Introducción:

Jess ya es toda una adolescente, tiene un montón de amigas y conoce a mucha gente seguidamente con la cual se lo pasa genial. Ella nunca ha estado interesada por los chicos. Hasta que uno con que nunca había sido muy cercana pasa a ser una de las personas mas importantes de su vida. Pero... Inesperadamente, a causa de un enorme mal entendido las cosas se tuercen y este chico se aleja de todos si dejar rastro. De golpe, un nuevo chico aparece en la vida de Jessica, una loca noche de fiesta. Ella cree que sigue queriendo a aquel primer chico pero... ¿Si él ya no esta aquí, qué le impide comenzar una nueva vida? El problema vendrá cuando su primer amor, reaparezca en un momento de los mas inoportuno.

Etiquetas

CAPÍTULO 34:


         Ryan y yo nos miramos el uno al otro sin entender nada. Mi hermanito también observaba con curiosidad, hasta el pequeño Beagle no tenía absolutamente ni idea de lo que pasaba.

-¡No me lo creo! ¡¿Cuantos años han pasado desde que nos vimos por última vez?! -Exclamo mi madre.
-Muchísimos, unos veinte casi diría yo. -dijo Richard.
-Tienes razón. ¿Y has estado aquí todo este tiempo? -pregunto mi madre.
-Desde que nos graduamos. -respondió el.

         Ryan dejo salir un ruido sordo que provenía del interior de su garganta.

-¡A sí! Perrie, este es Ryan mi hijo. -añadió.
-Te pareces mucho a tu padre cuando tenía tu edad. -dijo mi madre saludándolo.

         Ryan sonrió y miro a su padre, el cual me miro a mí y añadió:

-Nos conocimos de pequeños, fuimos al mismo instituto, y nos graduamos juntos.
-Hola yo soy Luke.- dijo mi hermano con una voz algo aguda mirando al padre de Ryan.
-Hola, tú debes ser el hermano de Jessica ¿no? –le contesto sonriendo.
-Sí. ¿Y tú quién eres? –pregunto en un tono seco refiriéndose a Ryan mientras lo observaba.
-¡Luke! No hables así. –le riño mi madre.
-Ven Luke. -le dije. -Trae a Fin.
-Perrie, entra, ¿Qué os parece si hacemos unas hamburguesas a la barbacoa? –propuso Richard.
-¡Esta bien te ayudare! ¡Cómo en los viejos tiempos! –dijo mi madre entusiasmada.
-Nosotros vamos fuera.-dijo Ryan.
-Está bien. –contesto su padre dirigiéndose a la cocina junto a la mía.

         Luke cogió como pudo a el perro y nos siguió atravesando el salón, y saliendo al porche. Cuando salimos cogí a Fin, y le solté la correa para que fuera con la perra de Ryan. Luke se puso a jugar con los dos perros mientras Ryan y yo hablábamos en el porche. Un rato después de que nuestros padres pusieran las hamburguesas en la barbacoa del patio, comimos todos juntos dentro de la casa. Mi madre no paró de hablar de anécdotas de cuando iba al instituto con el padre de Ryan. Se reían a carcajadas juntos,  parecían dos adolescentes. Ryan y yo, nos mirábamos mientras nos reíamos de ellos. Pasó alrededor de una hora hasta que mi madre nos propuso a Ryan y a mí que seguramente parecíamos muy aburridos, que sacáramos a pasear a los perros.

-¿Podrás caminar? -le pregunte a Ryan algo reocupada por su pierna.
-Hum…Bueno, sí supongo. Mientras no fuerce la pierna. –dijo encogiéndose de hombros.
-Vale, vamos. –respondí yo.

         -Nos pusimos en pie, les pusimos las correas a los perros y salimos por la puerta principal, hacia la calle.

-¿Te apetece ir algún lado en concreto? –pregunto Ryan por curiosidad.
-Podríamos ir al parque ese que hay por ahí cerca de mi casa. –le propuse.
-¿Te refieres al que en otoño tiene los arboles naranjas? –preguntó él.
-Sí, vamos está cerca de aquí. –dije sonriendo.
-Vale, te sigo. –respondió Ryan.

         Caminamos a poco a poco por el mismo camino por el que había venido esta mañana hasta llegar a una de las entradas del parque. Le pregunte a Ryan si estaba bien, porque me preocupaba verlo con esa cosa en el pie. Pero él me dijo que me quedara tranquila que se encontraba muy bien.  Luego seguimos andando por el sendero del parque hasta llegar a un banco del centro del parque para descansar.  Estábamos en una zona del parque muy parecida a en la que estuve hace unos días con Fin.  Soltamos a los perros, como algo de costumbre y nosotros nos pusimos a hablar. Unos minutos más tarde de hablar tonterías, le propuse una cosa;

-¿Ryan, hay una cafetería en el centro del parque, que te parece si cogemos unos refrescos? –le pregunte.
-Vale, sí, tengo sed. –me contesto el mientras se ponía en pie.
-¡Mira por donde! –Dijo una voz que procedía de alguien que estaba unos pocos metros de nosotros.

         Mire hacia donde venía la voz y reconocí a la persona que lo había dicho. Era Dylan, el chico que estuvo con Andy y Ryan en día de la playa. Llevaba una camiseta gris de manga corta con unas letras bordadas en negro. Y unos pantalones tejanos por encima de la rodilla, unas bambas urbanas, y en la mano una correa roja. Detrás de él, había un perro grande y negro, que lo seguía mientras nos observaba.

-¡Dylan! Hace mucho que no nos veíamos. –le dije mientras me ponía en pie y me acercaba para saludarlo.
-Sí, la verdad es que sí. –dijo sonriente. -¿Y qué tal va el cojo? –pregunto.
-Pues mira, aquí, con los perros. –le contesto riendo.

         Dylan, miro nuestras correas, miro nuestro alrededor rápido con cara extraña y luego añadió:

-¿Estáis seguros de que habéis venido con los perros? -nos preguntó.
-Sí, mira están justo…Oh oh…


No hay comentarios:

Publicar un comentario