Introducción:

Jess ya es toda una adolescente, tiene un montón de amigas y conoce a mucha gente seguidamente con la cual se lo pasa genial. Ella nunca ha estado interesada por los chicos. Hasta que uno con que nunca había sido muy cercana pasa a ser una de las personas mas importantes de su vida. Pero... Inesperadamente, a causa de un enorme mal entendido las cosas se tuercen y este chico se aleja de todos si dejar rastro. De golpe, un nuevo chico aparece en la vida de Jessica, una loca noche de fiesta. Ella cree que sigue queriendo a aquel primer chico pero... ¿Si él ya no esta aquí, qué le impide comenzar una nueva vida? El problema vendrá cuando su primer amor, reaparezca en un momento de los mas inoportuno.

Etiquetas

CAPÍTULO 27:


-¿Te apetece dar una vuelta? –me susurró Adam a la oreja.
-Sí, vamos. –respondí.

         Me incorpore, pero Adam me ganó y me ofreció la mano para ayudarme a ponerme de pie. No la rechacé, y después atravesé la pared de hojas para ir a buscar mis bambas. Ahí afuera era todo hermoso, esta vez, estaba doto en tonos negros y plateados debido a la luz de la luna. El agua de la cascada caía con aquel ruido tan relajante. Todo parecía más tranquilo, los pájaros se habían ido, y no se escuchaba nada aparte del silencio de la noche.  Mientras tenía la vista fija en las pequeñas ondulaciones del agua me acerque a donde había dejado mis bambas y me las puse.

-Sígueme. –Me susurro antes de caminar hacia el interior del bosque en dirección contraria al gran árbol.

         No dije nada y me limite a hacer lo que decía con curiosidad y lo seguí. Todo nuestro alrededor parecía sacado de un cuento de hadas. Cuando lo alcancé, puso una mano en mi estómago para frenarme de golpe. Lo mire sorprendida, pero él tenía la mirada fija en algún sitio de uno de los árboles que nos rodeaban. Al no poder ver lo que él miraba le pregunte:

-¿Qué hay?
-Mira, ahí. –me respondió señalando a la parte alta del tronco de una árbol.

         Agucé la vista pero no podía ver nada. Estaba oscuro, solo veía la gruesa corteza del árbol. Gire la cabeza de una lado hacia otro intentando ver mejor, pero no lo conseguí.

-¿Qué pasa? No veo nada. –dije intrigada.
 -Mira, ahí, ese bicho. –me dijo señalando un punto del árbol.

         Me acerque un poco más a poco a poco al árbol, para poder mirar de cerca.  Ahora sí que lo veía, era una especie de luciérnaga que emitía una luz dorada. Me acerque poco a poco al árbol y puse uno de mis dedos a su lado intentando cogerla. Me quede quieta y la luciérnaga empezó a caminar y poco a poco se subió a mi dedo. Retire la mano del árbol y empezó a caminar  por mi mano. Me acerque a Adam y puse mi mano entre nosotros dos para que pudiera verla. Aquel bicho se paseaba por mi mano tranquilamente, hasta que en un momento me empezó a subir por el brazo. Se quedó quieto en mi codo un momento, abrió las alas y salió volando de repente. Los dos miramos en dirección por donde el bicho se había ido volando tan rápido.  Antes de que Adam dijera nada seguí a aquel bicho. Camine unos cuantos metros a paso ligero observando a aquella pequeña luz dorada. Se posó en una planta, justo alado de otro bicho exactamente igual. Y los dos salieron volando otra vez hacia alguna parte del bosque. Le eche una mirada a Adam que estaba detrás mío y continué persiguiendo a aquel par de insectos dorados.

-¿Pero dónde vas? –me preguntó cuando empecé a correr detrás de ellos.
-A seguirlos.- respondí buscando a los bichos.

         Me pare en secó cuando no los vi más, pero en un momento vi unos cuantos en lo alto de una rama. Uno de ellos salió volando y los demás lo siguieron.  Continué persiguiéndolos cuando me di cuenta de una cosa. Cada vez había más, todos los árboles que nos rodean tenían dos o tres de los cuales alguno salía volando y guiaba a los demás.

-Cada vez hay más. –le dije a Adam que parecía igual de interesado que yo al ver más de aquellos bichos.
-Sí, ven vamos a seguirlos. –Me dijo mientras los seguía con la mirada.

         Empezamos a seguirlos cada vez con más interés. Estuvimos un rato persiguiéndolos y empezamos a escuchar que los bichos dorados creaban una especie de musiquita al volar juntos.

-¿Dónde narices irán? –pregunto Adam.
-Ni idea, vamos.-le respondí sin parar para no perderlos de vista.

         Continuamos un rato más caminando mientras observábamos a aquellos bichos. En un momento volaron hacia arriba y los perdimos de vista. Continuamos dando vueltas por la zona, pero no los encontramos. Me senté en el suelo para descansar y unos minutos después Adam también los dio por perdidos y se sentó a mi lado. Apoye mi cabeza en sus piernas y me tumbe para estirar la espalda que tenía encorvada. Suspire malhumorada por haber perdido a los malditos insectos.

-¿Dónde se habrán metido? –preguntó mientras me acariciaba el pelo.
-Ojala lo supiera.-le respondí.

         Me incorpore con ayuda de los brazos para darle un beso. Pero antes de que nuestras bocas se juntaran gire la cabeza rápidamente al ver una luz dorada.

