Ya son las ocho, no hemos despertado
gracias a la alarma del despertador. Justo unos minutos después, nos acercamos
a la habitación de Pixie, ellas dos ya estaban despiertas, haciendo la cama.
-¡Buenos
días! –dijo Katia que fue la que abrió la puerta justo delante de mí.
-¿Qué nos vestimos? –pregunto Betty
-Venga
chicas así aprovechamos el día –dije entusiasmada.
Tardamos pocos minutos en prepararnos
nos llevamos algunos refrescos y cosas
para picar en una neverita portátil, nuestros bolsos con toallas, crema solar,
gafas etc. Nos despedimos de Kevin aunque no contesto, ya que estaba encerrado
en su habitación probablemente durmiendo
todavía. Salimos de casa y cogimos un autobús que nos llevó a la playa,
por suerte solo tardamos unos diez minutos. Era un domingo muy soleado y
bonito, pero el calor era insoportable. Nos dirigimos caminando hacia el paseo
marítimo, pero decidimos que antes de acercarnos a la arena y el agua nos
pondríamos la crema solar. Nos sentamos en un banco, como yo fui la más rápida
así que me puse de pie delante de ellas de espaldas a la playa para esperarlas.
Decidí dar un paso hacia atrás y en ese justo momento, ¡Pum! Me había chocado
con alguien, al girarme vi a un chico no muy alto, con un pelo rubio que se
sostenía hacia arriba gracias a unas gafas de sol negras que realzaban el color
de sus ojos. Eran probablemente los ojos más bonitos que había visto en mi
vida, eran de un azul claro precioso que hacían juego con el cielo y el mar.
Del choque se le cayó el móvil que era de marca IPhone, por suerte llevaba una
funda negra que evito que se rompiera. Le pedí perdón de inmediato y él me
respondió con una voz muy agradable. Al miras a su derecha vi a otro chico de
pelo castaño bien peinado con unas gafas Rayaban de cristales azulados que
cubrían sus ojos. Y de repente al mirar justo detrás de él estaba otro chico
sin camiseta, con un bañador de color negro y verde.
-¡Hola
Chicas! –dijo la voz de Andy
-¡Ay
va qué casualidad! –dije yo mientras le daba un abrazo
-¿Qué
tal chicas? –saludo Andy a las demás.
-Cuanto
tiempo -dijo Betty en coña mientras sonreía
Los dos chicos que estaba con Andy nos
observaban con curiosidad, el chico de pelo castaño se había sacado las gafas,
y así puede ver que tenía los ojos de un color verde clarito.
-Os
presento, Jess, Betty, Vanessa, Pixie, Katia estos son Ryan y Dylan señalando
primero al rubio y luego a chico de su lado. Enseguida se acercaron sonrientes
y nos saludaron amistosamente.
-Encantado
–dijo Ryan
-¿Vosotros
también venís a la playa? –pregunto Katia
-¿Sí,
que os parece si nos quedamos juntos? –pregunto Andy después de responder a la
pregunta de Kat.
-¿Y
por qué no? –dije yo sonriendo a su propuesta.
-Por
mi bien –dijo Dylan.
-Así pues, nos fuimos caminando los ocho por la arena
hasta acercarnos al agua. Pusimos
nuestras toallas en la arena caliente y nos sentamos en ellas a charlar un rato
debajo de las sombrillas. Estuvimos hablando un largo rato de muchas cosas. Me
explicaron muchas cosas interesantes, Dylan tenía 18 años, iba a segundo de
bachiller, en el mismo centro al que iba Ryan, solo que él es un curso más
pequeño que Dylan. Curiosamente ellos tres se conocían porque estaban juntos
hasta hace un año cuando Andy se cambió a nuestro instituto. También descubrí
que Dylan tenía carnet de conducir ya que es mayor de edad. Luego que Ryan
tenía una casa cerca de la playa para pasar el verano con sus amigos, que sus
padres habían comprado cuando él era pequeño. También descubrí que Ryan sabía
tocar la guitarra española cosa que me sorprendió porque yo siempre quise
aprender. Es más, tenía una en casa que mi tío me había regalado para mi
anterior cumpleaños pero deje de practicar porque la chica que me enseñaba se
cambió de instituto. Él se ofreció a enseñarme y darme clases gratis si quería,
así que le dije que sí. Transcurrió una hora desde que nos sentamos allí a hablar, y las chicas y yo decidimos ir a
tumbarnos a tomar el sol. Así que dejamos a los chicos por allí con las cosas y
nos pusimos con nuestras toallas al sol. Me puse las gafas de sol y cerré los
ojos por la luz mientras hablábamos de cosas y tal. Mis compañeras hicieron lo
mismo que yo, ya que así estaban más cómodas. Estuvimos hablando de vengarnos
de Olivia por el mal trago que nos hizo pasar el otro día y por fin se nos
ocurrió una cosa. El plan era este: a primera hora que cada una estaba en
clases diferentes, le pediríamos al tutor de ir al baño. Entonces iríamos a
nuestras taquillas cogeríamos el bote de nata que habíamos dejado una hora
antes preparado para atacar. Luego iríamos hacia la taquilla de Olivia y se la
llenaríamos de nata por dentro, así cuando el abra le caiga todo aen la ropa. Y
como no sabría quién era el culpable y tampoco nos había visto no podría
decirnos nada. Al final, si todo salía
bien nuestro plan haría que una gran multitud de gente viera aquel desastre.
