Unos cinco minutos más tarde aparcamos
frente a una gran casa de color blanco muy moderna de dos plantas llena de
cristaleras relucientes por todas partes. Al acercarnos a ella, Charlie abrió
la puerta principal con una llave plateada. Entró el primero y luego de pasar
yo cerró la puerta. La planta baja era abierta, era súper grande muy moderna de
color blanco y con algunos detalles en negro. Tenía el techo alto y los suelos
eran de una piedra marmolada muy clara. Delante nuestro había una barra de
mármol a juego con el suelo que separaba el salón de la cocina. A la derecha
estaba el salón con grandes sofás blancos, una mesita de cristal, una
televisión muy grande y algunas estanterías con libros, discos musicales y
recipientes de cristal con piedras negras en su interior para decorar. En la
pared del fondo de la habitación había dos grandes puertas correderas de
cristal, una en el salón y otra en el comedor. Delante nuestro estaba la
cocina, con electrodomésticos de acero inoxidable, con una gran isla blanca con
sillas de un pie para sentarse y mucha luminosidad. Un poco más a la derecha
había una mesa blanca no muy grande, con sillas a juego. Y a la izquierda del
comedor, había unas escaleras muy modernas de un cristal de color medio azul
con una barandilla de hierro con un diseño muy bonito. Esa casa era
maravillosa, y estaba perfectamente ordenada y limpia. Me dirigí caminando poco
a poco hacia delante mientras Charlie se sentó en una de las sillas de la
barra. Se apoyó sobre los codos y escondió la cabeza entre las dos manos. Una
gota de sangre cayo en el blanco mármol, y como Charle no se movió me di la
vuelta y me acerque a una caja de plástico blanca con una cruz roja que había
en la pared encima de la barra. La abrí, en su interior había un montón de
cosas, pastillas, vendas, antibióticos, alcohol… Cogí algo de algodón, el
desinfectante y me dirigí hacia donde estaba Charlie y puse una silla a su lado
antes de sentarme en ella.
-A
ver Charlie, mírame. –le pedí intentando ver la herida y automáticamente se
giró despacio y me miro.
-Au.
–dijo haciendo una mueca mientras le limpiaba la herida.
-Lo
siento, tienes un buen corte. –le dije intentando no hacerle mucho daño.
-¿Porque
te disculpas? –preguntó antes de hacer un ruido sordo con la garganta.
-No
losé, porque te hago daño supongo. –conteste algo confusa.
-¿Te
duele? –me pregunto.
-¿El
qué? –le pregunte. –Eres tú el herido.
-Mírate
la muñeca. –me respondió haciendo otra mueca de dolor.
Tenía
la muñeca magullada, bastante colorada y algo hinchada, no sé como pero al
forcejear intentando que Jacob me soltara me hice daño.
-Un
poco, no es nada no te preocupes. Ya
está dije cambiando de tema y recogiendo las cosas.
Espera, no lo cierres, pásame una
aspirina. -me dijo antes de que cerrara aquel botiquín. Él estaba del otro lado
de la barra abriendo la nevera, cogió una botella de agua, le pase la aspirina
y se la tomo enseguida. Devolvió la botella de agua a la nevera y sacó un
plástico con un líquido azul en su interior. Vino caminando hacia donde yo
estaba y me lo dio.
-Ten
póntelo en la muñeca, y gracias –dijo mientras me miraba de una forma rara.
-¿Charlie,
te encuentras bien? –pregunte preocupada mientras él cerraba los ojo con fuerza
y se apoyaba para no caerse.
-Sí,
solo estoy algo mareado, se me pasara. –dijo entes de tener que apoyar el otro
brazo también.
-No,
no lo estas, ven. –lo cogí mientras él ponía el brazo encima de mí hombro para
no caerse y lo lleve a uno de los enormes sofás. –Túmbate- le dije mientras lo
miraba, él cerraba los ojos con fuerza haciendo muecas de dolor.
-Baja
las persianas por favor –me pido intentando taparse los ojos para que la luz no
le molestara.
Me
dirigí hacia las ventanas y le di a la tecla que bajaba automáticamente las
persianas sin hacer ruido, y me dirigí otra vez al lado de Charlie.
-Gracias
–me dijo apartando los brazos de encima de sus ojos y se apartó dejándome sitio
en el sofá. –Ven túmbate, estas cansada se nota- dijo suspirando y haciendo una
mueca de dolor. El sofá era más grande que una cama individual así que acepté,
y me tumbe a su lado. La verdad sí, estaba muy cansada, me pesaba el cuerpo y
me dolía la espalda. Me quede un rato con los ojos abiertos hasta que se
acostumbraron a la oscuridad, ya que apenas entraba luz de fuera.
-Jess…
Me susurro mientras me giraba para mirarlo. -Gracias en serio. –continuó
-De
nada, te debía una. –le respondí.
-Sí,
supongo. -dijo riéndose por lo bajo con los ojos cerrados.
No le respondí, pero cerré los ojos y
nos quedamos un buen rato callados descansando. Noté que el sofá se movía un
poco, abrí los ojos y mire hacia Charlie. Se movía buscando una posición cómoda
con los ojos cerrados. Me quede observándolo un rato. Parecía tranquilo, sin
ninguna expresión en la cara, relajado. La herida que iba del centro du su
nariz hacia el interior comienzo de la mejilla a penas se notaba en la
oscuridad. Qué suerte que pasara por allí justo en ese momento, pensé. No sabía
cómo darle las gracias por haberme defendido antes, se lo agradecía mucho.
-Charlie…-dije
bajito por si dormía.
-¿Qué?
-susurró el abriendo los ojos.
-Sabes
eres lo más parecido a un hermano mayor que he tenido. –le dije
-Y
tú a una hermana pequeña –me respondió sonriendo. –Duérmete, te hará bien. –me
dijo mientras me apartaba un mechón de pelo de la cara y cerraba los ojos.
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