-¡Corre! ¡Mira! ¡Vamos! –dije antes de darle tiempo para reaccionar.
-¿Eh? -peguntó él confundido todavía en el suelo.
 -Ven, corre he visto uno dije mientras me alejaba persiguiendo a la pequeña luciérnaga.

         Caminamos unas cuantos metros y el bicho se metió entre unos arbustos enormes que eran casi más altos que yo. Me puse a buscarlo pero no lo encontré. Rodeamos como pudimos los arbustos, y nos pusimos a caminar entre la maleza. En un momento escuchamos otra vez aquella melodía ero unas cien veces más fuerte. Perseguimos el ruido, que nos llevó hasta una pequeña explanada que donde había un gran tronco cortado a la mitad hueco. Los habíamos encontrado, habría centenares de aquellas pequeñitas luces doradas, que lo iluminaban todo. Estaban volando a nuestro alrededor, eran muchísimas y todas juntas emitían un ruido muy curioso.

-¿Las habías visto alguna vez? –le pregunté mientras le cogía la mano.
-Nunca a tanta cantidad de ellas juntas. –dijo mientras mirábamos nuestro alrededor.



CAPÍTULO 26:


         Estuvimos hablando un rato hasta que surgió algo interesante.

-Adam
-¿Qué pasa? –pregunto mientras jugueteaba con un mechón de mi pelo.
-¿Cómo supiste que todo esto estaba aquí? –pregunte mirando hacia arriba
-Es una larga historia. -dijo él.
-Tenemos mucho tiempo. –le respondí.
-¿Recuerdas la fábrica de antes? –me preguntó.
-Sí. ¿Pero qué tiene que ver?
-A eso voy. Cuando tenía unos…seis años a lo mejor, estaba muy unido a mi hermano mayor, Alec. Él para entonces tendría unos diez u once años.
-¿Y dónde está ahora? –pregunte con miedo a que la respuesta sea algo malo.
-Se ha ido a vivir a las afueras con Kate, su novia, el año que viene se va a casar. –me dijo pensativo.
-Ah, eso está bien. ¿Han tenido hijos? –pregunté.
-No, por ahora no. –me dijo riendo por lo bajo.

         Como no le pregunte nada más siguió con la historia.
-Como te decía, estábamos muy unidos, lo hacíamos todo juntos, nos lo pasábamos en grande con cualquier cosa que tuviéramos para hacer. Bueno, pues mi abuelo tenía conocidos que trabajaban ahí, o amigos no lo sé. Y algunos fines de semanas veníamos con él. Él entraba dentro o ayudaba a hacer cosas, en realidad no sé muy bien para que venía. A nosotros nos decían que jugáramos fuera. Construíamos cabañas con tablas de madera, o con lo que hubiera de material por ahí. Unos años después la fábrica cerró. Pero mi abuelo nos seguía trayendo para que jugáramos. Corto la reja para que pudiéramos entrar. Él nos ayudaba a construir cosas cuando necesitábamos ayuda o se ponía a leer el periódico para entretenerse un rato. Un día mi hermano y yo encontramos unos alicates por ahí tirandos. Nos pusimos a cortar todo  lo que veíamos. Hasta que decidimos cortar la reja de la parte de atrás de la fábrica. –hizo una  pausa y me miró. -¿De qué te ríes? –me preguntó curioso.
-Nada, sigue. –dije intentando no reírme la de historia.
-Bueno, como iba diciendo… Empezamos a hacer agujeros en la reja y poco a poco la acabamos sacando toda. Con el tiempo con cansamos de construir cosas en el terreno de la fábrica, y decidimos meternos en el bosque. Jugábamos luchando con palos, nos subíamos a los árboles o hacíamos cualquier cosa con tal de pasarlo bien. Nunca nos llegábamos a alejar mucho de allí, siempre estábamos donde nuestro abuelo nos pudiera ver.  Con los años dejamos de venir. Aunque de vez en cuando veníamos, pero ya no nos divertíamos tanto. Hace dos años decidí pasarme por aquí, simple curiosidad supongo.  Más que curiosidad supongo que era para desconectar, ir a algún sitio alejado, donde poder relajarme, no sé. Me metí en el bosque y empecé  dar vueltas. Un día cambie mi ruta habitual y llegué hasta aquí. A partir de ese día empecé a venir más seguido.

-¿Y no se lo has dicho a nadie? –pregunté.
-No. Lo prefería así. Un sitio tranquilo donde no encontrara a nadie. –respondió con la vista fija en la copa del árbol.

-¿Y porque yo? –pregunté mientras ponía de lado para poder mirarlo.
-¿Porque tú qué? –me pregunto.
-¿Porque yo, y no otra persona? –le dije. Creo que sabía de a lo que me refería pero no quería hablar del tema.
         Se lo pensó, abrió la boca para hablar pero no dijo nada. Sus ojos evitaban los míos. Finalmente me respondió.
-Eres diferente. –me dijo.
-No te entiendo. –le respondí.

         En ese momento se incorporó un poco para sentarse. Se inclinó hacia mi lado para poder mirarme. Sus ojos verdes se mostraban algo tímidos a mirarme. Tenía una mirada hacía mí que no lograba identificar. Apretaba la mandíbula y los labios dejándolos en una fina línea recta.
-Déjame intentar una cosa. Quédate muy quieta. –me pidió.

