Introducción:

Jess ya es toda una adolescente, tiene un montón de amigas y conoce a mucha gente seguidamente con la cual se lo pasa genial. Ella nunca ha estado interesada por los chicos. Hasta que uno con que nunca había sido muy cercana pasa a ser una de las personas mas importantes de su vida. Pero... Inesperadamente, a causa de un enorme mal entendido las cosas se tuercen y este chico se aleja de todos si dejar rastro. De golpe, un nuevo chico aparece en la vida de Jessica, una loca noche de fiesta. Ella cree que sigue queriendo a aquel primer chico pero... ¿Si él ya no esta aquí, qué le impide comenzar una nueva vida? El problema vendrá cuando su primer amor, reaparezca en un momento de los mas inoportuno.

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CAPÍTULO 35:


         Ryan y yo nos miramos preocupados, luego miramos a nuestro alrededor y empezamos a llamar a nuestros perros. Habían desaparecido, no había ni rastro de ellos. Nos separamos cada uno por un lado diferente para ir más rápido y nos pusimos a buscar. Yo seguí por el camino durante unos minutos hasta que oí a un perro emitir un chillido.  No era un perro cualquiera, era Fin, lo podría haber reconocido en cualquier lugar. Seguí el sonido saliéndome del camino, y después de rodear unos árboles los encontré. Pero  desafortunadamente no estaban solos. Estaban con un grupo de cinco chicos que me dieron mala espina. Vestían ropas de calle con agujeros, tejanos gastados en su mayoría, pírsines y tatuajes en los brazos y cuello. Para mejorar el asunto no es que estuvieran jugando con los perros precisamente. Dos de ellos estaban pegando a mi perro con un palo de algún árbol. Entre golpe y golpe Fin intentaba escapar corriendo pero cojeaba y lo alcanzaban fácilmente. Y en cuanto a Dressy, los otros tres chicos le pegaban también con palos aunque esta se defendía algo mejor y nos recibía tantos golpes. Me acerqué gritando barbaridades al chico que estaba pegando a mi perro.

-Apártate ahora mismo de mi pero pedazo de (********…) –le solté súper enfadada.
-¿Tu quién (****) te crees? –me grito el chico de su lado.
-Suelta a los perros ahora mismo o te juro que…-les chille, pero no pude acabar la frase por         que el chico del palo me pego con el palo en el estómago.
-¿O que niñita? ¿Qué me vas a hacer? –me vacilo.

         Me incorpore, apretando las mandíbulas, habían dejado de pegar a los perros, y ahora los cinco chicos me rodeaban desafiantes. Los perros ladraban mientras mordían a unos cuantos de ellos, pero luego de recibir varios golpes de uno de ellos se alejaron mientras ladraban doloridos. Trague saliva y rápidamente le pegue una patada a el que me había pegado. Él se retorció de dolor, y de repente sentí un tremendo dolor en la espalda. Caí al suelo de rodillas chillando, cuando recibí una patada en las costillas de otro chico y me retorcí de dolor en el suelo.  Me dolía muchísimo, se me nublo la vista y apeas pude distinguir el suelo verde de las personas que me rodeaban. Tampoco podía oír nada bien, escuchaba sus voces, me estarían insultando seguramente, pero no sabía lo que decían con claridad. Se me caían las lágrimas, sentía un dolor muy intenso por todas partes. Sentí que me tocaban, no sé si me estaban golpeando o intentando mover, estaba muy desorientada como para darme cuenta. Vi que el chico que me había pegado primero, se acercaba a mí luego de haberse levantado, cerré los ojos y me mentalicé para intentar aguantar el próximo golpe. Pero no pasó nada. Volví a abrir los ojos y vi una gran sombra negra encima del chico que se acercaba a mí. Aquella cosa negra, de definió mejor en mis ojos, y lo pude ver bien, era un perro. El chico estaba en el suelo, y el perro le había mordido todo el brazo haciendo que sangre mientras que lo cogido del cuello con la boca. Los demás se fueron corriendo y dejaron al chico en el suelo sin poder defenderse. 

-¡Jessica! –oí alguien que gritaba mi nombre, era la voz de Dylan.

         De mi boca solo salió un ruido ahogado debido al dolor, mientras me seguía retorciendo en la hierba. Enseguida se agacho y me pregunto si estaba bien, que me pasaba, etc. Le dijo algo al perro, que enseguida obedeció, soltó al chico dejándolo en el suelo, y acudió a nuestro lado. Un momento después apareció Ryan y se arrodillo también a nuestro lado.

-¿Te han pegado él? –me pregunto Dylan con una cara que derramaba odio por todas partes.
-Sí, y habían otros. –dije como pude mientras intentaba controlar mi respiración en el suelo.

         Dylan se puso de pie de un saltó, y con grandes zancadas se acercó al chico. Lo cogió de la camiseta y lo arrastro hasta el pie de un árbol. Lo puso en pie, lo cogió del cuello aplastándolo contra el árbol y lo elevo hasta dejarlo a la misma altura que la de sus ojos.

-¿Qué narices le haz echo? –le gruño enfadado. –Te juro por todo lo que quiero en este universo, que como te vuelva a ver cerca de ella, seré yo el que personalmente que arranque la cabeza del asqueroso cuerpo que tienes, ¿Te queda claro? –Le grito
-Por favor. –dijo el chico casi sin aliento.
-¡Te he preguntado si te ha quedado claro! –le volvió a chillar Dylan aún más cabreado.
-Si…Suéltame…No respiro... –le suplico el chico poniéndose de un color morado.
-¡Dylan! ¡Déjalo no te rebajes a su nivel, vamos! –le grito Ryan que estaba a mi lado.

         Al oírlo, Dylan, lo soltó bruscamente con un solo movimiento tirándolo al suelo y se volvió hacia donde nosotros estábamos.

-¿Que te duele? –me pregunto Dylan.
-Todo. -respondí intentando incorporarme. -¡Ahh! ¡Que dolor! -chille mientas se me salían las lágrimas.
-Cógela, yo llevo a los perros. –dijo Ryan. –Hay que llevarla al médico.
-Está bien, Jess puede que te duela un poco. –dijo antes de cogerme en brazos y efectivamente, un dolor agudo se apodero de mi espala.
-Tengo el coche aquí mismo, aguanta un poco. –me dijo mientras caminaba y yo cerré los ojos con fuerza.
-¡Maldita sea...! Dylan tendremos que llevar a los perros al veterinario, están fatal. -escuché decir a Ryan.
-Está bien, súbelos al coche también no podemos dejarlos aquí. –escuche otra voz que sería la de Dylan.

         Llegamos al hospital, me tumbaron en una camilla y seguramente me inyectaron algo para que descanse, porque me quede dormida. 

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