Introducción:

Jess ya es toda una adolescente, tiene un montón de amigas y conoce a mucha gente seguidamente con la cual se lo pasa genial. Ella nunca ha estado interesada por los chicos. Hasta que uno con que nunca había sido muy cercana pasa a ser una de las personas mas importantes de su vida. Pero... Inesperadamente, a causa de un enorme mal entendido las cosas se tuercen y este chico se aleja de todos si dejar rastro. De golpe, un nuevo chico aparece en la vida de Jessica, una loca noche de fiesta. Ella cree que sigue queriendo a aquel primer chico pero... ¿Si él ya no esta aquí, qué le impide comenzar una nueva vida? El problema vendrá cuando su primer amor, reaparezca en un momento de los mas inoportuno.

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CAPÍTULO 36:


         La tranquilidad me invadía agradablemente, cuando me moví un poco y desperté.  Estaba en la camilla del hospital, era una sala bastante pequeña, todos en general era de color blanco o gris, como en todos los hospitales. En la sala había un pequeño sillón donde estaban mi madre y Luke. A mi lado estaba la enfermera.

-¿Cómo te encuentras? –me preguntó.
-Bien, pero me duele.
-Mi madre sonrió cuando la enfermera me quito la jeringuilla que tenía en el brazo por el que seguramente me daban antibióticos o algo por el estilo.
-Mama. ¿Dónde están Ryan y Dylan? –pregunté.
-Ryan ha llamado a su padre para llevar a los perros al veterinario, y Dylan los ha acompañado.
-Está bien. ¿Podemos ir a casa? Pregunte mirando a mi madre y a la enfermera.
-Enseguida, ahora vendrá el doctor, te ara unas pruebas y luego os podréis ir. –me explico ella con un tono de voz amable.
-Vale -respondí tumbándome otra vez.

         La enfermera se fue, y unos minutos después apareció un hombre de unos treinta y cinco años, por la puerta. Me dijo que pusiera de pie y que hiciera unos movimientos para asegurarse de que todo estaba en su sitio. Nos dio la receta, para que me tome unas pastillas.

-Una pastilla al día. ¿De acuerdo Jessica? –me dijo el hombre.
-Sí, está bien. ¿A cualquier hora? –le pregunté.
-Sí, te recomiendo que lo hagas cada día a la misma hora, para no olvidarte, o pon una alarma en el móvil.
-Sí, está bien. –le dije.
-Podrías tomártela a la mañana, así si te olvidas la puedes tomar más tarde. –dijo mi madre.
-Esa también es una opción. –dijo el doctor finalmente.

         No tardamos mucho en encontrar la salida, y nos fuimos caminando a casa. Al legar eran las ocho de las tarde, me tumbé en el sofá y me tape con una mata para ver la tele. Media hora luego sonó el timbre de la entrada, y mi madre me dijo que sería el padre de Ryan. Entonces me levante,  me asome a la puerta. Eran Ryan, su padre y Dylan, Richard llevaba un maletín donde se suele meter a los animales para llevarlos al veterinario, y en un momento me asuste. Mi madre les dijo que pasaran y volvimos al salón. Yo me senté con los chicos en el sofá mientras nuestros padres abrían el maletín. Fin salió cojeando de él, tenía una venda en la pata posterior, pero no parecía estar grave.

-Tranquila no tiene nada roto, en unos días se curara, solo necesita reposar. –me dijo el padre de Ryan.
-Menos mal, si le llega a pasar algo… -dije yo
-Ya está, ya ha pasado, dejemos el tema. ¿Tú que tal estas? –pregunto Ryan
-Bien, algo dolorida pero bien. –le conteste.
-Todavía no sé porque narices no le partí la cara a aquel… -dijo Dylan pero Ryan lo interrumpió.
-Por qué no te rebajarías a su nivel. –le recordó Ryan.
-Sí, supongo que sí. –dijo Dylan con aire apagado.
-Tranquilo Dylan, pero gracias de todos modos. –le dije.
-Está bien, chicos, quedaros a cenar, es lo mínimo que puedo hacer. –dijo mi madre.




CAPÍTULO 35:


         Ryan y yo nos miramos preocupados, luego miramos a nuestro alrededor y empezamos a llamar a nuestros perros. Habían desaparecido, no había ni rastro de ellos. Nos separamos cada uno por un lado diferente para ir más rápido y nos pusimos a buscar. Yo seguí por el camino durante unos minutos hasta que oí a un perro emitir un chillido.  No era un perro cualquiera, era Fin, lo podría haber reconocido en cualquier lugar. Seguí el sonido saliéndome del camino, y después de rodear unos árboles los encontré. Pero  desafortunadamente no estaban solos. Estaban con un grupo de cinco chicos que me dieron mala espina. Vestían ropas de calle con agujeros, tejanos gastados en su mayoría, pírsines y tatuajes en los brazos y cuello. Para mejorar el asunto no es que estuvieran jugando con los perros precisamente. Dos de ellos estaban pegando a mi perro con un palo de algún árbol. Entre golpe y golpe Fin intentaba escapar corriendo pero cojeaba y lo alcanzaban fácilmente. Y en cuanto a Dressy, los otros tres chicos le pegaban también con palos aunque esta se defendía algo mejor y nos recibía tantos golpes. Me acerqué gritando barbaridades al chico que estaba pegando a mi perro.

