Introducción:

Jess ya es toda una adolescente, tiene un montón de amigas y conoce a mucha gente seguidamente con la cual se lo pasa genial. Ella nunca ha estado interesada por los chicos. Hasta que uno con que nunca había sido muy cercana pasa a ser una de las personas mas importantes de su vida. Pero... Inesperadamente, a causa de un enorme mal entendido las cosas se tuercen y este chico se aleja de todos si dejar rastro. De golpe, un nuevo chico aparece en la vida de Jessica, una loca noche de fiesta. Ella cree que sigue queriendo a aquel primer chico pero... ¿Si él ya no esta aquí, qué le impide comenzar una nueva vida? El problema vendrá cuando su primer amor, reaparezca en un momento de los mas inoportuno.

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CAPÍTULO 25:


-Está bien pero si me caigo te echare la culpa. –le advertí.
-Tú confía en mí. –me susurró a la oreja.
-Está bien. –dije mientras suspiraba.

         Cerré los ojos y Adam puso una de sus manos en mi hombro y la otra en mi cintura y me empujaba suavemente para que avanzara. Me estuvo guiando un rato que se hizo algo largo por mi paso lento a ciegas. Al principio note las plantas debajo de mis pies, las del terreno desocupado de aquella fábrica. Había piedras en el suelo, pero eran pequeñas. Y el suelo era arenoso, era un sitio abandonado hace años, donde iban a parar los restos naturales que arrastraba la lluvia hasta allí. ¿Dónde íbamos? No tenía ni la menor idea. Poco a poco el suelo de bajo mis pies cambió. Ahora era más blando, como si estuviera pisando una tierra algo más húmeda. También pisaba algo duro, serían las raíces de los árboles. Ya habíamos cruzado todo el terreno de la fábrica y estábamos adentrándonos en el bosque que había detrás. Seguí caminando poco a poco dejando que Adam me guiara, mientras me daba instrucciones cuando tenía que girar o rodear alguna cosa que estaba en nuestro camino.

 -Madre mía. ¿Es necesario? Todo esto, digo. –dije si imaginarme que me enseñaría.
-Sí. Ya casi estamos. ¿No oyes nada? –me pregunto
-¿Agua? ¿Pájaros?–pregunte.
-Sí, vale aquí está bien. –me dijo mientras me hizo parar.
-¿Puedo abrir los ojos? –pregunte algo desorientada.
-Pero con una condición. –dijo él.
-Supongo que llegados a este punto tendré que cumplirla. –dije riendo.
-Prométeme, que no se lo dirás a nadie. Será como un secreto.
-Está bien, será secreto. Nuestro secreto -dije mientras abría los ojos.

         Tenía los ojos tan apartados que al abrirlos me costó ver delante de mí. La vista se me aclaró enseguida y pude ver. Estábamos  debajo de un árbol enormemente enorme. Tendría unos diez metros de altura hasta donde llegaba mi vista, a lo mejor incluso más. Era un árbol llorón, de los que tenían ramas caídas con unas hojas finas y alargadas. Las ramas eran larguísimas, algunas llegaba al ras del suelo. Las ramas creaban una especie de círculo a nuestro alrededor. A unos metros delante de nosotros había agua, pero apenas se movía sería una especie de lago o algo por el estilo. Debido a las ramas parecía que estemos dentro de una sala redondeada. Era magnifico, parecía sacado de un cuento de hadas. Algunas ramas se movían con el aire uniformemente de una manera muy bonita. El tronco de aquel árbol también era enorme. Era muy rugoso, se retorcía sobre sí mismo, harían falta unos siete hombres para poder rodearlo con las manos. La luz de filtraba débilmente por aquella cantidad infinita de ramas y hojas. Se podían oír montones de pararos cantar por encima de nuestras cabezas. Nunca me hubiera imaginado nada así, era tan bonito que me costó creerlo.

-¿Te gusta? –pregunto Adam mientras se acercaba por detrás.
-¿Estas de broma? ¡Es genial! –dije mirando hacia arriba.
-¿Quieres ver más? –pregunto.
-¿Hay más? –dije sorprendida.
-¿Oyes eso? –me preguntó.

         Aguce el oído y pude escuchar el ruido del agua cuando se movía, como si cayera de algún lado, pero no llovía. Camine lentamente cerca del agua hasta llegar al costado de la pared de ramas. Las empuje poco a poco con las manos, y en seguida estuve en el otro lado. La luz del sol me atonto por un momento pero luego pude ver bien. Fuera era aún más increíble, el agua que se filtraba al interior del circulo de ramas, venia de ahí. Delante de mí había un lago enorme de color turquesa brillante. Era tan bonito que otra vez me costó creerlo. A lo lejos, en la otra punta del lago, había pequeñas cascadas de las que bajaba agua creando un sonido muy relajante. El lago estaba rodeado de árboles iguales al  que acababa de ver pero tenían un tamaño más pequeño. Era hermoso, parecía el paraíso. No pude contener las ganas y me descalcé y empecé a meterme en el agua hasta que me llego por encima de las rodillas. Estaba fría, pero hacía calor, así que no me molesto. Retrocedí hasta donde estaba Adam, que había salido del círculo de ramas y me puse a su lado.

-Es genial. Me encanta. –dije mirando todo aquello.
-Ven entremos un rato. Aquí hace calor. –me dijo  mientras apartaba con una mano las hojas para que pudiera pasar.
-Es verdad, aquí se está mejor. –dije mientras daba vueltas sobre mi misma desclasa por encima de la suave vegetación.

         Di unas cuantas vueltas hasta que mi pie se tropezó con una rama seca o algo del suelo y caí hacía un lado. Adam pudo cogerme justo a tiempo, antes de que me estampara contra el suelo. Estaba mareada y me costaba ver debido a la oscuridad. Notaba que los brazos de Adam me sujetaban por la espalda. Cuando pude ver algo el rostro su rostro estaba a escasos centímetros del mío.

-¿Estas mareada? –preguntó.

         Yo asentí sin decir nada mientras le miraba. Me dejo despacio en el suelo y se tumbó a mi lado. En pocos segundos se me fue el mareo y me tumbe justo al costado de Adam.

-¿Ya se te ha pasado? -me pregunto poniendo un brazo detrás se su cabeza.
-Sí creo que sí. –le respondí mientras alzaba un poco la cabeza para mirarle.



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