         Se acercó poco a poco hacia mí. Me cogió suavemente por debajo  de la barbilla mientras me miraba y me besó. No fue un beso muy largo, pero me aparte de él un segundo mientras pensaba. Ahora lo entiendo todo. Ha estado enamorado de mí. El guiño de la cafetería, la molestia debido a que Charlie me dejara su chaqueta, y aquella sonrisa de cuando le di un beso en la mejilla hace unos días. En ese momento también me di cuenta de otra cosa; yo también lo estaba de él. Había algo en esa sonrisa suya que me ponía nerviosa.  Cuando estaba con él era como si no me importase nada más. Me sentía bien, me sentía llena. Y me molestaba darme cuenta ahora, había necesitado que él me besara para darme cuenta. No me pude dar cuenta por mí misma, me sentía estúpida.

-Lo siento, no debería haber hecho eso. –se disculpó agachando la cabeza.
-No, no te disculpes. –dije

         En ese momento fui yo quien lo besó a  él. A él no pareció molestarle y se inclinó sobre mí haciéndome retroceder hasta él suelo. Ese besó fue casi que tres veces más largo que el primero. Él se apartó unos centímetros mirándome a los ojos.

-Jessica Miller, te amo. –dijo antes de volver a besarme.


CAPÍTULO 25:


-Está bien pero si me caigo te echare la culpa. –le advertí.
-Tú confía en mí. –me susurró a la oreja.
-Está bien. –dije mientras suspiraba.

         Cerré los ojos y Adam puso una de sus manos en mi hombro y la otra en mi cintura y me empujaba suavemente para que avanzara. Me estuvo guiando un rato que se hizo algo largo por mi paso lento a ciegas. Al principio note las plantas debajo de mis pies, las del terreno desocupado de aquella fábrica. Había piedras en el suelo, pero eran pequeñas. Y el suelo era arenoso, era un sitio abandonado hace años, donde iban a parar los restos naturales que arrastraba la lluvia hasta allí. ¿Dónde íbamos? No tenía ni la menor idea. Poco a poco el suelo de bajo mis pies cambió. Ahora era más blando, como si estuviera pisando una tierra algo más húmeda. También pisaba algo duro, serían las raíces de los árboles. Ya habíamos cruzado todo el terreno de la fábrica y estábamos adentrándonos en el bosque que había detrás. Seguí caminando poco a poco dejando que Adam me guiara, mientras me daba instrucciones cuando tenía que girar o rodear alguna cosa que estaba en nuestro camino.

 -Madre mía. ¿Es necesario? Todo esto, digo. –dije si imaginarme que me enseñaría.
-Sí. Ya casi estamos. ¿No oyes nada? –me pregunto
-¿Agua? ¿Pájaros?–pregunte.
-Sí, vale aquí está bien. –me dijo mientras me hizo parar.
-¿Puedo abrir los ojos? –pregunte algo desorientada.
-Pero con una condición. –dijo él.
-Supongo que llegados a este punto tendré que cumplirla. –dije riendo.
-Prométeme, que no se lo dirás a nadie. Será como un secreto.
-Está bien, será secreto. Nuestro secreto -dije mientras abría los ojos.

         Tenía los ojos tan apartados que al abrirlos me costó ver delante de mí. La vista se me aclaró enseguida y pude ver. Estábamos  debajo de un árbol enormemente enorme. Tendría unos diez metros de altura hasta donde llegaba mi vista, a lo mejor incluso más. Era un árbol llorón, de los que tenían ramas caídas con unas hojas finas y alargadas. Las ramas eran larguísimas, algunas llegaba al ras del suelo. Las ramas creaban una especie de círculo a nuestro alrededor. A unos metros delante de nosotros había agua, pero apenas se movía sería una especie de lago o algo por el estilo. Debido a las ramas parecía que estemos dentro de una sala redondeada. Era magnifico, parecía sacado de un cuento de hadas. Algunas ramas se movían con el aire uniformemente de una manera muy bonita. El tronco de aquel árbol también era enorme. Era muy rugoso, se retorcía sobre sí mismo, harían falta unos siete hombres para poder rodearlo con las manos. La luz de filtraba débilmente por aquella cantidad infinita de ramas y hojas. Se podían oír montones de pararos cantar por encima de nuestras cabezas. Nunca me hubiera imaginado nada así, era tan bonito que me costó creerlo.

-¿Te gusta? –pregunto Adam mientras se acercaba por detrás.
-¿Estas de broma? ¡Es genial! –dije mirando hacia arriba.
-¿Quieres ver más? –pregunto.
-¿Hay más? –dije sorprendida.
-¿Oyes eso? –me preguntó.

         Aguce el oído y pude escuchar el ruido del agua cuando se movía, como si cayera de algún lado, pero no llovía. Camine lentamente cerca del agua hasta llegar al costado de la pared de ramas. Las empuje poco a poco con las manos, y en seguida estuve en el otro lado. La luz del sol me atonto por un momento pero luego pude ver bien. Fuera era aún más increíble, el agua que se filtraba al interior del circulo de ramas, venia de ahí. Delante de mí había un lago enorme de color turquesa brillante. Era tan bonito que otra vez me costó creerlo. A lo lejos, en la otra punta del lago, había pequeñas cascadas de las que bajaba agua creando un sonido muy relajante. El lago estaba rodeado de árboles iguales al  que acababa de ver pero tenían un tamaño más pequeño. Era hermoso, parecía el paraíso. No pude contener las ganas y me descalcé y empecé a meterme en el agua hasta que me llego por encima de las rodillas. Estaba fría, pero hacía calor, así que no me molesto. Retrocedí hasta donde estaba Adam, que había salido del círculo de ramas y me puse a su lado.