-Apártate ahora mismo de mi pero pedazo de (********…) –le solté súper enfadada.
-¿Tu quién (****) te crees? –me grito el chico de su lado.
-Suelta a los perros ahora mismo o te juro que…-les chille, pero no pude acabar la frase por         que el chico del palo me pego con el palo en el estómago.
-¿O que niñita? ¿Qué me vas a hacer? –me vacilo.

         Me incorpore, apretando las mandíbulas, habían dejado de pegar a los perros, y ahora los cinco chicos me rodeaban desafiantes. Los perros ladraban mientras mordían a unos cuantos de ellos, pero luego de recibir varios golpes de uno de ellos se alejaron mientras ladraban doloridos. Trague saliva y rápidamente le pegue una patada a el que me había pegado. Él se retorció de dolor, y de repente sentí un tremendo dolor en la espalda. Caí al suelo de rodillas chillando, cuando recibí una patada en las costillas de otro chico y me retorcí de dolor en el suelo.  Me dolía muchísimo, se me nublo la vista y apeas pude distinguir el suelo verde de las personas que me rodeaban. Tampoco podía oír nada bien, escuchaba sus voces, me estarían insultando seguramente, pero no sabía lo que decían con claridad. Se me caían las lágrimas, sentía un dolor muy intenso por todas partes. Sentí que me tocaban, no sé si me estaban golpeando o intentando mover, estaba muy desorientada como para darme cuenta. Vi que el chico que me había pegado primero, se acercaba a mí luego de haberse levantado, cerré los ojos y me mentalicé para intentar aguantar el próximo golpe. Pero no pasó nada. Volví a abrir los ojos y vi una gran sombra negra encima del chico que se acercaba a mí. Aquella cosa negra, de definió mejor en mis ojos, y lo pude ver bien, era un perro. El chico estaba en el suelo, y el perro le había mordido todo el brazo haciendo que sangre mientras que lo cogido del cuello con la boca. Los demás se fueron corriendo y dejaron al chico en el suelo sin poder defenderse. 

-¡Jessica! –oí alguien que gritaba mi nombre, era la voz de Dylan.

         De mi boca solo salió un ruido ahogado debido al dolor, mientras me seguía retorciendo en la hierba. Enseguida se agacho y me pregunto si estaba bien, que me pasaba, etc. Le dijo algo al perro, que enseguida obedeció, soltó al chico dejándolo en el suelo, y acudió a nuestro lado. Un momento después apareció Ryan y se arrodillo también a nuestro lado.

-¿Te han pegado él? –me pregunto Dylan con una cara que derramaba odio por todas partes.
-Sí, y habían otros. –dije como pude mientras intentaba controlar mi respiración en el suelo.

         Dylan se puso de pie de un saltó, y con grandes zancadas se acercó al chico. Lo cogió de la camiseta y lo arrastro hasta el pie de un árbol. Lo puso en pie, lo cogió del cuello aplastándolo contra el árbol y lo elevo hasta dejarlo a la misma altura que la de sus ojos.

-¿Qué narices le haz echo? –le gruño enfadado. –Te juro por todo lo que quiero en este universo, que como te vuelva a ver cerca de ella, seré yo el que personalmente que arranque la cabeza del asqueroso cuerpo que tienes, ¿Te queda claro? –Le grito
-Por favor. –dijo el chico casi sin aliento.
-¡Te he preguntado si te ha quedado claro! –le volvió a chillar Dylan aún más cabreado.
-Si…Suéltame…No respiro... –le suplico el chico poniéndose de un color morado.
-¡Dylan! ¡Déjalo no te rebajes a su nivel, vamos! –le grito Ryan que estaba a mi lado.

         Al oírlo, Dylan, lo soltó bruscamente con un solo movimiento tirándolo al suelo y se volvió hacia donde nosotros estábamos.

-¿Que te duele? –me pregunto Dylan.
-Todo. -respondí intentando incorporarme. -¡Ahh! ¡Que dolor! -chille mientas se me salían las lágrimas.
-Cógela, yo llevo a los perros. –dijo Ryan. –Hay que llevarla al médico.
-Está bien, Jess puede que te duela un poco. –dijo antes de cogerme en brazos y efectivamente, un dolor agudo se apodero de mi espala.
-Tengo el coche aquí mismo, aguanta un poco. –me dijo mientras caminaba y yo cerré los ojos con fuerza.
-¡Maldita sea...! Dylan tendremos que llevar a los perros al veterinario, están fatal. -escuché decir a Ryan.
-Está bien, súbelos al coche también no podemos dejarlos aquí. –escuche otra voz que sería la de Dylan.

         Llegamos al hospital, me tumbaron en una camilla y seguramente me inyectaron algo para que descanse, porque me quede dormida. 

CAPÍTULO 34:


         Ryan y yo nos miramos el uno al otro sin entender nada. Mi hermanito también observaba con curiosidad, hasta el pequeño Beagle no tenía absolutamente ni idea de lo que pasaba.

