-Tenéis
razón, y también os podéis cuidar solas, no pasa nada por mi bien. -respondió
mi madre tranquilamente.
Todas nos tranquilizamos unos segundos
mientras nuestro cerebro asumía que mi madre había dicho que sí.
-¡Guay!
¡Genial! ¡Gracias! ¡Nos lo pasaremos genial! –esos fueron unos de los tantos
comentarios que gritamos tan contentas. Pero claro…Ahora falta que a las demás las dejen venir. De repente
sonó el móvil de Katia con una música de Jessie J.
Stomp, Stomp
I’ve arrived
Drop the
Beat, nasty face.
Why ya
lookin’ at me?
-¿Hola?
–pregunto Katia al ver un número desconocido. –Se ha cortado-dijo seguidamente.
-Bueno,
chicas ya son las siete, deberíamos ir yendo a nuestras casas. –dijo Betty.
-Sí
vamos –dije yo mientras nos dirigíamos a la entrada para coger nuestras cosas.
-¡Chicas!
–dijo mi madre, yo esperaba que no hubiera cambiado de o piñón repentina mente.
-¿Si?
–respondí yo.
-¡Os
ha quedado muy bonito el trabajo, pasároslo bien!
-¡Claro,
gracias lo haremos! -respondió rápido Vanessa mientras yo subía arriba a por
mis cosas.
-¡Hasta
mañana! -dijeron las demás.
Salimos de mi casa y nos dirigimos a la
de Betty que está a un par de casas de la mía. Convencimos a su madre, al salir
de su casa fuimos a la de Katia donde también convencimos su madre. Nos costó
más convencer a la madre de Vane, pero llamo a mi madre estuvieron un rato
ablando por teléfono, demasiado tiempo. Pero al final nos dijo que sí. Tardamos
un buen rato pero a las ocho de la tarde ya todas teníamos las cosas en
nuestras mochilas y nos dirigimos a la casa de Pixie. Fuimos caminando mientras
charlábamos y nos proponíamos el plan de esta noche.
-¡Ey!
¿Y si cocinamos unas patatas fritas y unas hamburguesas? –pregunto Vanessa con
cara hambrienta.
-Por mi bien –dijo Pixie
-¿Oye
y que aremos con Olivia? –pregunto Katia.
-¡Pssst...!
¡Eso lo planeamos luego con Kevin…! -dije riendo.
-¡Sí
claro mi primo para eso es el rey, os lo aseguro! –dijo Pixie.
-Y…
¿Qué hacemos luego? -pregunto Vanessa.
-Pues
no lo sé… ¿Y si miramos cosas en los ordenadores? –dijo Betty
-¡Sí,
y podemos ver otra película! –dijo Pixie.
Y
si… ¿nos pintamos las uñas? -dije yo mientras pensaba más cosas en las que
entretenernos.
-¡Sí!
¡Guay! –dijo Kat sonriendo.
En
un par de minutos llegamos a casa, nos tiramos toda la tarde yendo de casa en
casa. Al entrar a casa de Pixie se escucharon voces que gritaban y reían. Para
llegar a la habitación de Pixie teníamos que ir al comedor y subir unas
escaleras. Las escaleras llevaban a una guardilla por donde se puede ver el
comedor. Ahí arriba hay un pasillo que lleva a las habitaciones.
Así que un poco intrigadas, todas nos dirigimos al comedor y encima
de la mesa estaban estudiando y escribiendo Kevin y un chico de primero de
Bachiller que ya había visto antes en algún lugar, pero con el que todavía no
había hablado.
El chico tenía una voz grave, pelo castaño y ojos marrón oscuro. Iba
vestido con una camisa roja muy moderna, llevaba las mangas arremangadas por
los codos, y unos tejanos oscuros. Llevaba unas deportivas rojas, que me
sonaban familiares, tenía el pelo corto y bien peinado. Kevin levanto la mirada
y sonrió, pero el chico de su lado tuvo que girarse para ver qué había detrás
de él.
-Hola
–dijimos todas esperando a que ellos contesten.
-¿Os
han dejado a todas? –preguntó Kevin curiosamente.
-Sí,
nos ha costado pero nos han dejado quedarnos aquí esta noche. –dije yo mientras
aquel chico nos seguía mirando.
-Hola,
soy Andy –dijo el chico aquel mientras se levantaba para saludarnos.
-Estas
son Kat, Betty, mi prima Pixie, Jess y
Vanessa. –dijo Kevin acercándose a nosotras.
-Encantado.
–dijo Andy mientras sonreía.
-Bueno,
nosotras vamos para arriba, ahora venimos. –dijo Pixie tranquilamente.
Subimos todas arriba por las escaleras,
de mientras los chicos se volvieron a sentar en sus sillas. Recorrimos el
pasillo y nos dirigimos a la habitación de Pixie, a dejar nuestras cosas.
Mientras subíamos vi que Kevin le decía algo a Andy mientras le daba un codazo,
Andy se rio y dirigió la mirada hacia su libreta. No había escuchado lo que
decían así que me quede sin entender nada.
A los minutos volvimos a bajar y los
chicos estaban recogiendo todo lo de la mesa. Eran las ocho y media, Kevin
propuso de comer algo, y todos coincidimos en que teníamos que cenar.
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