-Es genial. Me encanta. –dije mirando todo aquello.
-Ven entremos un rato. Aquí hace calor. –me dijo  mientras apartaba con una mano las hojas para que pudiera pasar.
-Es verdad, aquí se está mejor. –dije mientras daba vueltas sobre mi misma desclasa por encima de la suave vegetación.

         Di unas cuantas vueltas hasta que mi pie se tropezó con una rama seca o algo del suelo y caí hacía un lado. Adam pudo cogerme justo a tiempo, antes de que me estampara contra el suelo. Estaba mareada y me costaba ver debido a la oscuridad. Notaba que los brazos de Adam me sujetaban por la espalda. Cuando pude ver algo el rostro su rostro estaba a escasos centímetros del mío.

-¿Estas mareada? –preguntó.

         Yo asentí sin decir nada mientras le miraba. Me dejo despacio en el suelo y se tumbó a mi lado. En pocos segundos se me fue el mareo y me tumbe justo al costado de Adam.

-¿Ya se te ha pasado? -me pregunto poniendo un brazo detrás se su cabeza.
-Sí creo que sí. –le respondí mientras alzaba un poco la cabeza para mirarle.



CAPÍTULO 24:


         Cogí un bolso, metí mis cosas en él y subí las escaleras de dos en dos. Antes de abrir la puerta cogí mis llaves, y le dije a mi madre que volvería a la noche. Ella no se molestó en preguntar dónde iba así que  salí por la puerta cerrándola detrás de mí. Al levantar la vista, vi a Adam espiándome fuera. Sonreía como de costumbre, con esa sonrisa tan bonita, había algo en ella que me encantaba. Sus ojos verdes me observaban mientras me acercaba a él.

-¿Qué tal? ¿Cómo llevas la mañana? –me pregunto.
-Bueno, si no tenemos en cuenta los desastres rutinarios de mi hermano, bien. –dije riendo. – ¿Me puedes decir ya dónde vamos? –le pedí entusiasmada.
-No, es sorpresa. –me respondió mientras empezábamos a caminar.
-Dame una pista. –le pedí girando la cabeza para mirarlo.
-Está bien…A ver…-accedió mientras pensaba. –Digamos que es un sitio donde nunca antes has ido. –me dijo.
-¿Nunca antes? Mira que llevo mucho tiempo por aquí. ¡Eh! –le dije mientras pensaba algún sitio al que no haya ido todavía.
-No, seguro que no. Además es un sitio…Algo apartado de aquí. –me dijo.
-Eso no vale, quiero saberlo, no se me ocurre nada. –le dije intentando darle pena.
-No te lo diré, es una sorpresa, ya lo verás. –me dijo sonriendo.
-¿Falta mucho? -pregunté
-Un poco. -dijo mientras girábamos en una esquina por donde no había pasado antes.

         Seguimos caminando y nos metimos en una zona apartada de donde apenas vivía  gente. Había viejos locales, restaurantes o tiendas cerradas con ventanas y puertas tapiadas. La carretera, era más vieja, apenas pasaban coches por aquella zona, y no había gente por las calles. Era una zona muy vieja y abandonada a la que ya nadie daba importancia.
 
-Adam. ¿Estás seguro de que es por aquí? Dudo que haya pasado alguien por aquí en años.
-Sí, tranquila se lo que me hago. –dijo medió riendo.
-Por aquí no hay nadie. –dije observando nuestro alrededor.
-Ese es el plan. –respondió mientras me observaba curiosamente.
-¿No serás un asesino psicópata o algo así no? –pregunte riendo.
-No, un psicópata escoge a la gente al azar. –respondió riendo.
-¿Eso significa que no me has escogido al azar o que eres un asesino? –le pregunte riendo.
-La segunda. –me respondió. ¿Y qué me dices de ti, eres una secuestradora de niños o algo así? –dijo riendo de mis preguntas.
-No, creo que no. –le conteste.
-Entonces no llevaremos bien. –respondió sonriendo.
-Sí supongo que sí. –dije mientras observaba una fábrica abandonada que había cerca de nosotros.
-Ya estamos cerca. –me dijo.
-¿Cerca? ¿Cerca de qué? Estamos alejados de todo. –dije mirando otra vez nuestro alrededor.
-No de todo, tú espera. –me dijo mientras miraba la hora de su móvil.
-¿Qué hora es? –pregunté.
-Casi las seis y cuarto. -me respondió con un todo de voz agradable.
-Creo que tenías razón con lo de que no había venido por aquí. -le dije.
-Por aquí -dijo girando en una calle. –Falta poco.
-¡Madre mía! ¿Dónde narices vamos? Este es el sitio más solitario en el que he estado en mi vida. –dije observando nuestro entorno.

         Seguía habiendo locales abandonados y las carreteras estaban muy destrozadas por el tiempo. Nos metimos en una callé donde el suelo era de tierra,  parecía ser un camino privado. Delante de nosotros orientada un poco hacia la izquierda al final del camino estaba la fábrica abandonada que antes había visto. Estaba rodeada por una reja de metal oxidada bastante más alta que nosotros. Y delante nuestro también habían rejas, las mismas que las de la fábrica. Fuimos caminando hasta estar delante de aquella reja toda oxidada. Adam cogió la reja y la retorció hasta arriba. Estaba rota, o probablemente cortada así que no le costó levantarla un poco.

-Las damas primero. –me dijo.

         Pase yo primera agachando un poco la cabeza para no tocar la reja oxidada. Luego paso él tan tranquilo como si lo hubiera hecho un millón de veces antes.