-¡No me lo creo! ¡¿Cuantos años han pasado desde que nos vimos por última vez?! -Exclamo mi madre.
-Muchísimos, unos veinte casi diría yo. -dijo Richard.
-Tienes razón. ¿Y has estado aquí todo este tiempo? -pregunto mi madre.
-Desde que nos graduamos. -respondió el.

         Ryan dejo salir un ruido sordo que provenía del interior de su garganta.

-¡A sí! Perrie, este es Ryan mi hijo. -añadió.
-Te pareces mucho a tu padre cuando tenía tu edad. -dijo mi madre saludándolo.

         Ryan sonrió y miro a su padre, el cual me miro a mí y añadió:

-Nos conocimos de pequeños, fuimos al mismo instituto, y nos graduamos juntos.
-Hola yo soy Luke.- dijo mi hermano con una voz algo aguda mirando al padre de Ryan.
-Hola, tú debes ser el hermano de Jessica ¿no? –le contesto sonriendo.
-Sí. ¿Y tú quién eres? –pregunto en un tono seco refiriéndose a Ryan mientras lo observaba.
-¡Luke! No hables así. –le riño mi madre.
-Ven Luke. -le dije. -Trae a Fin.
-Perrie, entra, ¿Qué os parece si hacemos unas hamburguesas a la barbacoa? –propuso Richard.
-¡Esta bien te ayudare! ¡Cómo en los viejos tiempos! –dijo mi madre entusiasmada.
-Nosotros vamos fuera.-dijo Ryan.
-Está bien. –contesto su padre dirigiéndose a la cocina junto a la mía.

         Luke cogió como pudo a el perro y nos siguió atravesando el salón, y saliendo al porche. Cuando salimos cogí a Fin, y le solté la correa para que fuera con la perra de Ryan. Luke se puso a jugar con los dos perros mientras Ryan y yo hablábamos en el porche. Un rato después de que nuestros padres pusieran las hamburguesas en la barbacoa del patio, comimos todos juntos dentro de la casa. Mi madre no paró de hablar de anécdotas de cuando iba al instituto con el padre de Ryan. Se reían a carcajadas juntos,  parecían dos adolescentes. Ryan y yo, nos mirábamos mientras nos reíamos de ellos. Pasó alrededor de una hora hasta que mi madre nos propuso a Ryan y a mí que seguramente parecíamos muy aburridos, que sacáramos a pasear a los perros.

-¿Podrás caminar? -le pregunte a Ryan algo reocupada por su pierna.
-Hum…Bueno, sí supongo. Mientras no fuerce la pierna. –dijo encogiéndose de hombros.
-Vale, vamos. –respondí yo.

         -Nos pusimos en pie, les pusimos las correas a los perros y salimos por la puerta principal, hacia la calle.

-¿Te apetece ir algún lado en concreto? –pregunto Ryan por curiosidad.
-Podríamos ir al parque ese que hay por ahí cerca de mi casa. –le propuse.
-¿Te refieres al que en otoño tiene los arboles naranjas? –preguntó él.
-Sí, vamos está cerca de aquí. –dije sonriendo.
-Vale, te sigo. –respondió Ryan.

         Caminamos a poco a poco por el mismo camino por el que había venido esta mañana hasta llegar a una de las entradas del parque. Le pregunte a Ryan si estaba bien, porque me preocupaba verlo con esa cosa en el pie. Pero él me dijo que me quedara tranquila que se encontraba muy bien.  Luego seguimos andando por el sendero del parque hasta llegar a un banco del centro del parque para descansar.  Estábamos en una zona del parque muy parecida a en la que estuve hace unos días con Fin.  Soltamos a los perros, como algo de costumbre y nosotros nos pusimos a hablar. Unos minutos más tarde de hablar tonterías, le propuse una cosa;

-¿Ryan, hay una cafetería en el centro del parque, que te parece si cogemos unos refrescos? –le pregunte.
-Vale, sí, tengo sed. –me contesto el mientras se ponía en pie.
-¡Mira por donde! –Dijo una voz que procedía de alguien que estaba unos pocos metros de nosotros.

         Mire hacia donde venía la voz y reconocí a la persona que lo había dicho. Era Dylan, el chico que estuvo con Andy y Ryan en día de la playa. Llevaba una camiseta gris de manga corta con unas letras bordadas en negro. Y unos pantalones tejanos por encima de la rodilla, unas bambas urbanas, y en la mano una correa roja. Detrás de él, había un perro grande y negro, que lo seguía mientras nos observaba.

-¡Dylan! Hace mucho que no nos veíamos. –le dije mientras me ponía en pie y me acercaba para saludarlo.
-Sí, la verdad es que sí. –dijo sonriente. -¿Y qué tal va el cojo? –pregunto.
-Pues mira, aquí, con los perros. –le contesto riendo.

         Dylan, miro nuestras correas, miro nuestro alrededor rápido con cara extraña y luego añadió:

-¿Estáis seguros de que habéis venido con los perros? -nos preguntó.
-Sí, mira están justo…Oh oh…


CAPÍTULO 33:


 -Hola ¿Qué tal? -dije yendo hasta donde él estaba.

