Al día siguiente me desperté bastante temprano, así que subí al
salón y como no vi a nadie desayune algo
rapidito, y me fui a vestir a mi habitación.
Me puse un pantalón corto de chándal, y una camiseta de tirantes negra
con unos dibujos blancos y las “converse” negras. Decidí sacar a pasear a Fin
un rato, mi perrito. Le puse la correa, cogí mi móvil, y salimos los dos sin
hacer ruido. Fin estaba muy contento ya hacía tiempo que no lo sacaba a pasear.
Caminamos unas cuantas calles hasta el parque, donde me senté en un banco a la
sombra y le saque la correa ya que es un buen perro y no da problemas. El
parque era muy grande y a esta hora apenas había gente ahí. A lo lejos podía
ver a un chico tirándole el disco a un pastor alemán y un poco más cerca, una
pareja caminaba en dirección contraria a mí. Así que estaba a mi bola
contemplando los árboles y las plantas que se movían con la brisa fresca que
pasaba por allí. En un momento, deje de escuchar a Fin, y cuando lo busque con
la mirada no estaba a mi lado. Me puse de pie y empecé caminar un poco,
silbando para ver donde se había metido. Unos poco segundos después el pequeño
Beagle salió de unos arbustos y se dirijo pegando alegres saltitos hacia donde
yo estaba. Llevaba una cosa en la boca, era una pelota de tenis. Mire a mi
alrededor y como no había nadie lo más probable es que alguien hubiera perdido
la pelota o se la hubiera olvidado. En cualquier caso, se la cogí de la boca y
la lance lejos, él salió corriendo tras ella. Estuvimos jugando un buen rato,
hasta que me senté muerta de cansancio otra vez en el banco. Fin, se acercó
dejándome la pelota a mis pies pero la aparte un poco le puse la correa y dije:
-Venga
nos vamos ya jugaremos otro día.
Fin empezó a tirar de la correa para
intentar llegar a la pelota de tenis mientras yo empezaba a caminar.
-No
es nuestra vamos Fin, a casa. –dije intentando que me entendiera.
Pero él era muy testarudo, se empezó a
retorcer en el suelo y a ladrar, se había enamorado de aquella pelota de tenis
amarillo chillón, amor a primera vista como quien dice. Puse los ojos en blanco
medio segundo y luego cogí la pelota para llevarla a casa con nosotros. Fin se
puso de pie agitando la cola de un lado hacia otro con l alengua colgando hacia
un lado. La pelota estaba con babas así que se la tire encima de la cabeza para
que la cogiera. Pegó un salto la cogió con la boca y la llevo contento hasta
casa. Al llegar entramos dentro, le saque la corea la puse en un cajón y deje a
Fin suelto. Me dirigí a la cocina y
llene su bol con agua el grifo y se lo puse fuera en el patio, a la sombra. El
soltó la pelota se puso a beber agua y luego se tumbó a descansar en el césped.
Baje a mi habitación, y me tumbe en la cama muerta de calor. Mire mi móvil y
tenía un mensaje que no había visto.
<<Adam>>
- Hola hermosa. ¿Dime a qué hora te va bien hoy?
- ¿A las seis?
- Quiero enseñarte una cosa, tendrás que esperar a esta tarde.
- Sí, ahí estaré.
Cuando me di cuenta ya eran las cinco
así que me di una ducha rápida para refrescarme un poco. Me desenrede el pelo
con cuidado y deje que se secara por sí solo. Me fui a mi habitación y busque
algo de ropa que ponerme, no encontré nada que me gustara en ese momento así
que me fui al vestidor, el cual estaba lleno de ropa que no me entraba en el
armario de mi habitación. Me puse una camiseta negra de hombro caído bastante
amplia y ligera, perfecta para que no me dé mucho calor. Luego me puse unos shorts
con unas costuras blancas y plateadas, y mis “converse” negras.
-¡Jessica!
¿As visto a tu hermano? –me pregunto mi madre gritando desde algún lugar de la
casa.
-¿No
porque? –le respondí mientras me ponía en pie y salía de mi habitación.
-No
lo encuentro, se ha escondido. –me dijo.
Empecé a entrar a las habitaciones,
buscándolo porque cuando Luke se esconde la lía. En mi habitación no estaba, menos mal. Ni la
de mis padres y en la suya tampoco.
<<Oh oh>> Pensé. Ya sabía dónde estaba, en el baño. Me
dirigí caminando lentamente como en las películas, y abrí la puerta del baño
con cuidado. Como no, mi hermanito, la había liado. Tenía en las manos unos
rotuladores de colores, y estaba pintando las baldosas blancas de la pared.
-¡¡Luke!!
¡Eso está muy mal! –le reñí sacándole todos los rotuladores de las manos.
-¡Jess!
¿Lo has encontrado? –me pregunto mi madre.
-Sí,
ven, llévatelo por favor. –le pedí mientras lo cogía en brazos y salíamos fuera
del baño.
Cerré la puerta para que mi madre no
viera aquel desastre cuando salimos. Ella Bajo por las escaleras, y lo cogió en
brazos.
-¿Que
ha hecho esta vez? –me pregunto suspirando.
-Nada,
mejor no preguntes, ya lo arreglo yo. –le dije medio riéndome del desastre del
baño.
-Está
bien gracias Jess. –dijo mi madre algo más aliviada mientras se iba hacia
arriba con Luke.
Entre
en el baño cogí unas toallitas húmedas y me puse a frotar las paredes. Eran
rotuladores para niños así que no eran permanentes y por suerte los rayones
desaparecieron dejando la pared como nueva. Después recogí los rotuladores del
suelo y los puse en una caja.
¡Ding dong!
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