-Está bien ahora cierra los ojos. –me pidió. –Yo te guío.


CAPÍTULO 23:


         Al día siguiente me desperté bastante temprano, así que subí al salón y como no vi a  nadie desayune algo rapidito, y me fui a vestir a mi habitación.  Me puse un pantalón corto de chándal, y una camiseta de tirantes negra con unos dibujos blancos y las “converse” negras. Decidí sacar a pasear a Fin un rato, mi perrito. Le puse la correa, cogí mi móvil, y salimos los dos sin hacer ruido. Fin estaba muy contento ya hacía tiempo que no lo sacaba a pasear. Caminamos unas cuantas calles hasta el parque, donde me senté en un banco a la sombra y le saque la correa ya que es un buen perro y no da problemas. El parque era muy grande y a esta hora apenas había gente ahí. A lo lejos podía ver a un chico tirándole el disco a un pastor alemán y un poco más cerca, una pareja caminaba en dirección contraria a mí. Así que estaba a mi bola contemplando los árboles y las plantas que se movían con la brisa fresca que pasaba por allí. En un momento, deje de escuchar a Fin, y cuando lo busque con la mirada no estaba a mi lado. Me puse de pie y empecé caminar un poco, silbando para ver donde se había metido. Unos poco segundos después el pequeño Beagle salió de unos arbustos y se dirijo pegando alegres saltitos hacia donde yo estaba. Llevaba una cosa en la boca, era una pelota de tenis. Mire a mi alrededor y como no había nadie lo más probable es que alguien hubiera perdido la pelota o se la hubiera olvidado. En cualquier caso, se la cogí de la boca y la lance lejos, él salió corriendo tras ella. Estuvimos jugando un buen rato, hasta que me senté muerta de cansancio otra vez en el banco. Fin, se acercó dejándome la pelota a mis pies pero la aparte un poco le puse la correa y dije:

-Venga nos vamos ya jugaremos otro día.

         Fin empezó a tirar de la correa para intentar llegar a la pelota de tenis mientras yo empezaba a caminar.

-No es nuestra vamos Fin, a casa. –dije intentando que me entendiera.

         Pero él era muy testarudo, se empezó a retorcer en el suelo y a ladrar, se había enamorado de aquella pelota de tenis amarillo chillón, amor a primera vista como quien dice. Puse los ojos en blanco medio segundo y luego cogí la pelota para llevarla a casa con nosotros. Fin se puso de pie agitando la cola de un lado hacia otro con l alengua colgando hacia un lado. La pelota estaba con babas así que se la tire encima de la cabeza para que la cogiera. Pegó un salto la cogió con la boca y la llevo contento hasta casa. Al llegar entramos dentro, le saque la corea la puse en un cajón y deje a Fin suelto.  Me dirigí a la cocina y llene su bol con agua el grifo y se lo puse fuera en el patio, a la sombra. El soltó la pelota se puso a beber agua y luego se tumbó a descansar en el césped. Baje a mi habitación, y me tumbe en la cama muerta de calor. Mire mi móvil y tenía un mensaje que no había visto.

<<Adam>>
  •  Hola hermosa. ¿Dime a qué hora te va bien hoy?
  Ø  Cuando a ti te vaya bien no tengo nada que hacer.
  •  ¿A las seis?
  Ø  Siiii vale, ¿Dime dónde iremos?
  • Quiero enseñarte una cosa, tendrás que esperar a esta tarde.
  Ø ¡Está bien! ¿Entonces, pasar por aquí a las seis?
  • Sí, ahí estaré.


         Cuando me di cuenta ya eran las cinco así que me di una ducha rápida para refrescarme un poco. Me desenrede el pelo con cuidado y deje que se secara por sí solo. Me fui a mi habitación y busque algo de ropa que ponerme, no encontré nada que me gustara en ese momento así que me fui al vestidor, el cual estaba lleno de ropa que no me entraba en el armario de mi habitación. Me puse una camiseta negra de hombro caído bastante amplia y ligera, perfecta para que no me dé mucho calor. Luego me puse unos shorts con unas costuras blancas y plateadas, y mis “converse” negras.

-¡Jessica! ¿As visto a tu hermano? –me pregunto mi madre gritando desde algún lugar de la casa.
-¿No porque? –le respondí mientras me ponía en pie y salía de mi habitación.
-No lo encuentro, se ha escondido. –me dijo.

         Empecé a entrar a las habitaciones, buscándolo porque cuando Luke se esconde la lía.  En mi habitación no estaba, menos mal. Ni la de mis padres y en la suya tampoco.  <<Oh oh>> Pensé. Ya sabía dónde estaba, en el baño. Me dirigí caminando lentamente como en las películas, y abrí la puerta del baño con cuidado. Como no, mi hermanito, la había liado. Tenía en las manos unos rotuladores de colores, y estaba pintando las baldosas blancas de la pared. 

-¡¡Luke!! ¡Eso está muy mal! –le reñí sacándole todos los rotuladores de las manos.
-¡Jess! ¿Lo has encontrado? –me pregunto mi madre.
-Sí, ven, llévatelo por favor. –le pedí mientras lo cogía en brazos y salíamos fuera del baño.

         Cerré la puerta para que mi madre no viera aquel desastre cuando salimos. Ella Bajo por las escaleras, y lo cogió en brazos.