         Abrió un poco más la puerta principal y lo pude ver bien. Llevaba una camiseta de tirantes negra y unos pantalones por encima de la rodilla de color granate. Pero solo llevaba una bamba de color negro puesta en el pie derecho. En el izquierdo llevaba una bota llena de velcros de color negro. 

-Yo bien, pero tú no tanto... ¿Qué te ha pasado? -dije mirándole la pierna.
-Una ligera fractura. -dijo mientras me daba un abrazo.
-Ahora sé por qué no podías venirte a mi casa. -dije sonriendo.
-Buenas, mira por dónde. Hacía tiempo que no veía una presencia femenina por aquí.-dijo un hombre bastante joven de ojos claros.
-Jess, te presento a mi padre, papá, esta es Jessica. -dijo Ryan separándose de mi un poco.
-Encantada. -dije sonriendo.
-Sabes, si tuvierais un hijo sería interesante. -dijo el padre de Ryan de repente haciéndome reír.
-Esto...Papá, yo y Jessica no... -Ryan no acabo la frase.
-¿Qué? -pregunto su padre tranquilamente con curiosidad.
-Que no somos novios. -conteste riendo provocando que ría el también.

         Me caía bien, no era un padre muy normal que se diga. Me hacía recordar a mi madre. Creo que también era el tipo de hombre que luego de tener un hijo no había madurado lo suficiente aún. Pero por alguna razón me hacía reír.
-Hum... En ese caso...Bueno, yo a lo mío. -dijo el padre de Ryan antes de irse a alguna parte caminando.
-Pues eso, ven tenemos cosas que hacer. -me dijo Ryan cerrando la puerta y guiándome por un pasillo.
-No hagáis mucho ruido, ni destrocéis nada si es posible. -dijo su padre riendo.
-¿¡Que narices...!? -empezó a decir Ryan antes de que lo interrumpa.
-¡Solo música! -grite riendo para que lo oyera allí donde se halla metido.
-No le hagas caso se le va la olla. -me susurro Ryan mientras abría una puerta se madera doble al final del pasillo.

         Las puertas de madera daban a una terraza con sofás de colores beis con una mesita y unas cuantas tumbonas a juego.

-Porque no conoces a mi madre, apuesto lo que sea a que mi madre puede llegar a ser peor. -dije riendo.
-Lo dudo,  pero no lo discutamos. -dijo el sentándose en un sofá colocando la pierna lesionada encima de la pequeña mesa.
-Sí, mejor. -dije sentándome a su lado.
-Jess, hazme un favor. ¿Quieres? Pásame mi guitarra. -me pidió señalando al otro sofá.
-Me puse en pie, la fui a coger y me di cuenta de una cosa;
-Es la misma que la mía -dijimos a la vez.
-Me gire confundida para mirarlo y el pareció algo confundido también. Ryan había sacado mi guitarra, y la tenía en sus manos como yo la suya. La de Ryan era de una tonalidad casi negra y la mía de un color muy claro, pero por todo lo demás eran exactamente iguales.
-Telepatía. -dijo el observando mi guitarra.
-Sí, ¿Te gusta? -pregunte mientras el miraba la guitarra de arriba abajo.
-Mucho, esto... ¿De dónde la has comprado? Nunca he visto una de estas de este color. -dijo observándola.
-Si te digo la verdad no lo sé. Me la regalaron para mi cumpleaños. -dije sentándome en el mismo sofá que Ryan.
-Es de las buenas. -dijo mientras me la daba y yo le pasaba la suya.
-¿Has tocado alguna vez? -me pregunto.
-Se lo básico. -dije afinando la guitarra.
-Está bien, tengo una idea. –contestó.

         El tocaba algo y yo lo repetía. Empezamos con cosas fáciles, y las puede seguir perfectamente. Era fácil, llegamos a un punto en el que estábamos igualados en nivel. No pensé que esto se me diera tan bien, hacía mucho tiempo que ni siquiera cogía la guitarra. Cuando nos aburrimos de repetirnos mutuamente, Ryan trajo unas partituras y me enseñó a tocar unas cuantas canciones. En un momento cuando cogía al azar otra canción vi que no estaba acabada. Empecé a mirármela y no la pude reconocer, pero estaba muy bien estructurada. Le pregunte de donde la había sacado y me dijo que la había compuesto él. Me sorprendí, estaba tan bien echa que me costaba creerlo. Él no se quería echar flores a si mismo pero yo insistí en que verdaderamente estaba genial. Le pedí que la tocara, ya que seguramente se la sabía. Escuchar la canción tocada por Ryan era mejor de lo que me imaginaba. Cuando acabo estuvimos un rato intentando acabar la canción. Luego nos fuimos a la cocina y cogimos algo para beber.


