Introducción:

Jess ya es toda una adolescente, tiene un montón de amigas y conoce a mucha gente seguidamente con la cual se lo pasa genial. Ella nunca ha estado interesada por los chicos. Hasta que uno con que nunca había sido muy cercana pasa a ser una de las personas mas importantes de su vida. Pero... Inesperadamente, a causa de un enorme mal entendido las cosas se tuercen y este chico se aleja de todos si dejar rastro. De golpe, un nuevo chico aparece en la vida de Jessica, una loca noche de fiesta. Ella cree que sigue queriendo a aquel primer chico pero... ¿Si él ya no esta aquí, qué le impide comenzar una nueva vida? El problema vendrá cuando su primer amor, reaparezca en un momento de los mas inoportuno.

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CAPÍTULO 37:


         Hoy es miércoles, el día de mi cumpleaños, hoy cumplo los dieciséis. Me preparo para lo que pueda habérsele ocurrido a mi madre hoy. No sé bien que esperar, así que estoy algo nerviosa. Me acabo de peinar, vestir, me maquillo la muñeca y subo al salón. Mis padres están viendo la televisión, al verme me felicitan y me uno a ellos mientras me tomo una taza de café y luego la pastilla que me habían recetado en el hospital.

-Jess, tu regalo de cumpleaños aún no ha llegado. –dijo mi madre.
-Mamá ya os dije que no hacía falta nada del otro mundo. ¡Eh! –les recordé.
-No he podido contener a tu madre, pero de todos modos te encantará, ni te imaginas…-dijo mi padre.
-¡Shhhh! –le dijo mi madre amenazándolo con la mirada. – ¡Ni una palabra más! –le advirtió ella escondiendo una sonrisita.
-Está bien, la verdad, no tengo ni idea de que puede ser, buen trabajo mamá. –la felicite, y pareció muy alagada por lo que quiera que fuera mi regalo.
-¡Madre mía que ilusión! –dijo mi madre dando saltitos mientras yo y mi padre reíamos.
-¡Bueno, pues hasta luego! –dije cuando Kat tocó el timbre para que salga para ir al instituto.
-¡Adiós! Pásatelo bien. –dijo mi padre antes de que yo cerrara la puerta detrás mío.
-¡Felicidades Jessica! Mira lo que te he traído. -dijo Kat sacando un paquete envuelto en papel de regalo rojo del bolsillo.
-Ui, que será que será…-dije mientras lo abría.

         Abrí el paquete en dos segundos rompiendo el papel en tres cachos, dentro, había un brazalete negro, con mi nombre grabado en plata.

-¡Por dios, Kat! ¡Qué bonito! –le dije, luego le di un abrazo.
-Me alegro que te guste. –dijo sonriente. –Venga vamos, que llegaremos tarde como de costumbre.
-Está bien, gracias de nuevo. –le dije sonriente poniéndome el brazalete otra vez.

         El día paso muy rápido, en cuanto a lo que me paso ayer con los chicos, he decidido no comentárselo nada a nadie, simplemente, para no preocuparlos. Adam decidió hacer público lo nuestro en seguida. Al verlo en los pasillos se acercó a mí y me besó delante de quien quiera que estuviese mirando, y luego me felicito por mi cumpleaños. Las chicas se alegraron por nuestra relación, aunque algunas como Olivia parecían estar muy molestas. En fin, es su problema no el mío.

         Al tocar el último timbre que indicaba la hora de irse a casa, espere a que Kat recogiera las cosas de su taquilla para irnos juntas caminando a casa.