-¿Que ha hecho esta vez? –me pregunto suspirando.
-Nada, mejor no preguntes, ya lo arreglo yo. –le dije medio riéndome del desastre del baño.
-Está bien gracias Jess. –dijo mi madre algo más aliviada mientras se iba hacia arriba con Luke.

         Entre en el baño cogí unas toallitas húmedas y me puse a frotar las paredes. Eran rotuladores para niños así que no eran permanentes y por suerte los rayones desaparecieron dejando la pared como nueva. Después recogí los rotuladores del suelo y los puse en una caja.

¡Ding dong!


CAPÍTULO 22:


         Subió las escaleras como si nada cargando con migo mientras pataleaba intentando que me soltara, pero fue en vano. Cruzamos un pasillo, y el abrió una gran puerta blanca y me puso de pie. Era un baño enorme tenía una bañera con burbujas, una enorme ducha, espejos gigantes, y dos picas encima de un mármol enorme a juego con el resto. Cuando me puse en pie me tuve que aguantar con la pared, ya que me mareé por un momento.

-Casi me matas. –le dije. –Va apártate de la puerta, no me quiero duchar aquí.
-¿Ahora te quieres duchar con migo? La verdad, no te entiendo –dijo riéndose mientras yo caminaba por el pasillo.
-¿Pero qué dices? –le pregunte confundida por todo aquello.
-A ver Jess…Querida… En esta casa hay tres baños, uno abajo sin ducha, y dos aquí arriba. Sí no te duchar en este, el único que queda es el de mi habitación donde me voy a duchar yo.
-Ah… -No tuve ni idea de qué decir, acababa de meterme yo sola en una situación algo vergonzosa. –Aparta -dije mientras pasaba por su lado encerrándome en el baño.
-Hay toallas en la estantería. Ya que estas algo confusa. Si cambias de opinión mi habitación está el final del pasillo. –dijo mientras se reía de mí y se alejaba.

         Puse el pestillo intentando hacer el máximo ruido posible para que lo oyera. Sé, me escapo una risita, cuando me puse pensar lo que acababa de pasar. Me acerque a la ducha que tenía cristaleras súper brillantes, para que el agua no saliera fuera. Abrí la puerta de cristal y deje corres el agua caliente. Me saque la ropa, eche un vistazo a la puerta algo preocupada, y me metí en la ducha. En unos minutos los cristales se habían empañado total mete. Me lave la cabeza, con un champú que olía muy bien, luego me enjabone el cuerpo y me puse acondicionador en la cabeza. Me quede un rato allí sentada, dejando que el agua caliente me relajara. Cuando me decidí a ir a apagar el agua escuche una voz.

-Jess, un minuto. –dijo la voz de Charlie que venía del fuera.
-¿Eh? –dije mientras escuche a través del agua un ruido y gire la cabeza para mirar de done provenía el ruido. No me lo podía creer. ¿Cómo narices había entrado? Estaba buscando algo en las estanterías estaba de espaldas a mí y solo llevaba puestos unos pantalones. Me quede tan sorprendida que no me salieron palabras. El cristal estaba súper empañado, y no creo que me pudiera ver, pero me puse lo más alejada que pude de los cristales.

-¿¡Qué haces!? –dije alterada.
-¡He avisado entes de entrar! No mirare tranquila. –me dijo en un tonó tranquilo pese al que yo lo había hablado.
-Más te vale. –gruñí por lo bajo mientras escuchaba cerrarse la puerta.

         Me giré para comprobar sí se había ido, y cuando no vi más rastro de él apague el agua de golpe. Me escurrí el pelo, y salí poco a poco intentando no resbalar. Me acerque a la estantería y cogí una toalla para secarme. Me vestí, me desenrede el pelo con los dedos y me lo seque un poco con la toalla. Me mire dos veces al espejo asegurándome de estar completamente vestida, y no volver a ponerme en una situación vergonzosa. Me dirigí a la puerta y antes de poner la mano en el pomo, me di cuenta. ¿Cómo narices había entrado? Me había asegurado de poner el pestillo. Salí del baño y me dirigí a la habitación de Charlie. La puerta no estaba cerrada, la empuje poco a poco y mire dentro. No había nadie, ni en el baño. Salí de su habitación, y me asome a la barandilla de hierro.
-¿Charlie? –grite para que pudiera oírme.
-Estoy abajo. –dijo bastante alto como para que yo pudiera oírlo.

         Baje las escaleras intentando no caerme, y cuando llegue abajo vi a Charlie de espaldas a mí, sentado en la isla.

-¿Ya has terminado? –me preguntó antes de acabarse un botella de cerveza de un trago mientras se giraba para poder mirarme.
-Sí. ¿Dónde te dejo la toalla? –le pregunte.
-Ven dame. –dijo cuándo se puso en pie, la cogió y se dirigió por la puerta corredera de cristal hacia afuera.
         Seguí a Charlie con curiosidad, al salir, vi una enorme piscina. Muy cerca de las ventanas había otros sofás de color natural con unas mesitas en el porche. Había un par de mesas de madera con unas sillas a juego más allá cerca de una gran zona con césped donde había dos porterías de futbol. También vi una hamaca del otro lado de la piscina que se sujetaba entre dos árboles. Lo pude ver gracias a unas lámparas en forma de bola de luz  blanca que habían colocadas cada pocos metros. Charlie puso la toalla en una silla, luego se puso a mi lado y me pregunto:

-¿Te gusta?
-Mucho. ¿Sabes? Podrías dar fiestas aquí. –le sugerí.
-No es mala idea. Pero ahora vamos, te llevaré a casa. -dijo cogiéndome de los hombros para hacerme girar y entrar dentro.