CAPÍTULO 32:

-Oye Jessica, ¿Te quieres quedar a comer? -pregunto el padre de Ryan situado justo detrás de nosotros.
-No lo sé, tendría que irme a casa. Supongo, mi madre me debe estar esperando para preparar la comida y eso. -le dije
-Me había pillado por sorpresa, no sabía que decir. Quedarme allí así como así me parecía algo extraño. No tenía que preocuparme por Ryan, aunque su padre estaba algo ido de la olla. Bueno, tampoco era una amenaza, es un padre que se divierte a su manera, como mi madre.
-¿Sois muchos en casa? -pregunto el padre de Ryan.
-Cuatro. -respondí. -Aunque ahora mi madre debe estar sola con mi hermano.  -continúe riendo recodando el desastre del baño del otro día.
-Diles que se vengan. -me dijo Ryan encogiéndose de hombros.
-No me pareció tan mala idea cuando lo dijo Ryan.
-Vale, ¿Y porque no? -dije.
-Cogí mi móvil y le envié un mensaje a mi madre.
·         Hola ¿Qué te parece si te vienes a casa de Ryan a comer?
·         No lo sé yo, no lo conozco, y me parece algo raro.
·         Sí, yo también lo he pensado pero no es mala idea, además no tenemos nada que hacer. Te vas a llevar bien con el padre de Ryan, es muy...Como tú.
·         Está bien, en un rato voy, oye pregunta si molesta que lleve al perro y envíame la dirección.
-Está bien, ha dicho que sí, en un rato estará por aquí. ¿Os importa si trae a mi perro? -les dije.
-No que va. -dijo despreocupadamente el padre de Ryan mientras cogía una botella de cerveza de la nevera.
-Podemos pasear a los perros luego de comer. -dijo Ryan.
-Oh, ¿También tenéis perro? -pregunte sorprendida.
-Un pastor alemán. -Respondió Ryan apoyándose con los codos en la encimera de la cocina.
-No la he visto al entrar. -dije como respuesta.
-Acaba de contestarle a tu madre y te la enseño. -dijo Ryan con una dulce sonrisa.
-Está bien. -le dije.
-Respondí a mi madre y le envié la dirección de la casa y antes de ver si me. Contestaba o no me lo metí en el bolsillo.
-Ya está. -dije
-Ven, vamos. -me dijo Ryan dirigiéndose al salón.
-El salón y el comedor estaban juntos. Era un lugar muy acogedor. Paredes y suelos claros pero el mobiliario era oscuro, madera pulida a juego con la alfombra algo descolorida y los sofás de cuero negro natural. Una gran pantalla de plasma ocupaba el lugar central de una baja mesita colocada estratégicamente delante de los sofás.  En la pared lateral de la habitación había unas puertas de madera que daban al porche del patio trasero. Ryan cruzo el salón y abrió aquellas puertas. Salí fuera detrás de él, observando mí alrededor. El porche estaba decorado con los mismos muebles que los de la terraza solo que con una tonalidad un poco más clara. Luego el resto del jardín tenía césped natural y una piscina rodeada por unos cuantos árboles. Bajo uno de ellos había un perro tumbado. Ryan se pudo los meñiques en la boca, aspiro y dejo salir un fuerte silbido.
-¡Dressy! ¡Ven aquí chica! -grito Ryan dirigiéndose a la perra.
-La perra de un salto se puso en pie al escuchar a Ryan mientras ajábamos las escaleras del porche. Vino corriendo hacia nosotros y se puso a olisquearnos. No parecía muy mayor, tendría menos de cuatro años.
-Mis primos tienen una muy parecida. -le dije.
-Estuvimos un buen rato jugando con Dressy hasta que nos cansamos. Decidimos ir un rato el porche a descansar.
-¿Y desde cuando tocas la guitarra? -le pregunte.
-Desde que me la compraron. -respondió bromeando. -Cuando tenía unos doce.
-Se te da bien. -le dije.
-Gracias, ¿Y tú? ¿Tocas algún otro instrumento? -pregunto con curiosidad.
-Sí, de pequeña mi madre me enseño a tocar el piano. -le respondí.
-Siempre quise aprender a tocarlo. -me dijo.
-¿Tienes uno? -le pregunte.
-No, es una pena. -dijo el fijando la vista en el suelo.
-Hum...Pues cuando vengas a mi casa te enseño. -le conteste.
-¿Enserio? -pregunto mirándome con esos ojos azules.
-¡Sí, claro! Tú me enseñas con la guitarra y yo con el piano. Es justo. -le dije sonriendo.
-Vale, trato echo. -dijo antes de que sonara el timbre de la entrada.
-Nos pusimos en pie y nos dirigimos a la puerta. El padre de Ryan había llegado justo antes que nosotros y abrió la puerta. Mi madre levanto la mirada y abrió los ojos como platos.
-¡Que me caiga un rayo si miento! ¡Richard! ¡Por dios! ¡Cuantísimo tiempo! -grito ella.

-¿Perrie? ¡Madre mía! ¡Estas estupendas! -grito el padre de Ryan mientras se abrazaban como si se conocieran de toda la vida.

CAPÍTULO 31:


         Al despertarme mire mi reloj que marcaba las ocho y cinco. Me dirigí al baño y me desenrede el pelo con cuidado y me dirigí al vestidor para ponerme un vestido sin mangas de color turquesa con algunos detalles en negro. Era muy bonito, aunque hacia mucho que no lo usaba. Me llegaban unos diez centímetros por encima de las rodillas, era fresco y muy cómodo. Me puse un cinturón negro grueso con unas piedras azules que hacían juego con el vestido y unas sandalias negras. Bajé al salón y vi a mis padres viendo la televisión.

