Ryan y yo nos miramos preocupados,
luego miramos a nuestro alrededor y empezamos a llamar a nuestros perros.
Habían desaparecido, no había ni rastro de ellos. Nos separamos cada uno por un
lado diferente para ir más rápido y nos pusimos a buscar. Yo seguí por el
camino durante unos minutos hasta que oí a un perro emitir un chillido. No era un perro cualquiera, era Fin, lo
podría haber reconocido en cualquier lugar. Seguí el sonido saliéndome del
camino, y después de rodear unos árboles los encontré. Pero desafortunadamente no estaban solos. Estaban
con un grupo de cinco chicos que me dieron mala espina. Vestían ropas de calle
con agujeros, tejanos gastados en su mayoría, pírsines y tatuajes en los brazos
y cuello. Para mejorar el asunto no es que estuvieran jugando con los perros
precisamente. Dos de ellos estaban pegando a mi perro con un palo de algún
árbol. Entre golpe y golpe Fin intentaba escapar corriendo pero cojeaba y lo
alcanzaban fácilmente. Y en cuanto a Dressy, los otros tres chicos le pegaban
también con palos aunque esta se defendía algo mejor y nos recibía tantos
golpes. Me acerqué gritando barbaridades al chico que estaba pegando a mi
perro.
-Apártate
ahora mismo de mi pero pedazo de (********…) –le solté súper enfadada.
-¿Tu
quién (****) te crees? –me grito el chico de su lado.
-Suelta
a los perros ahora mismo o te juro que…-les chille, pero no pude acabar la
frase por que el chico del palo me
pego con el palo en el estómago.
-¿O
que niñita? ¿Qué me vas a hacer? –me vacilo.
Me incorpore, apretando las mandíbulas,
habían dejado de pegar a los perros, y ahora los cinco chicos me rodeaban
desafiantes. Los perros ladraban mientras mordían a unos cuantos de ellos, pero
luego de recibir varios golpes de uno de ellos se alejaron mientras ladraban
doloridos. Trague saliva y rápidamente le pegue una patada a el que me había
pegado. Él se retorció de dolor, y de repente sentí un tremendo dolor en la
espalda. Caí al suelo de rodillas chillando, cuando recibí una patada en las
costillas de otro chico y me retorcí de dolor en el suelo. Me dolía muchísimo, se me nublo la vista y
apeas pude distinguir el suelo verde de las personas que me rodeaban. Tampoco
podía oír nada bien, escuchaba sus voces, me estarían insultando seguramente,
pero no sabía lo que decían con claridad. Se me caían las lágrimas, sentía un
dolor muy intenso por todas partes. Sentí que me tocaban, no sé si me estaban
golpeando o intentando mover, estaba muy desorientada como para darme cuenta.
Vi que el chico que me había pegado primero, se acercaba a mí luego de haberse
levantado, cerré los ojos y me mentalicé para intentar aguantar el próximo
golpe. Pero no pasó nada. Volví a abrir los ojos y vi una gran sombra negra
encima del chico que se acercaba a mí. Aquella cosa negra, de definió mejor en
mis ojos, y lo pude ver bien, era un perro. El chico estaba en el suelo, y el
perro le había mordido todo el brazo haciendo que sangre mientras que lo cogido
del cuello con la boca. Los demás se fueron corriendo y dejaron al chico en el
suelo sin poder defenderse.
-¡Jessica!
–oí alguien que gritaba mi nombre, era la voz de Dylan.
De mi boca solo salió un ruido ahogado
debido al dolor, mientras me seguía retorciendo en la hierba. Enseguida se
agacho y me pregunto si estaba bien, que me pasaba, etc. Le dijo algo al perro,
que enseguida obedeció, soltó al chico dejándolo en el suelo, y acudió a
nuestro lado. Un momento después apareció Ryan y se arrodillo también a nuestro
lado.
-¿Te
han pegado él? –me pregunto Dylan con una cara que derramaba odio por todas
partes.
-Sí,
y habían otros. –dije como pude mientras intentaba controlar mi respiración en
el suelo.
Dylan se puso de pie de un saltó, y con
grandes zancadas se acercó al chico. Lo cogió de la camiseta y lo arrastro hasta
el pie de un árbol. Lo puso en pie, lo cogió del cuello aplastándolo contra el
árbol y lo elevo hasta dejarlo a la misma altura que la de sus ojos.
-¿Qué
narices le haz echo? –le gruño enfadado. –Te juro por todo lo que quiero en
este universo, que como te vuelva a ver cerca de ella, seré yo el que
personalmente que arranque la cabeza del asqueroso cuerpo que tienes, ¿Te queda
claro? –Le grito
-Por
favor. –dijo el chico casi sin aliento.
-¡Te
he preguntado si te ha quedado claro! –le volvió a chillar Dylan aún más
cabreado.
-Si…Suéltame…No
respiro... –le suplico el chico poniéndose de un color morado.
-¡Dylan!
¡Déjalo no te rebajes a su nivel, vamos! –le grito Ryan que estaba a mi lado.
Al oírlo, Dylan, lo soltó bruscamente
con un solo movimiento tirándolo al suelo y se volvió hacia donde nosotros
estábamos.
-¿Que
te duele? –me pregunto Dylan.
-Todo.
-respondí intentando incorporarme. -¡Ahh! ¡Que dolor! -chille mientas se me
salían las lágrimas.
-Cógela,
yo llevo a los perros. –dijo Ryan. –Hay que llevarla al médico.
-Está
bien, Jess puede que te duela un poco. –dijo antes de cogerme en brazos y
efectivamente, un dolor agudo se apodero de mi espala.
-Tengo
el coche aquí mismo, aguanta un poco. –me dijo mientras caminaba y yo cerré los
ojos con fuerza.
-¡Maldita
sea...! Dylan tendremos que llevar a los perros al veterinario, están fatal.
-escuché decir a Ryan.
-Está
bien, súbelos al coche también no podemos dejarlos aquí. –escuche otra voz que
sería la de Dylan.
Llegamos
al hospital, me tumbaron en una camilla y seguramente me inyectaron algo para
que descanse, porque me quede dormida.
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