         -Entre hacia adentro con Charlie el cogió la llaves de su coche y salimos por la puerta. Nos subimos al descapotable rojo, Y en unos minutos estuvimos delante  de mi casa.

-Gracias por todo Charlie. -dije cuando el paro el coche.
-De nada además, eres mi hermana ¿no? –me dijo bromeando.
-Sí, ten cuidado con la herida. –le dije antes de coger la mochila y salir el coche riendo.
-¡Buenas noches! –dijo alzando una mano para saludarme desde el coche.
-¡Adiós! ¡Ya nos veremos!


CAPÍTULO 21:


-Jess, despierta nos hemos quedado dormidos, Jessica…
-¿Eh? –Abrí los ojos, pero no vi nada, estaba todo oscuro, me incorpore y sin darme cuenta me choque con algo.
-¡Ah! Mi cabeza. -dijo Charlie.
-Ups, perdón. –dije mientras me estiraba y bostezaba quitándome la pereza de encima.
-¿Tienes hambre? No hemos comido nada. –me informo mientras me espabilaba.
-Esto…Sí vale. ¿Charlie, puedes subir las persianas? –pregunte acomodándome el pelo.
-Jessica están subidas –me dijo mientras yo no entendía nada.
-¡Eh! ¿Cómo, que hora es? –pregunte confundida, ya era casi de noche no me había dado cuenta, me había quedado dormida toda la tarde.
-Las siete y media. ¿Te parece bien que luego de cenar te lleve a casa, o prefieres irte ahora? –dijo poniéndose en pie metiendo el móvil en su bolsillo.
-Luego, tengo hambre –respondí  mientras me sonaban las tripas.
-Vale, voy a calentar lasaña, yo también tengo hambre –respondió riéndose.

         Me puse de pie, y lo seguí silenciosamente, él abrió la nevera saco una bandeja de metal y se dio la vuelta para dejarla en la isla.

-Espera Charlie. ¿Te encuentras bien? –pregunte poniendo mi mano en su frente.
-Sí, me habrá echo efecto la pastilla, tranquila. –me dijo apartando mi mano con cuidado de su cara.
-Está bien, pero tendrías que ir al médico, se te está empezando a hinchar. –le advertí.
-Eres una cabezona. –dijo él
-Lo sé. –dije mientras reíamos.

         Charlie sirvió la lasaña, la puso en platos, y la calentó en el microondas. De mientras yo me senté en una de las sillas de la isla y me puse al día con los mensajes de mi móvil.

 <<Katia>>

  •   Jess
  •   Eoooo
  •   ¡Donde te has metido!
  •  ¡¡No estás en casa tampoco!!
  •   Eoeoeoeoe!!!


Ø  Hola Kat, lo siento es una larga historia ya hablaremos.

Luego también vi que había mensajes de Adam y Ryan, al que se me había olvidado por completo responder hoy al salir del instituto.


<<Ryan>>

  • Hola Jess, ¿Te acuerdas de lo que hablamos de las clases de guitarra? ¿Te va bien este domingo? Dime algo cuando puedas.

 Ø   Perdóname, me he olvidado de responder esta mañana cuando he visto tu mensaje. Sí, el domingo no tengo nada que hacer. ¿A qué hora?
  • ¿Te va bien a la mañana, sobre las nueve?
  Ø Sí, perfecto gracias. ¿Dónde quieres que quedemos, te apetece venir a casa?
  • OK, allí estaré, te llamo antes de salir para que me des la dirección.
    Ø Vale, gracias. 


<<Adam>>

  •          Hola Jess dime, ¿Te apetece hacer algo en especial mañana?

              Ø Hola Adam, siento contestar tan tarde, em… En realidad no, donde tú  quieras.



-Ten, cuidado no te quemes. –dijo Charlie mientras me acercaba el plato.
-Gracias, mmm… ¡Qué bien que huele! –dije mientras me metía el primer bocado en la boca.
-Me alegro. –respondió mientras se estiraba y pasaba su mano por los pelos despeinados y me pregunte si yo estaría tan despeinada como él, mientras me pasaba la mano por la cabeza.
-Dime, la verdad…
-Sí, estas echa un desastre. –dijo mientras se metía un trozo de lasaña en la boca y reía.
-Gracias. –dije suspirando mientras entrecerraba los ojos.

         En un par de minutos acabamos de comer debido al hambre voraz que teníamos, recogí mi plato y lo puse en el lavavajillas.

-Huele fatal –me dijo mientras se ponía en pie.
-Ni te digo yo –respondí mientras me olía el pelo.
-¿Tienes prisa por irte a casa? ¿As avisado a tu madre?
-No, supondrá que estoy con mis amigas todavía no es tarde dije mirando la hora.
-¿Te importa si me ducho? No te vendría mal a ti tampoco –me dijo.
-¡SSsttt! No pienso ducharme contigo. –le dije vacilando.
-En ese caso te obligare. –dijo riéndose, se acercó a mi tan rápido que no me di ni cuenta, me cogió como si nada y me cargo en su hombro como a un paquete.
-¡Charlie! ¡Bájame! ¡Me vas a matar! –dije mientras reía del susto y él corria escaleras arriba.


