-Está
bien pero si me caigo te echare la culpa. –le advertí.
-Tú
confía en mí. –me susurró a la oreja.
-Está
bien. –dije mientras suspiraba.
Cerré los ojos y Adam puso una de sus
manos en mi hombro y la otra en mi cintura y me empujaba suavemente para que
avanzara. Me estuvo guiando un rato que se hizo algo largo por mi paso lento a
ciegas. Al principio note las plantas debajo de mis pies, las del terreno
desocupado de aquella fábrica. Había piedras en el suelo, pero eran pequeñas. Y
el suelo era arenoso, era un sitio abandonado hace años, donde iban a parar los
restos naturales que arrastraba la lluvia hasta allí. ¿Dónde íbamos? No tenía
ni la menor idea. Poco a poco el suelo de bajo mis pies cambió. Ahora era más
blando, como si estuviera pisando una tierra algo más húmeda. También pisaba
algo duro, serían las raíces de los árboles. Ya habíamos cruzado todo el
terreno de la fábrica y estábamos adentrándonos en el bosque que había detrás.
Seguí caminando poco a poco dejando que Adam me guiara, mientras me daba
instrucciones cuando tenía que girar o rodear alguna cosa que estaba en nuestro
camino.
-Madre mía. ¿Es necesario? Todo esto, digo.
–dije si imaginarme que me enseñaría.
-Sí.
Ya casi estamos. ¿No oyes nada? –me pregunto
-¿Agua?
¿Pájaros?–pregunte.
-Sí,
vale aquí está bien. –me dijo mientras me hizo parar.
-¿Puedo
abrir los ojos? –pregunte algo desorientada.
-Pero
con una condición. –dijo él.
-Supongo
que llegados a este punto tendré que cumplirla. –dije riendo.
-Prométeme,
que no se lo dirás a nadie. Será como un secreto.
-Está
bien, será secreto. Nuestro secreto -dije mientras abría los ojos.
Tenía los ojos tan apartados que al
abrirlos me costó ver delante de mí. La vista se me aclaró enseguida y pude
ver. Estábamos debajo de un árbol
enormemente enorme. Tendría unos diez metros de altura hasta donde llegaba mi
vista, a lo mejor incluso más. Era un árbol llorón, de los que tenían ramas
caídas con unas hojas finas y alargadas. Las ramas eran larguísimas, algunas
llegaba al ras del suelo. Las ramas creaban una especie de círculo a nuestro
alrededor. A unos metros delante de nosotros había agua, pero apenas se movía
sería una especie de lago o algo por el estilo. Debido a las ramas parecía que
estemos dentro de una sala redondeada. Era magnifico, parecía sacado de un
cuento de hadas. Algunas ramas se movían con el aire uniformemente de una
manera muy bonita. El tronco de aquel árbol también era enorme. Era muy rugoso,
se retorcía sobre sí mismo, harían falta unos siete hombres para poder rodearlo
con las manos. La luz de filtraba débilmente por aquella cantidad infinita de
ramas y hojas. Se podían oír montones de pararos cantar por encima de nuestras
cabezas. Nunca me hubiera imaginado nada así, era tan bonito que me costó
creerlo.
-¿Te
gusta? –pregunto Adam mientras se acercaba por detrás.
-¿Estas
de broma? ¡Es genial! –dije mirando hacia arriba.
-¿Quieres
ver más? –pregunto.
-¿Hay
más? –dije sorprendida.
-¿Oyes
eso? –me preguntó.
Aguce el oído y pude escuchar el ruido
del agua cuando se movía, como si cayera de algún lado, pero no llovía. Camine
lentamente cerca del agua hasta llegar al costado de la pared de ramas. Las
empuje poco a poco con las manos, y en seguida estuve en el otro lado. La luz
del sol me atonto por un momento pero luego pude ver bien. Fuera era aún más
increíble, el agua que se filtraba al interior del circulo de ramas, venia de
ahí. Delante de mí había un lago enorme de color turquesa brillante. Era tan
bonito que otra vez me costó creerlo. A lo lejos, en la otra punta del lago,
había pequeñas cascadas de las que bajaba agua creando un sonido muy relajante.
El lago estaba rodeado de árboles iguales al
que acababa de ver pero tenían un tamaño más pequeño. Era hermoso,
parecía el paraíso. No pude contener las ganas y me descalcé y empecé a meterme
en el agua hasta que me llego por encima de las rodillas. Estaba fría, pero
hacía calor, así que no me molesto. Retrocedí hasta donde estaba Adam, que
había salido del círculo de ramas y me puse a su lado.
-Es
genial. Me encanta. –dije mirando todo aquello.
-Ven
entremos un rato. Aquí hace calor. –me dijo
mientras apartaba con una mano las hojas para que pudiera pasar.
-Es
verdad, aquí se está mejor. –dije mientras daba vueltas sobre mi misma desclasa
por encima de la suave vegetación.
Di unas cuantas vueltas hasta que mi
pie se tropezó con una rama seca o algo del suelo y caí hacía un lado. Adam
pudo cogerme justo a tiempo, antes de que me estampara contra el suelo. Estaba
mareada y me costaba ver debido a la oscuridad. Notaba que los brazos de Adam
me sujetaban por la espalda. Cuando pude ver algo el rostro su rostro estaba a
escasos centímetros del mío.
-¿Estas
mareada? –preguntó.
Yo asentí sin decir nada mientras le
miraba. Me dejo despacio en el suelo y se tumbó a mi lado. En pocos segundos se
me fue el mareo y me tumbe justo al costado de Adam.
-¿Ya
se te ha pasado? -me pregunto poniendo un brazo detrás se su cabeza.
-Sí
creo que sí. –le respondí mientras alzaba un poco la cabeza para mirarle.
No hay comentarios:
Publicar un comentario