Introducción:

Jess ya es toda una adolescente, tiene un montón de amigas y conoce a mucha gente seguidamente con la cual se lo pasa genial. Ella nunca ha estado interesada por los chicos. Hasta que uno con que nunca había sido muy cercana pasa a ser una de las personas mas importantes de su vida. Pero... Inesperadamente, a causa de un enorme mal entendido las cosas se tuercen y este chico se aleja de todos si dejar rastro. De golpe, un nuevo chico aparece en la vida de Jessica, una loca noche de fiesta. Ella cree que sigue queriendo a aquel primer chico pero... ¿Si él ya no esta aquí, qué le impide comenzar una nueva vida? El problema vendrá cuando su primer amor, reaparezca en un momento de los mas inoportuno.

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CAPÍTULO 26:


         Estuvimos hablando un rato hasta que surgió algo interesante.

-Adam
-¿Qué pasa? –pregunto mientras jugueteaba con un mechón de mi pelo.
-¿Cómo supiste que todo esto estaba aquí? –pregunte mirando hacia arriba
-Es una larga historia. -dijo él.
-Tenemos mucho tiempo. –le respondí.
-¿Recuerdas la fábrica de antes? –me preguntó.
-Sí. ¿Pero qué tiene que ver?
-A eso voy. Cuando tenía unos…seis años a lo mejor, estaba muy unido a mi hermano mayor, Alec. Él para entonces tendría unos diez u once años.
-¿Y dónde está ahora? –pregunte con miedo a que la respuesta sea algo malo.
-Se ha ido a vivir a las afueras con Kate, su novia, el año que viene se va a casar. –me dijo pensativo.
-Ah, eso está bien. ¿Han tenido hijos? –pregunté.
-No, por ahora no. –me dijo riendo por lo bajo.

         Como no le pregunte nada más siguió con la historia.
-Como te decía, estábamos muy unidos, lo hacíamos todo juntos, nos lo pasábamos en grande con cualquier cosa que tuviéramos para hacer. Bueno, pues mi abuelo tenía conocidos que trabajaban ahí, o amigos no lo sé. Y algunos fines de semanas veníamos con él. Él entraba dentro o ayudaba a hacer cosas, en realidad no sé muy bien para que venía. A nosotros nos decían que jugáramos fuera. Construíamos cabañas con tablas de madera, o con lo que hubiera de material por ahí. Unos años después la fábrica cerró. Pero mi abuelo nos seguía trayendo para que jugáramos. Corto la reja para que pudiéramos entrar. Él nos ayudaba a construir cosas cuando necesitábamos ayuda o se ponía a leer el periódico para entretenerse un rato. Un día mi hermano y yo encontramos unos alicates por ahí tirandos. Nos pusimos a cortar todo  lo que veíamos. Hasta que decidimos cortar la reja de la parte de atrás de la fábrica. –hizo una  pausa y me miró. -¿De qué te ríes? –me preguntó curioso.
-Nada, sigue. –dije intentando no reírme la de historia.
-Bueno, como iba diciendo… Empezamos a hacer agujeros en la reja y poco a poco la acabamos sacando toda. Con el tiempo con cansamos de construir cosas en el terreno de la fábrica, y decidimos meternos en el bosque. Jugábamos luchando con palos, nos subíamos a los árboles o hacíamos cualquier cosa con tal de pasarlo bien. Nunca nos llegábamos a alejar mucho de allí, siempre estábamos donde nuestro abuelo nos pudiera ver.  Con los años dejamos de venir. Aunque de vez en cuando veníamos, pero ya no nos divertíamos tanto. Hace dos años decidí pasarme por aquí, simple curiosidad supongo.  Más que curiosidad supongo que era para desconectar, ir a algún sitio alejado, donde poder relajarme, no sé. Me metí en el bosque y empecé  dar vueltas. Un día cambie mi ruta habitual y llegué hasta aquí. A partir de ese día empecé a venir más seguido.

-¿Y no se lo has dicho a nadie? –pregunté.
-No. Lo prefería así. Un sitio tranquilo donde no encontrara a nadie. –respondió con la vista fija en la copa del árbol.

-¿Y porque yo? –pregunté mientras ponía de lado para poder mirarlo.
-¿Porque tú qué? –me pregunto.
-¿Porque yo, y no otra persona? –le dije. Creo que sabía de a lo que me refería pero no quería hablar del tema.
         Se lo pensó, abrió la boca para hablar pero no dijo nada. Sus ojos evitaban los míos. Finalmente me respondió.
-Eres diferente. –me dijo.
-No te entiendo. –le respondí.

         En ese momento se incorporó un poco para sentarse. Se inclinó hacia mi lado para poder mirarme. Sus ojos verdes se mostraban algo tímidos a mirarme. Tenía una mirada hacía mí que no lograba identificar. Apretaba la mandíbula y los labios dejándolos en una fina línea recta.
-Déjame intentar una cosa. Quédate muy quieta. –me pidió.

         Se acercó poco a poco hacia mí. Me cogió suavemente por debajo  de la barbilla mientras me miraba y me besó. No fue un beso muy largo, pero me aparte de él un segundo mientras pensaba. Ahora lo entiendo todo. Ha estado enamorado de mí. El guiño de la cafetería, la molestia debido a que Charlie me dejara su chaqueta, y aquella sonrisa de cuando le di un beso en la mejilla hace unos días. En ese momento también me di cuenta de otra cosa; yo también lo estaba de él. Había algo en esa sonrisa suya que me ponía nerviosa.  Cuando estaba con él era como si no me importase nada más. Me sentía bien, me sentía llena. Y me molestaba darme cuenta ahora, había necesitado que él me besara para darme cuenta. No me pude dar cuenta por mí misma, me sentía estúpida.

-Lo siento, no debería haber hecho eso. –se disculpó agachando la cabeza.
-No, no te disculpes. –dije

         En ese momento fui yo quien lo besó a  él. A él no pareció molestarle y se inclinó sobre mí haciéndome retroceder hasta él suelo. Ese besó fue casi que tres veces más largo que el primero. Él se apartó unos centímetros mirándome a los ojos.

-Jessica Miller, te amo. –dijo antes de volver a besarme.


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