-Oye Kat tengo que explicarte una cosa… Algo que me paso ayer. –le dije mientras salíamos del instituto, pero en ese momento Adam.
-¡Hola Adam! –le saludo Kat. -¿Si, que decías Jess? –me pregunto luego.
-Em…Esto…Pues no me acuerdo. –mentí, ya que prefería explicárselo cuando estemos solas. Además también tenía pensado explicarle el incidente con Jacob, pero ahora parecía no ser el mejor momento.
-Jess que mala memoria. –dijo Adam pasándome su brazo por encima del hombro.
-Eh, tú, yo la he visto primero. –Bromeo Kat rodeándome la cintura con su brazo mientras reíamos.
-Pero se me corto la risa en seco cuando por accidente Kat me toco los sitios que me dolían de la espalda. Se dieron cuenta pero fingí con una tos bastante creíble y seguimos hablando de otra cosa por el camino.
-¿Jess que te parece si hacemos algo para tu cumple? –pregunto Kat.
-Bueno,…-Adam me interrumpió con un ruido sordo que provenía del interior se su garganta mientas miraba a Kat apretando las mandíbulas.
-¿Qué? –pregunte yo curiosamente.
-Da igual. –dijo Kat riendo.
-Está bien, vosotros dos. ¿Qué me estáis escondien…? -me calle en seco al ver un coche blanco con aspecto muy caro enfrente de mi casa.
-¿Qué pasa Jess? –pregunto Adam preocupado.
-Katia… El coche… Es blanco… Mi cumpleaños… Mi madre… -no me salían las palabras el cerebro me iba a mil por hora.
-Jess, no creo que ese coche sea para ti. ¿No te parece una barbaridad? –me dijo Adam algo confuso.
-No, claro que no, no es suyo. –dijo Katia al darse cuenta de quién era el coche también.
-¿Se puede saber qué pasa? –pregunto Adam al vernos seguramente blancas a las dos.
-No puede ser… Venían el año que viene… -empezó a decir Kat cuando yo me hacer que al coche, se me empezaron a caer las lágrimas de emoción.
-Jessica, apártate de ese cacharro solo falta que suene las alarmas y tenga que venir su dueño. –dijo Adam.
-Hola Felicidades Jess. –dijo una voz de alguien que estaba acercándose a nosotros saliendo de  mi casa por la puerta principal.

         Era mi prima, Abie, de dieciséis años también. Llevaba el pelo suelto de un color marrón oscuro. Sus ojos eran de un color miel muy bonito, siempre los había tenido así. No aguante ni un segundo más y me hacer que a ella corriendo y la abracé. Luego vino Kat con una sonrisa enorme a saludar a Abie. Hacia un año que no nos veíamos, y ahora estaba aquí, delante mío.

-Hola, yo soy Ad…-Intento presentarse Adam pero estaba tan nerviosa que lo interrumpí sin hacer caso a nada más.
-¡¡Abie!! ¡¡Donde esta!! ¡Has venido con él, dime que sí! ¡Tengo que verlo, por favor! –le suplique cogiéndola por los codos.
-No puede ser… -dijo Kat. – ¿Has venido con él también? –pregunto sorprendida.
-¿Con quién? –pregunto Adam.
-Con Austin. –le explico Katia.
-¿Qué Austin? –preguntó Adam seguramente entrando en su fase de celos, pero lo ignore.
-Abie, lo tengo que ver por favor, apenas me pude despedir de él… -dijo yo otra vez.
-Jessica, me puedes explicar quién co… -alguien lo interrumpió.
-¿Me buscabas Jess? –dijo una voz masculina procedente de la puerta de la entrada.


         Me gire de repente sabiendo quien había dicho eso exactamente. Era mi primo, Austin. Ha sido toda la vida como el hermano mayor que nunca tuve. Empecé a llorar al verlo, la alegría y la desesperación me invadieron de nuevo. Nunca me imaginé que lo vería aquí otra vez, y mucho menos el día de mi cumpleaños. Pero ahí estaba él, un metro ochenta, pelo cobrizo liso bien peinado, unos ojos iguales que los de su hermana, todo igual que siempre, menos una sola cosa, había echo mucho ejercicio, se notaba en los músculos de los brazos. Vestía con una camiseta de tirantes de basquetbol y unos pantalones de chándal por la rodilla negros. Salí disparada, y me abalance sobre él de inmediato gritando su nombre.

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