Introducción:

Jess ya es toda una adolescente, tiene un montón de amigas y conoce a mucha gente seguidamente con la cual se lo pasa genial. Ella nunca ha estado interesada por los chicos. Hasta que uno con que nunca había sido muy cercana pasa a ser una de las personas mas importantes de su vida. Pero... Inesperadamente, a causa de un enorme mal entendido las cosas se tuercen y este chico se aleja de todos si dejar rastro. De golpe, un nuevo chico aparece en la vida de Jessica, una loca noche de fiesta. Ella cree que sigue queriendo a aquel primer chico pero... ¿Si él ya no esta aquí, qué le impide comenzar una nueva vida? El problema vendrá cuando su primer amor, reaparezca en un momento de los mas inoportuno.

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CAPÍTULO 23:


         Al día siguiente me desperté bastante temprano, así que subí al salón y como no vi a  nadie desayune algo rapidito, y me fui a vestir a mi habitación.  Me puse un pantalón corto de chándal, y una camiseta de tirantes negra con unos dibujos blancos y las “converse” negras. Decidí sacar a pasear a Fin un rato, mi perrito. Le puse la correa, cogí mi móvil, y salimos los dos sin hacer ruido. Fin estaba muy contento ya hacía tiempo que no lo sacaba a pasear. Caminamos unas cuantas calles hasta el parque, donde me senté en un banco a la sombra y le saque la correa ya que es un buen perro y no da problemas. El parque era muy grande y a esta hora apenas había gente ahí. A lo lejos podía ver a un chico tirándole el disco a un pastor alemán y un poco más cerca, una pareja caminaba en dirección contraria a mí. Así que estaba a mi bola contemplando los árboles y las plantas que se movían con la brisa fresca que pasaba por allí. En un momento, deje de escuchar a Fin, y cuando lo busque con la mirada no estaba a mi lado. Me puse de pie y empecé caminar un poco, silbando para ver donde se había metido. Unos poco segundos después el pequeño Beagle salió de unos arbustos y se dirijo pegando alegres saltitos hacia donde yo estaba. Llevaba una cosa en la boca, era una pelota de tenis. Mire a mi alrededor y como no había nadie lo más probable es que alguien hubiera perdido la pelota o se la hubiera olvidado. En cualquier caso, se la cogí de la boca y la lance lejos, él salió corriendo tras ella. Estuvimos jugando un buen rato, hasta que me senté muerta de cansancio otra vez en el banco. Fin, se acercó dejándome la pelota a mis pies pero la aparte un poco le puse la correa y dije:

-Venga nos vamos ya jugaremos otro día.

         Fin empezó a tirar de la correa para intentar llegar a la pelota de tenis mientras yo empezaba a caminar.

-No es nuestra vamos Fin, a casa. –dije intentando que me entendiera.

         Pero él era muy testarudo, se empezó a retorcer en el suelo y a ladrar, se había enamorado de aquella pelota de tenis amarillo chillón, amor a primera vista como quien dice. Puse los ojos en blanco medio segundo y luego cogí la pelota para llevarla a casa con nosotros. Fin se puso de pie agitando la cola de un lado hacia otro con l alengua colgando hacia un lado. La pelota estaba con babas así que se la tire encima de la cabeza para que la cogiera. Pegó un salto la cogió con la boca y la llevo contento hasta casa. Al llegar entramos dentro, le saque la corea la puse en un cajón y deje a Fin suelto.  Me dirigí a la cocina y llene su bol con agua el grifo y se lo puse fuera en el patio, a la sombra. El soltó la pelota se puso a beber agua y luego se tumbó a descansar en el césped. Baje a mi habitación, y me tumbe en la cama muerta de calor. Mire mi móvil y tenía un mensaje que no había visto.

<<Adam>>
  •  Hola hermosa. ¿Dime a qué hora te va bien hoy?
  Ø  Cuando a ti te vaya bien no tengo nada que hacer.
  •  ¿A las seis?
  Ø  Siiii vale, ¿Dime dónde iremos?
  • Quiero enseñarte una cosa, tendrás que esperar a esta tarde.
  Ø ¡Está bien! ¿Entonces, pasar por aquí a las seis?
  • Sí, ahí estaré.


         Cuando me di cuenta ya eran las cinco así que me di una ducha rápida para refrescarme un poco. Me desenrede el pelo con cuidado y deje que se secara por sí solo. Me fui a mi habitación y busque algo de ropa que ponerme, no encontré nada que me gustara en ese momento así que me fui al vestidor, el cual estaba lleno de ropa que no me entraba en el armario de mi habitación. Me puse una camiseta negra de hombro caído bastante amplia y ligera, perfecta para que no me dé mucho calor. Luego me puse unos shorts con unas costuras blancas y plateadas, y mis “converse” negras.

-¡Jessica! ¿As visto a tu hermano? –me pregunto mi madre gritando desde algún lugar de la casa.
-¿No porque? –le respondí mientras me ponía en pie y salía de mi habitación.
-No lo encuentro, se ha escondido. –me dijo.

         Empecé a entrar a las habitaciones, buscándolo porque cuando Luke se esconde la lía.  En mi habitación no estaba, menos mal. Ni la de mis padres y en la suya tampoco.  <<Oh oh>> Pensé. Ya sabía dónde estaba, en el baño. Me dirigí caminando lentamente como en las películas, y abrí la puerta del baño con cuidado. Como no, mi hermanito, la había liado. Tenía en las manos unos rotuladores de colores, y estaba pintando las baldosas blancas de la pared. 

-¡¡Luke!! ¡Eso está muy mal! –le reñí sacándole todos los rotuladores de las manos.
-¡Jess! ¿Lo has encontrado? –me pregunto mi madre.
-Sí, ven, llévatelo por favor. –le pedí mientras lo cogía en brazos y salíamos fuera del baño.

         Cerré la puerta para que mi madre no viera aquel desastre cuando salimos. Ella Bajo por las escaleras, y lo cogió en brazos.

-¿Que ha hecho esta vez? –me pregunto suspirando.
-Nada, mejor no preguntes, ya lo arreglo yo. –le dije medio riéndome del desastre del baño.
-Está bien gracias Jess. –dijo mi madre algo más aliviada mientras se iba hacia arriba con Luke.

         Entre en el baño cogí unas toallitas húmedas y me puse a frotar las paredes. Eran rotuladores para niños así que no eran permanentes y por suerte los rayones desaparecieron dejando la pared como nueva. Después recogí los rotuladores del suelo y los puse en una caja.

¡Ding dong!


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