y lo pude ver bien. Llevaba una camiseta de tirantes negra y unos pantalones por encima de la rodilla de color granate. Pero solo llevaba una bamba de color negro puesta en el pie derecho. En el izquierdo llevaba una bota llena de velcros de color negro. 

-Yo bien, pero tú no tanto... ¿Qué te ha pasado? -dije mirándole la pierna.
-Una ligera fractura. -dijo mientras me daba un abrazo.
-Ahora sé por qué no podías venirte a mi casa. -dije sonriendo.
-Buenas, mira por dónde. Hacía tiempo que no veía una presencia femenina por aquí.-dijo un hombre bastante joven de ojos claros.
-Jess, te presento a mi padre, papá, esta es Jessica. -dijo Ryan separándose de mi un poco.
-Encantada. -dije sonriendo.
-Sabes, si tuvierais un hijo sería interesante. -dijo el padre de Ryan de repente haciéndome reír.
-Esto...Papá, yo y Jessica no... -Ryan no acabo la frase.
-¿Qué? -pregunto su padre tranquilamente con curiosidad.
-Que no somos novios. -conteste riendo provocando que ría el también.

         Me caía bien, no era un padre muy normal que se diga. Me hacía recordar a mi madre. Creo que también era el tipo de hombre que luego de tener un hijo no había madurado lo suficiente aún. Pero por alguna razón me hacía reír.
-Hum... En ese caso...Bueno, yo a lo mío. -dijo el padre de Ryan antes de irse a alguna parte caminando.
-Pues eso, ven tenemos cosas que hacer. -me dijo Ryan cerrando la puerta y guiándome por un pasillo.
-No hagáis mucho ruido, ni destrocéis nada si es posible. -dijo su padre riendo.
-¿¡Que narices...!? -empezó a decir Ryan antes de que lo interrumpa.
-¡Solo música! -grite riendo para que lo oyera allí donde se halla metido.
-No le hagas caso se le va la olla. -me susurro Ryan mientras abría una puerta se madera doble al final del pasillo.

         Las puertas de madera daban a una terraza con sofás de colores beis con una mesita y unas cuantas tumbonas a juego.

-Porque no conoces a mi madre, apuesto lo que sea a que mi madre puede llegar a ser peor. -dije riendo.
-Lo dudo,  pero no lo discutamos. -dijo el sentándose en un sofá colocando la pierna lesionada encima de la pequeña mesa.
-Sí, mejor. -dije sentándome a su lado.
-Jess, hazme un favor. ¿Quieres? Pásame mi guitarra. -me pidió señalando al otro sofá.
-Me puse en pie, la fui a coger y me di cuenta de una cosa;
-Es la misma que la mía -dijimos a la vez.
-Me gire confundida para mirarlo y el pareció algo confundido también. Ryan había sacado mi guitarra, y la tenía en sus manos como yo la suya. La de Ryan era de una tonalidad casi negra y la mía de un color muy claro, pero por todo lo demás eran exactamente iguales.
-Telepatía. -dijo el observando mi guitarra.
-Sí, ¿Te gusta? -pregunte mientras el miraba la guitarra de arriba abajo.
-Mucho, esto... ¿De dónde la has comprado? Nunca he visto una de estas de este color. -dijo observándola.
-Si te digo la verdad no lo sé. Me la regalaron para mi cumpleaños. -dije sentándome en el mismo sofá que Ryan.
-Es de las buenas. -dijo mientras me la daba y yo le pasaba la suya.
-¿Has tocado alguna vez? -me pregunto.
-Se lo básico. -dije afinando la guitarra.
-Está bien, tengo una idea. –contestó.

         El tocaba algo y yo lo repetía. Empezamos con cosas fáciles, y las puede seguir perfectamente. Era fácil, llegamos a un punto en el que estábamos igualados en nivel. No pensé que esto se me diera tan bien, hacía mucho tiempo que ni siquiera cogía la guitarra. Cuando nos aburrimos de repetirnos mutuamente, Ryan trajo unas partituras y me enseñó a tocar unas cuantas canciones. En un momento cuando cogía al azar otra canción vi que no estaba acabada. Empecé a mirármela y no la pude reconocer, pero estaba muy bien estructurada. Le pregunte de donde la había sacado y me dijo que la había compuesto él. Me sorprendí, estaba tan bien echa que me costaba creerlo. Él no se quería echar flores a si mismo pero yo insistí en que verdaderamente estaba genial. Le pedí que la tocara, ya que seguramente se la sabía. Escuchar la canción tocada por Ryan era mejor de lo que me imaginaba. Cuando acabo estuvimos un rato intentando acabar la canción. Luego nos fuimos a la cocina y cogimos algo para beber.