Introducción:

Jess ya es toda una adolescente, tiene un montón de amigas y conoce a mucha gente seguidamente con la cual se lo pasa genial. Ella nunca ha estado interesada por los chicos. Hasta que uno con que nunca había sido muy cercana pasa a ser una de las personas mas importantes de su vida. Pero... Inesperadamente, a causa de un enorme mal entendido las cosas se tuercen y este chico se aleja de todos si dejar rastro. De golpe, un nuevo chico aparece en la vida de Jessica, una loca noche de fiesta. Ella cree que sigue queriendo a aquel primer chico pero... ¿Si él ya no esta aquí, qué le impide comenzar una nueva vida? El problema vendrá cuando su primer amor, reaparezca en un momento de los mas inoportuno.

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CAPÍTULO 33:


 -Hola ¿Qué tal? -dije yendo hasta donde él estaba.

         Abrió un poco más la puerta principal y lo pude ver bien. Llevaba una camiseta de tirantes negra y unos pantalones por encima de la rodilla de color granate. Pero solo llevaba una bamba de color negro puesta en el pie derecho. En el izquierdo llevaba una bota llena de velcros de color negro. 

-Yo bien, pero tú no tanto... ¿Qué te ha pasado? -dije mirándole la pierna.
-Una ligera fractura. -dijo mientras me daba un abrazo.
-Ahora sé por qué no podías venirte a mi casa. -dije sonriendo.
-Buenas, mira por dónde. Hacía tiempo que no veía una presencia femenina por aquí.-dijo un hombre bastante joven de ojos claros.
-Jess, te presento a mi padre, papá, esta es Jessica. -dijo Ryan separándose de mi un poco.
-Encantada. -dije sonriendo.
-Sabes, si tuvierais un hijo sería interesante. -dijo el padre de Ryan de repente haciéndome reír.
-Esto...Papá, yo y Jessica no... -Ryan no acabo la frase.
-¿Qué? -pregunto su padre tranquilamente con curiosidad.
-Que no somos novios. -conteste riendo provocando que ría el también.

         Me caía bien, no era un padre muy normal que se diga. Me hacía recordar a mi madre. Creo que también era el tipo de hombre que luego de tener un hijo no había madurado lo suficiente aún. Pero por alguna razón me hacía reír.
-Hum... En ese caso...Bueno, yo a lo mío. -dijo el padre de Ryan antes de irse a alguna parte caminando.
-Pues eso, ven tenemos cosas que hacer. -me dijo Ryan cerrando la puerta y guiándome por un pasillo.
-No hagáis mucho ruido, ni destrocéis nada si es posible. -dijo su padre riendo.
-¿¡Que narices...!? -empezó a decir Ryan antes de que lo interrumpa.
-¡Solo música! -grite riendo para que lo oyera allí donde se halla metido.
-No le hagas caso se le va la olla. -me susurro Ryan mientras abría una puerta se madera doble al final del pasillo.

         Las puertas de madera daban a una terraza con sofás de colores beis con una mesita y unas cuantas tumbonas a juego.

-Porque no conoces a mi madre, apuesto lo que sea a que mi madre puede llegar a ser peor. -dije riendo.
-Lo dudo,  pero no lo discutamos. -dijo el sentándose en un sofá colocando la pierna lesionada encima de la pequeña mesa.
-Sí, mejor. -dije sentándome a su lado.
-Jess, hazme un favor. ¿Quieres? Pásame mi guitarra. -me pidió señalando al otro sofá.
-Me puse en pie, la fui a coger y me di cuenta de una cosa;
-Es la misma que la mía -dijimos a la vez.
-Me gire confundida para mirarlo y el pareció algo confundido también. Ryan había sacado mi guitarra, y la tenía en sus manos como yo la suya. La de Ryan era de una tonalidad casi negra y la mía de un color muy claro, pero por todo lo demás eran exactamente iguales.
-Telepatía. -dijo el observando mi guitarra.
-Sí, ¿Te gusta? -pregunte mientras el miraba la guitarra de arriba abajo.
-Mucho, esto... ¿De dónde la has comprado? Nunca he visto una de estas de este color. -dijo observándola.
-Si te digo la verdad no lo sé. Me la regalaron para mi cumpleaños. -dije sentándome en el mismo sofá que Ryan.
-Es de las buenas. -dijo mientras me la daba y yo le pasaba la suya.
-¿Has tocado alguna vez? -me pregunto.
-Se lo básico. -dije afinando la guitarra.
-Está bien, tengo una idea. –contestó.

         El tocaba algo y yo lo repetía. Empezamos con cosas fáciles, y las puede seguir perfectamente. Era fácil, llegamos a un punto en el que estábamos igualados en nivel. No pensé que esto se me diera tan bien, hacía mucho tiempo que ni siquiera cogía la guitarra. Cuando nos aburrimos de repetirnos mutuamente, Ryan trajo unas partituras y me enseñó a tocar unas cuantas canciones. En un momento cuando cogía al azar otra canción vi que no estaba acabada. Empecé a mirármela y no la pude reconocer, pero estaba muy bien estructurada. Le pregunte de donde la había sacado y me dijo que la había compuesto él. Me sorprendí, estaba tan bien echa que me costaba creerlo. Él no se quería echar flores a si mismo pero yo insistí en que verdaderamente estaba genial. Le pedí que la tocara, ya que seguramente se la sabía. Escuchar la canción tocada por Ryan era mejor de lo que me imaginaba. Cuando acabo estuvimos un rato intentando acabar la canción. Luego nos fuimos a la cocina y cogimos algo para beber.


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