-¡Buenos días! -dijo mi padre antes de acabarse de un trago la taza de café.
-Hola voy a salir un rato... -dije antes de que me madre me interrumpirá.
-¡Te has puesto el vestido! -chillo de alegría.

         Ese vestido para mi madre no es un vestido como para mí, sino que es "El vestido" No tengo ni idea de porqué pero le encanta. 

-Sí mama -dije riendo.

         Mi madre es una mujer muy peculiar. Es bastante diferente que el resto de las madres con las que se relaciona, las de mis amigas. Tiene un carácter especial. Es una mujer que parece no haber madurado aún.

-Chicas me voy un rato con Jim, volveré luego de comer, iremos a jugar al poker luego.

         Casi cada fin de semana mi padre se va a jugar con Jim, un amigo de trabajo o algo así. No sé quién es, pero aprovechan y hablan de negocios de vez en cuando.

-Está bien. -dijo mi madre mientras mi padre cogía las llaves del coche. 
-¡Adiós! -dijo mi padre cerrando la puerta.

         Empecé a preparar mi desayuno. Me hice unas tostadas, y me tome un zumo de melocotón. Puse las cosas en la encimera de la cocina y me senté en una silla. Mi madre se acercó descalza trotando como un caballo y se llenó medio vaso con café mientras me miraba y se reía.

-A tu novio le va a encantar ese vestido. -dijo mirándolo.
-¿Tu como sabes si tengo o no novio? -dije sorprendida por lo que acababa de decirme.
-Yo lo sé todo Jess. -dijo riendo.
-No, no, espera, Ryan no es mi novio. Solo me va a enseñar a tocar la guitarra. -dije por lo que quiera que estuviera pensando. 
-Oh, Jess no hace falta que me lo ocultes. -dijo con la taza de café entre las dos manos.
-Mamá, por favor que te digo que Ryan no es mi novio. -dije algo irritada.
-Está bien, pues quiero conocer a tu novio. ¡Sería divertido! -dijo mi madre yendo hacia el salón otra vez.
-Se llama Adam. -le dije mientras me dirigía a la puerta.
-Jessica. -me llamo cuando abrí la puerta para irme.
-¿Qué pasa? -pregunte.
-La guitarra. -respondió riendo en el sofá.
-Ui, sí, casi me la olvido. Gracias mamá. -le dije antes de bajar a mi habitación otra vez y coger la guitarra.

         Al acercarme a las escaleras para subirlas después de habr cogido la quitarra resbale y no sé de qué manera me clave la barandilla de hierro entre las costillas. Me quede un momento flipando debido al golpe. Me levante como pude y subí las escaleras. Me asegure de poder respirar bien. Me dolía, pero era soportable. Eso sí, si me lo tocaba veía las estrellas.

-¿Jessica que te ha pasado? -pregunto mi madre.
-Me he dado con la barandilla entre las costillas. -dije poniendo una mano en la zona dolorida.
-¿Quieres que te lleve al médico? -pregunto mi madre preocupada.
-No tranquila, si no me lo toco no me duele. -le dije para que se quede más tranquila.
-Está bien, ve, a ver si haces algo de provecho con la guitarra. -dijo sonriendo.
-Sí, adiós. -dije al cerrar la puerta de la entrada detrás de mí.

         Salí a la calle y mire en el móvil la dirección de la casa de Ryan. Sabía que zona era, cerca del instituto privado. Podía ir a pie, así que me colgué la funda de la guitarra al hombro, y empecé a caminar.  Hacía mucho que no tocaba nada con la guitarra. Desde que mi tío me la regalo ara un par de años. Aunque en realidad la idea fue de mis primos. Estaba muy unida a ellos,  hasta hace un año. Se fueron a vivir al extranjero, y no regresaran hasta dentro de un año más. Con mi prima sigo hablando bastante seguido. Pero de mi primo no es gran cosa. Es mayor que nosotras, aunque lo extraño muchísimo. Mi prima era como una amiga más para mis amigas y yo. Nos sentó fatal que se tuvieran que ir. Pero con mi primo, siempre me he divertido, al ser mayor siempre me ha cuidado. Nosotros tres en especial estábamos verdaderamente unidos. Daria cualquier cosa para que regresaran, llevábamos casi un año separados, y la verdad luego de estar toda la vida juntos, otro año más sin ellos me va a costar mucho.

         Unos minutos más tarde pase cerca del instituto privado y volví a mirar la dirección. Estaba a dos calles de su casa. Camine un poco más y enseguida la encontré. Era una casa de color beige, con techos oscuros. Presione el timbre una vez y mire la hora. Eran las nueve y cinco, a lo mejor me he equivocado de casa. Unos instantes después Ryan abrió la puerta.

-Hola nena. Entra está abierto. -dijo refiriéndose a la puerta del patio.