Mientras hablábamos todas en pedir de ir al baño las 8:40 un rato luego de
empezar la clase.
-De repente CATAPLAF!!!!!!!!!!!!! Los
chicos se acercaron silenciosamente donde nosotras estábamos, y nos lanzaron
unos cubos llenos de agua encima. Pegamos un grito tan fuerte que creo que nos
oyó la playa entera. Pegue un bote tremendo y observe que los chicos salieron
corriendo, Dylan se había metido en el agua, Andy estaba muy lejos como para
pillarlo y Ryan era el que más cerca estaba así que... Me abalance sobre él con
todas mis fuerzas para intentar devolvérsela por lo que nos habían hecho. Las
chicas se pusieron locas a perseguir a Andy mientras Dylan estaba medio
protegido dentro del agua. Como iba diciendo, me abalance sobre Ryan y conseguí
tirarlo al suelo, solo que luego me tropecé y caí aturdida encima suyo. Él se
empezó reír mientras esquivaba mis puñetazos, no muy fuertes que se diga,
cuando nos retorcíamos en la arena húmeda. Se me lleno el pelo de tierra, cosa
que no me importo. Pero en ese momento Andy pasó corriendo por nuestro lado
todavía huyendo de las chicas y dijo:
-¡¡¡Mirad
a los tortolitos!!!
Y
esa ya fue la gota que colmó el vaso. Ryan se puso de pie en menos de un
segundo y salió disparado como un rayo a por Andy dejándome ahí en la orilla
llena de tierra. Las chicas se detuvieron unos metros a mi izquierda mientras
que Ryan le daba una paliza de forma amistosa a Andy, a unos diez metros a mi derecha.
-¡EH!
¡Jessica! ¿Te vienes? –me pregunto Dylan que parecía reírse do todo aquello.
-¡Te
tendría que matar a ti también! –dije yo. Pero finalmente decidí irme al agua
para deshacerme de toda la arena.
Me metí en el agua estaba súper
transparente y limpia cosa que me encanta. Estuve allí nadando un rato con
Dylan, más tarde se acercaron las chicas que se habían cansado de perseguir a
Andy sin resultado. Unos minutos después también vinieron Ryan y Andy como si
nada hubiera pasado. Estuvimos allí nadando y nos lo pasamos en grande. Cuando
me di cuenta ya era la una, salimos del agua a picar algo, comimos sandia que
habíamos traído en la nevera y helado. Luego construimos en castillo de arena
enorme me llegaba casi a los hombros. Le hice fotos con la cámara que me habían
regalado para mi pasado cumpleaños mis padres.
Estaba llena de tierra así que decidí bañarme con las chicas otra vez
para sacarme toda la arena de encima. Al salir del agua unos minutos más tarde
nos juntamos con los chicos que estaban bajo las sobrillas con las toallas i
las demás cosas. Nos sentamos cada una en nuestras toallas y estuvimos
charlando y riendo un rato. Al pasar un buen rato a Ryan le empezó a sonar la
tripa, ya era la hora de comer. Nos acabamos Las últimas patatas fritas que
quedaban en la bolsa y empezamos a recoger todo. Los chicos llevaron sus cosas
la furgoneta plateada de Dylan, y nosotras nos metimos en las duchas para
sacarnos los restos de arena. Ryan y Andy hicieron lo mismo y finalmente Dylan
cuando regreso. Nos pasamos los números
de teléfono y nos despedimos. Nos dirigimos a esperar el autobús, y cuando nos
bajamos en la parada que habíamos subido cada una se dirigió a su caminando a
su casa. Pasaron unos diez segundos desde que había empezado a caminar y de
repente me gire y grite:
-¡Chicas!
¡Acordaros de la nata! –y todas empezamos a reír por separado.
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