-Hola
–dijo él con una sonrisa.
-Hola
–respondí extrañándome de que sonriera
-¿Qué
tal chicas? Sentaros tenemos cosas de las que hablar. –dijo él ya más serio.
Nos sentamos todos en el césped, no
teníamos mucho tema de conversación, así que para romper el hielo Katia pregunto:
-Oye.
¿Qué tenías qué decirnos?
-Em…
¡A sí! Esto… Sabéis lo que hizo Olivia ayer, pues tenía otro plan. Ella, y
su grupo de amigas, ya sabéis Mónica y
Miranda os querían tirar pintura encima cuando no estuviera la profe…
-¡Espera!
-¿tú no eras tan amigo del novio de Olivia? –interrumpió de repente Betty.
-A
eso es a lo que voy, le dije a su novio que ya se estaban pasando, que paren de
molestaros. Estuvimos discutiendo, pero no le pude hacer entrar en razón. Ahora
no somos amigos, me he cansado de él, lo único que hace es obedecer las órdenes
de Olivia. Como no entraban en razón les saque la pintura, sin que se dieran
cuanta. Pero cuando entrasteis así de despeinadas Olivia mosqueada por lo que
les hice, dio su discurso.
-Tendríamos
que vengarnos de ella –dijo Vanessa.
-Estoy
de acuerdo –contestó Katia.
-Yo
no diré nada, a lo contrario os ayudaré. –dijo Kevin
-Propio
de mi primito. –dijo riendo Pixie riendo.
-Pixie.
¿Nos ayudas? –pregunté.
-¡Claro
que sí! ¡Soy la reina de las bromas pesadas! ¿¿Os acordáis de la cara que puso
Olivia en el comedor?? –dijo provocando que todas riéramos.
Estuvimos ablando un rato y
explicándonos cosas. Kevin ya no nos
parecía el chico extraño, sin tema del que hablar, o un negativo. Era muy
divertido nos lo pasábamos muy bien todos juntos, era un buen chico. Él al rato se fue, y
nosotras nos quedamos allí tumbadas mirando al cielo. A los quince minutos
decidimos irnos a casa. Al llegar, colocamos la mesa entre todas y nos sentamos
a comer. Mis padres comerían después, y mi hermanito ya había comido así que
teníamos la mesa para nosotras solas. Nos reíamos, hacíamos bromas, y nos
pusimos a hablar de lo que haríamos por la tarde.
-¡Hey
chicas! ¿Qué os parece ir a la playa?-dijo Katia metiéndose un bocado de
macarrones en la boca.
-Mejor
vamos otro día por la mañana, a la tarde no tendremos tiempo. –dijo Vanessa limpiándose la boca.
-Y
si vamos… ¿A la piscina de mi casa? -pregunto Pixie.
-Hum…
¡Si y porque no! –dije yo
-Queda
mucho más cerca que la playa. –Asintió Betty.
-Y
podríamos estrenar los bañadores que compramos ayer. –dijo Katia.
-¡Mama!
¿Podemos ir a casa de Pixie? –le pregunte gritando
-Sí,
claro, como queráis. –respondió ella.
Cuando acabamos de comer nos dirigimos a mi habitación, cogí un
bolso de color rosa con dibujos en negro y metí ahí la crema solar, mis gafas
de sol, las chanclas, el recambio de ropa y la toalla. Las chicas también
cogieron sus nuevos bolsos, habíamos aprovechado a comprar de todo. De una en
una entramos al baño de mi habitación y nos pusimos los bikinis. El de Katia
era de color verde con mariposas negras muy bonitas. El de Vanessa era negro
con círculos de color purpura. El de Pixie de color Negro con rayas brillantes
y rosas. El de Betty de color Azul con flores blancas y el mío azul marino con
algunos detalles en plateado. Nos pusimos la ropa encima del bikini y salimos
de mi habitación. Como la casa de Pixie no quedaba lejos de aquí, nos fuimos
caminando, estaba a manzanas de mi casa, éramos prácticamente vecinas. Al llegar vimos una casa de madera, con
grandes ventanas de cristal, entramos atravesamos el salón y salimos por una
puerta corredera de cristal y nos situamos en las tumbonas de madera que habían
alrededor de la piscina. Era una piscina muy grande de unos cinco metros de largo.
Dejamos las cosas y nos pusimos la crema solar. Esperamos unos minutitos a que
la crema absorba, pero como hacia tanto calor no tiramos todas a la vez,
dejando todo el suelo salpicado. Empezamos a salpicarnos, pero todo acabo como
una guerra de agua, en la cual dos metros alrededor de la piscina quedaron
totalmente empapados. Nos pusimos todas de espaldas a la piscina, contemplando
los árboles que se movían suavemente por la brisa. Escuchamos un ruido que
provenía de la puerta corredera de cristal, seguidamente una voz dijo:
-¿Otra
vez vosotras? –nos preguntó riendo una voz muy conocida.
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