CAPÍTULO 30:


“-¡Hola Ryan!
-Hola nena, ¿Qué tal?
-¿Ahora soy tu nena? -reíamos juntos hasta que el me respondió
-Escúchame Jess, me tienes que hacer un favor.
-Claro, lo que quieras.
-Dime, ¿Te seria mucho problema venirte a mi casa mañana? Me ha surgido un problema.
-¿En tu casa? Si claro, envíame la dirección cuando puedas. ¿Pero ha pasado algo?
-Vale ahora te la envió. Ehh... Se podría decir que me sería más fácil que vinieras a mi casa que si tengo que ir yo.
-¿Más fácil en tu casa? No te entiendo. -dije riendo.
-Mañana te lo explico, tranquila.
-Está bien, hasta mañana, cuídate.
-¡No te olvides la guitarra! –dijo riendo
-Si no la llevara no tendríamos nada que hacer, a no ser que tengas otra. –le dije bromeando.
-Tienes razón, pero solo tengo una guitarra.
-Tranquilo la llevó yo. Pero el chico que me enseña es más importante.
-Puede, ¿Entonces te vienes a casa?
-Sí, claro, vale, te veo mañana.
-Adiós nena. -dijo riendo.”

-¿Quién era? –dijo Adam con un tono de voz raro, creo que habría entendido mal algo escuchando solo mis respuestas, así que se lo explique bien.
-Ryan, un amigo, me va a dar clases de guitarra. Quedamos en que vendría a casa pero me ha pedido que vaya a la suya por algún motivo. Te llevarías bien con él, enserió es muy buena persona.

         Adam vacilo por un momento y giro la cara evitando mi mirada. Me incorpore un poco, y lo mire.

-¿Qué pasa? –le pregunté.
-Nada. –dijo todavía sin mirarme.
-Ah vale, ya lo entiendo.
-¿El qué? –me pregunto mirándome con cara de pocos amigos.
-Estás celoso. –dije riendo.
-Que va, solo pienso que es un poco joven para ser tu profesor. ¿No crees? –me dijo
-¡Y tu como sabes la edad que tiene! –proteste.
-Lo acabo de ver en la foto que has puesto al guardar su número. –me dijo apretando la mandíbula.

         A ver, por un lado tiene razón, es joven, pero tiene diecisiete años igual que él, no sé de qué se queja. Pero la foto que había puesto no me ayudaba mucho en estos momentos. Era del día que lo conocí en la playa con las chicas. Salíamos en bañador, y él me tenía en brazos. La foto nos la había sacado Kat, hicimos bastantes fotos ese día, y la puse porque me pareció divertida.

-Ryan es un amigo, no intentaría nada sin preguntarme antes. –dije indignada.
-¿Cómo estas tan segura, acaso de te lo ha dicho? –pregunto vacilante.
-¡Adam por favor! –dije enfadada.
-¿Qué? –pregunto bruscamente.
-No hay absolutamente nada entre él y yo. Es la mejor persona del mundo, nunca haría nada así, nunca me haría nada malo, ni cualquiera de las cosas que estés pensando.  –le explique casi que en tono de súplica pero no se dignó a contestarme.
–Vamos, Adam, ei, no quiero que te enfades. -le dije mientras me acurrucaba encima suyo.
-Lo siento, es que... -no acabó la frase pero me envolvió en un abrazo.
-Está bien, no hablemos de eso. -le pedí.
-Es tarde. ¿Quieres ir a casa? -me preguntó.
-Vale, sí. Estoy cansada. -Admití.
-Vamos. -dijo mientras se ponía en pie.
-Baja tú primero. -le pedí.
-Está bien.  -dijo mientras bajaba por la rama.

      Luego, bajé yo. Adam me cogió cuando estuvo en el tronco del árbol para ayudarme a bajar. Pero me cogió justo por el sitio que me dolía. Hize un ruido con la garganta debido al dolor, pero apenas se notó. 
-¿Pasa algo? -preguntó Adam que pareció darse cuenta.

-No tranquilo. -mentí cuando recordé el mensaje de Charlie.
-Vale, espera, bajare yo primero.

         El bajo poco a poco y cuando tocó el suelo bajé yo. Antes de poder decirle nada para que no me cogiera ya lo había hecho. Esta vez sí que me dolió y Adam se dio cuenta.

-¿Jess que te pasa? -me preguntó preocupado.
-Nada vámonos. -le pedí empezando a caminar.
-Jessica no estás bien, ¿Que te ha pasado? -me preguntó siguiéndome.
-No es nada, tranquilo. -mentí una segunda vez.
-¿Y porque te duele sí hago esto? -me preguntó apretando en el sitio de la espalda que me dolía provocando que me retorciera hacia un lado.
-¡Ah! Para. -le pedí.
-Lo siento, Jess... ¿Me lo vas a explicar? -me preguntó mientras me miraba con esos ojos verdes tan bonitos.
-Sí...Esto...«Piensa Jessica, piensa» Fue mi hermano pequeño. -le dije.
-¿Cómo te hizo tanto daño? -me preguntó con curiosidad.
-Me tiro una piedra. -mentí una vez más.
-¿Te duele mucho? -me preguntó sintiéndose culpable por haberme hecho daño.
-Sólo sí me lo tocó. -le dije.
-Lo siento... -dijo dándome un abrazo.

         Apoyé la cabeza en su pecho, y me sentí muy mal por estar mintiéndole, pero sería mucho mejor así.

-No lo sientas. -le respondí.
-Volvimos caminando por el mismo camino hasta casa dejando atrás aquel lugar.

