Recogimos
todas las cosas del suelo, guarde mi móvil y cogí las bolsas de ropa que
habíamos comprado. Le devolví a Vanessa el paquete de chicles que me había
dejado, y empezamos a caminar. Y no podía disimular el frio que tenía, así que
Charlie me coloco su chaqueta de color azul en mis hombros, y se lo agradecí.
Adam empezó a rezongar, ya que estaba molesto por la buena acción de Charlie.
Nos subimos a la furgoneta y Adam encendió la calefacción. Cuando estábamos de
camino Charlie pregunto a Adam que se sentaba a su lado:
-¿Desde cuándo las conoces?
-A Jessica desde hace un par de
meses.
-Sí, pero a mi madre nunca le ha
gustado verme con nadie desconocido, pero aunque Adam no lo sea, es un chico y
es mayor que yo, así que si mi madre me ve con el creo que me mata. –dije yo.
-Jajajaja -Charlie se reía a
carcajadas mientras frenaba la furgoneta.
-¿Por qué paras tío? –pregunto
Adam.
-Por lo que ha dicho Jess, si su
madre la ve con sus amigas volviendo a las dos de la mañana con chicos mayores,
dudo yo que las volvamos a ver. –le explico Charlie.
-Tienes toda la razón. -dijo
Pixie.
-¿¿Vas a dejar que se vallan
caminando hasta su casa?? –grito Adam alterado.
-Chaval tranquilízate, su casa
está ahí. –dijo Charlie señalándola con el dedo.
-Oh… ¡¿No lo sabía vale?! -protesto Adam rezongando de una forma muy
divertida.
Todos
nos reíamos de lo ocurrido, bajamos por el lado derecho del coche, yo fui la
última. Le devolví la chaqueta a Charlie y le dije a Adam luego de darle un
beso en la mejilla:
-¡Tranquilo! ¡Otro día te dejo
que me dejes tu chaqueta!
Cuando
cerré la puerta del coche vi atreves del cristal negro que Charlie le daba un
codazo a Adam y reía. Estaba claro que esos dos sabían algo que yo no, también
vi a Adam sonreía y reía. Los saludamos y nos fuimos caminando hasta llegar a
casa, busque en mi bolso y en todas las bolsas la llave de mi casa, pero no
aparecía. Tampoco queríamos tocar el
timbre porque mi hermanito dormía, ya era la una menos cinco minutos, y no
teníamos ni idea de que hacer. Vi a los chicos que se acercaban con la
furgoneta de color negro asía la puerta del patio de mi casa. Charlie estiro la
mano le dio a las llaves a Pixie, y Adam dijo:
-Lo siento, te las habías dejado
en el césped, me las guarde pero se me olvido dártelas.
-¡Menos mal! -exclamo Vanessa
-¡Ahora, iros no quiero que os
vean aquí! –dije yo
-De acuerdo. –dijo Charlie.
-¡Hasta otra! -dijeron Katia y
Pixie a la vez.
Los
chicos se miraron, sonrieron, Charlie soltó el freno y se fueron alejando
silenciosamente con la furgoneta. En ese momento me preocupe de no volver a
verlos. No sabía dónde iban y… Adam se iba a mudar. Y lo único que tenia de ellos
era su número de teléfono. –
-¿Entramos? –pregunto Katia mientras estaba embobada con las
estrellas.
-¡Sí, claro! –respondí mientras
Pixie me daba las llaves.
Cogí
mis bolsas de ropa y me volví a quedar embobada con el seto de mi jardín.
-¡¡Jess!! –Me dijo Pixie para
espabilarme.
-¡¡Si, que ya voy!! –Me enfade
por un segundo, por lo de los chicos.
-¿¿En que estabas pensando Jess??
–pregunto Vanessa
-¿Ni idea, entráis? –dije yo para
cambiar de tema.
Entramos
y mi madre estaba en el salón viendo la televisión, nos acercamos y vimos que mi madre sonreía,
instantáneamente pensé “¡Bien! ¡Nada de sermones!” le presente a Pixie, le dije
que aria un trabajo con nosotras, y si podía dormir con nosotras esta noche. Mi
madre no tuvo ningún problema, y nos quedamos charlando en el sofá un ratito.
-¡Mama! ¡No sabes lo que le ha
pasado a Kat!
-¡Shh…! ¡Que tú hermano duerme!
Baja la voz –me contesto ella.
-He ganado quinientos euros –dijo
Katia.
-¡¡Ala!! ¡¡Qué bien!!–chillo mi
madre
-¡¡Shh…!! ¿Y ahora, quien es la
que grita? –dije yo riendo.
-Lo siento, es que me había
emocionado –explico mi madre
-Tome le hemos comprado esto
–dijo Pixie dándole a mi madre un paquete que contenía su colonia favorita.
-¡Oh! Gracias no os tendrías que
haber molestado.
-¿Y todas esas bolsas? –pregunto
mi madre después.
-Ya sabes, Kat ha ganado bastante
dinero. –dijo Vanessa.
-Vamos chicas, bajar a la habitación.
–dijo mi madre contenta.
Bajamos por las escaleras, en fila recta con bolsas y más bolsas de ropa. Betty que fue la
primera en entrar encendió la luz y dejo bolsas a un lado de la puerta. Cuando
entre me dirigí hacia mi cama, saque unos colchones de abajo de ella y los
colocamos por la habitación. Pixie sacó de su bolsa a Tod, que ni me acordaba
que lo tenía y lo coloco en mi alfombra peluda de color gris claro. Nos explicó
que todo el tiempo estuvo con ella, en la pizzería, la cafetería y las tiendas.
Le daba de comer cualquier galleta que veía por ahí, y dejo la ventana abierta
para que pueda salir al exterior. Le
dije que no tenía que salir de la habitación ni hacer sus cositas por ahí, no
quería limpiar nada a la mañana siguiente.
A mi padre no le gustan nada los animales que pueden volar. En cambio le
encantas otros animales como los perros, para navidad, hace unos años, me
regalo un Beagle. Se llama Fin, es muy juguetón pero hoy le han puesto las
vacunas en el veterinario. Lo tenemos que ir a buscar mañana, ya que tiene que
pasar la noche ahí.
Cogimos unas sábanas para taparnos, les deje pijamas y nos pusimos a
dormir. Menos Tod que hacia un ruidito con sus patitas al caminar. Apague la
luz de la mesita, cerré los ojos, pero no podía dormir. Las demás se durmieron
en seguida, por algún motivo me quede despierta hasta las tres de la mañana más
o menos pero al final me acabe durmiendo.
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