CAPÍTULO 20:


         Unos cinco minutos más tarde aparcamos frente a una gran casa de color blanco muy moderna de dos plantas llena de cristaleras relucientes por todas partes. Al acercarnos a ella, Charlie abrió la puerta principal con una llave plateada. Entró el primero y luego de pasar yo cerró la puerta. La planta baja era abierta, era súper grande muy moderna de color blanco y con algunos detalles en negro. Tenía el techo alto y los suelos eran de una piedra marmolada muy clara. Delante nuestro había una barra de mármol a juego con el suelo que separaba el salón de la cocina. A la derecha estaba el salón con grandes sofás blancos, una mesita de cristal, una televisión muy grande y algunas estanterías con libros, discos musicales y recipientes de cristal con piedras negras en su interior para decorar. En la pared del fondo de la habitación había dos grandes puertas correderas de cristal, una en el salón y otra en el comedor. Delante nuestro estaba la cocina, con electrodomésticos de acero inoxidable, con una gran isla blanca con sillas de un pie para sentarse y mucha luminosidad. Un poco más a la derecha había una mesa blanca no muy grande, con sillas a juego. Y a la izquierda del comedor, había unas escaleras muy modernas de un cristal de color medio azul con una barandilla de hierro con un diseño muy bonito. Esa casa era maravillosa, y estaba perfectamente ordenada y limpia. Me dirigí caminando poco a poco hacia delante mientras Charlie se sentó en una de las sillas de la barra. Se apoyó sobre los codos y escondió la cabeza entre las dos manos. Una gota de sangre cayo en el blanco mármol, y como Charle no se movió me di la vuelta y me acerque a una caja de plástico blanca con una cruz roja que había en la pared encima de la barra. La abrí, en su interior había un montón de cosas, pastillas, vendas, antibióticos, alcohol… Cogí algo de algodón, el desinfectante y me dirigí hacia donde estaba Charlie y puse una silla a su lado antes de sentarme en ella.

-A ver Charlie, mírame. –le pedí intentando ver la herida y automáticamente se giró despacio y me miro.
-Au. –dijo haciendo una mueca mientras le limpiaba la herida.
-Lo siento, tienes un buen corte. –le dije intentando no hacerle mucho daño.
-¿Porque te disculpas? –preguntó antes de hacer un ruido sordo con la garganta.
-No losé, porque te hago daño supongo. –conteste algo confusa.
-¿Te duele? –me pregunto.
-¿El qué? –le pregunte. –Eres tú el herido.
-Mírate la muñeca. –me respondió haciendo otra mueca de dolor.

          Tenía la muñeca magullada, bastante colorada y algo hinchada, no sé como pero al forcejear intentando que Jacob me soltara me hice daño.

-Un poco, no es nada no te preocupes.  Ya está dije cambiando de tema y recogiendo las cosas.

         Espera, no lo cierres, pásame una aspirina. -me dijo antes de que cerrara aquel botiquín. Él estaba del otro lado de la barra abriendo la nevera, cogió una botella de agua, le pase la aspirina y se la tomo enseguida. Devolvió la botella de agua a la nevera y sacó un plástico con un líquido azul en su interior. Vino caminando hacia donde yo estaba y me lo dio.

-Ten póntelo en la muñeca, y gracias –dijo mientras me miraba de una forma rara.
-¿Charlie, te encuentras bien? –pregunte preocupada mientras él cerraba los ojo con fuerza y se apoyaba para no caerse.
-Sí, solo estoy algo mareado, se me pasara. –dijo entes de tener que apoyar el otro brazo también.
-No, no lo estas, ven. –lo cogí mientras él ponía el brazo encima de mí hombro para no caerse y lo lleve a uno de los enormes sofás. –Túmbate- le dije mientras lo miraba, él cerraba los ojos con fuerza haciendo muecas de dolor.
-Baja las persianas por favor –me pido intentando taparse los ojos para que la luz no le molestara.

         Me dirigí hacia las ventanas y le di a la tecla que bajaba automáticamente las persianas sin hacer ruido, y me dirigí otra vez al lado de Charlie.

-Gracias –me dijo apartando los brazos de encima de sus ojos y se apartó dejándome sitio en el sofá. –Ven túmbate, estas cansada se nota- dijo suspirando y haciendo una mueca de dolor. El sofá era más grande que una cama individual así que acepté, y me tumbe a su lado. La verdad sí, estaba muy cansada, me pesaba el cuerpo y me dolía la espalda. Me quede un rato con los ojos abiertos hasta que se acostumbraron a la oscuridad, ya que apenas entraba luz de fuera.
-Jess… Me susurro mientras me giraba para mirarlo. -Gracias en serio. –continuó
-De nada, te debía una. –le respondí.
-Sí, supongo. -dijo riéndose por lo bajo con los ojos cerrados.

         No le respondí, pero cerré los ojos y nos quedamos un buen rato callados descansando. Noté que el sofá se movía un poco, abrí los ojos y mire hacia Charlie. Se movía buscando una posición cómoda con los ojos cerrados. Me quede observándolo un rato. Parecía tranquilo, sin ninguna expresión en la cara, relajado. La herida que iba del centro du su nariz hacia el interior comienzo de la mejilla a penas se notaba en la oscuridad. Qué suerte que pasara por allí justo en ese momento, pensé. No sabía cómo darle las gracias por haberme defendido antes, se lo agradecía mucho.

-Charlie…-dije bajito por si dormía.
-¿Qué? -susurró el abriendo los ojos.
-Sabes eres lo más parecido a un hermano mayor que he tenido. –le dije
-Y tú a una hermana pequeña –me respondió sonriendo. –Duérmete, te hará bien. –me dijo mientras me apartaba un mechón de pelo de la cara y cerraba los ojos.