CAPÍTULO 29:


         Traspase la mata de ramas como pude e intente que no se me enchanchara ninguna en el pelo. Ahí adentro la luz de la luna iluminaba muy poco. Solo llegaba a las ramas y hojas más altas del enorme árbol. Ahora estaban tranquilas, ya que no corría esa pequeña brisa de antes. Cada vez que veía ese árbol me parecía maravilloso aunque la vez anterior. Las ramas eran muy gruesas, supongo que las más grades que he visto en mi vida. Y las ramas más finas que salían de las más gruesas estaban llenas de unas finas hojas de un color verde oliva muy claro. Eran suaves al tacto, y muy muy pero muy finas. Me encantaba ese árbol, no sé porque pero tenía algo que me maravillaba siempre que lo miraba. Este sitio era asombroso, como si estuviera viviendo mi propio cuento de hadas y también tenía lo que todos los cuentos de hadas, un príncipe azul. Que por cierto apareció justo en ese momento de entre la pared de ramas. Se acercó y se puso detrás mío me apretó a él trinado de mi cadera hacia atrás. Tuve que soportar el dolor del moratón que Jacob me había dejado ahí también, pero no le dije nada. Luego se puso a darme besos allí donde sus labios llegaban. «A este se le va la pinza» pensé mientras me aguantaba la risa.

-¿De qué te ríes? -me susurro curiosamente.
-De ti. -dije mientras me giraba y con un brinco saltaba encima suyo.

         Le rodee el torso con las piernas para no caerme y me cogí a sus hombros para asegurarme de no caer. Él me sujeto las piernas con sus manos, yo le di un beso pero tuve que interrumpirlo debido a mi risa. Las manos de Adam subieron por mis piernas demasiado para mi gusto mientras me pregunto:

-¿Y ahora que te da tanta risa? -me pregunto mirándome con ojos dulces y una sonrisa algo picara.
-Aparta tus manos de mi trasero. -le dije mientras me ponía en pie y el estallaba reír  como yo.

         Me di la vuelta y me dirigí hacia el tronco del árbol.  La corteza era extremadamente dura y gruesa. Tenía macas en forma de espiral, por todo el tronco. Quería subir por ese árbol, por el simple hecho de subir. No tenía una razón específica, lo quería hacer y ya está. Me quede observando el tronco buscando  Alguna abertura, o sitio en el que poder cogerme para subir.

-¿Pero qué haces sobando al árbol Jessica? -me pregunto Adam ahogando una risa.
-Voy a subir. -le dije mientras empezaba a escalarlo poco a poco.

         Subí unos dos metros y luego baje la mirada para preguntarle a Adam si subía con migo. Él estaba abajo mío y me contemplaba mientras reprimía una sonrisa mordiéndose el labio inferior. En ese momento me di cuenta de a donde se dirigía su mirada. «Otra vez» pensé.

-¿Porque ahora tienes tal obsesión por mi trasero? -pregunte algo malhumorada.
-No hay ninguna obsesión. -me responde riendo mientras se cogía al árbol para subir y reía de mi pregunta.

         Llegue a la parte de arriba de donde salían las ramas más gruesas y me pude poner de pie perfectamente. Como el tronco del árbol era muy grueso, la parte de ahí arriba también lo era. Entraban muchas personas allí, a lo mejor incluso una diez. Un par de segundos después Adam ya había subido también. Todavía había un montón de hojas y ramas encima de nosotros.
-Subamos un poco más. -le pedí mientras me cogía a una de las ramas más gordas que tendría unos tres metros de diámetro. 

-Como usted desee mi señora. -dijo en un tono agradable y gracioso.

         Seguí subiendo por aquella rama ligeramente inclinada hacia un lado. Hasta que vi unos metros más arriba una parte donde llegaba la luz de la luna.

-¡Adam, mira, ven! -le dije mientras subía hacia allí.

         Al llegar ahí me senté en la gruesa rama y mire hacia arriba. El cielo negro estaba totalmente cubierto de estrellas. Adam me siguió, se acomodó y se tumbó a mi lado. Me acurruque a su lado mientras mirábamos hacia arriba. Hoy el cielo estaba lleno de estrellas, eran como las luciérnagas volando, pero en vez de doradas esta vez plateadas.

-¡Bonito eh! -dijo Adam.
-Mucho. -dije enredando mi mano a la suya.
-Jess... -dijo Adam antes de que le interrumpiera el sonido de mi móvil.

         Me saque el móvil del bolsillo del pantalón y mire de quienes eran los mensajes. Eran los dos de Charlie.

  •    Oye Jess, tenemos que hablar de lo del otro día. No le digas nada a nadie, por si un caso.

         Se refería al incidente con Jacob, y la verdad sería mejor si nadie se metía en ese asunto. Por esa misma razón me llevaba maquillando la magulladura de la muñeca para que nadie me preguntara y se preocupara.

   Ø   Sí, yo pienso lo mismo, ya hablaremos.

-¿Que paso el otro día? -me pregunto Adam.

         «Dios, se me había olvidado que él también estaba leyendo los mensajes» -pensé.

-Nada una tontería. -mentí intentando que se lo creyera.

         Antes de que pudiera contestarme nada, me sonó el móvil, pero esta vez era una llamada de Ryan.