Introducción:

Jess ya es toda una adolescente, tiene un montón de amigas y conoce a mucha gente seguidamente con la cual se lo pasa genial. Ella nunca ha estado interesada por los chicos. Hasta que uno con que nunca había sido muy cercana pasa a ser una de las personas mas importantes de su vida. Pero... Inesperadamente, a causa de un enorme mal entendido las cosas se tuercen y este chico se aleja de todos si dejar rastro. De golpe, un nuevo chico aparece en la vida de Jessica, una loca noche de fiesta. Ella cree que sigue queriendo a aquel primer chico pero... ¿Si él ya no esta aquí, qué le impide comenzar una nueva vida? El problema vendrá cuando su primer amor, reaparezca en un momento de los mas inoportuno.

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CAPÍTULO 20:


         Unos cinco minutos más tarde aparcamos frente a una gran casa de color blanco muy moderna de dos plantas llena de cristaleras relucientes por todas partes. Al acercarnos a ella, Charlie abrió la puerta principal con una llave plateada. Entró el primero y luego de pasar yo cerró la puerta. La planta baja era abierta, era súper grande muy moderna de color blanco y con algunos detalles en negro. Tenía el techo alto y los suelos eran de una piedra marmolada muy clara. Delante nuestro había una barra de mármol a juego con el suelo que separaba el salón de la cocina. A la derecha estaba el salón con grandes sofás blancos, una mesita de cristal, una televisión muy grande y algunas estanterías con libros, discos musicales y recipientes de cristal con piedras negras en su interior para decorar. En la pared del fondo de la habitación había dos grandes puertas correderas de cristal, una en el salón y otra en el comedor. Delante nuestro estaba la cocina, con electrodomésticos de acero inoxidable, con una gran isla blanca con sillas de un pie para sentarse y mucha luminosidad. Un poco más a la derecha había una mesa blanca no muy grande, con sillas a juego. Y a la izquierda del comedor, había unas escaleras muy modernas de un cristal de color medio azul con una barandilla de hierro con un diseño muy bonito. Esa casa era maravillosa, y estaba perfectamente ordenada y limpia. Me dirigí caminando poco a poco hacia delante mientras Charlie se sentó en una de las sillas de la barra. Se apoyó sobre los codos y escondió la cabeza entre las dos manos. Una gota de sangre cayo en el blanco mármol, y como Charle no se movió me di la vuelta y me acerque a una caja de plástico blanca con una cruz roja que había en la pared encima de la barra. La abrí, en su interior había un montón de cosas, pastillas, vendas, antibióticos, alcohol… Cogí algo de algodón, el desinfectante y me dirigí hacia donde estaba Charlie y puse una silla a su lado antes de sentarme en ella.

-A ver Charlie, mírame. –le pedí intentando ver la herida y automáticamente se giró despacio y me miro.
-Au. –dijo haciendo una mueca mientras le limpiaba la herida.
-Lo siento, tienes un buen corte. –le dije intentando no hacerle mucho daño.
-¿Porque te disculpas? –preguntó antes de hacer un ruido sordo con la garganta.
-No losé, porque te hago daño supongo. –conteste algo confusa.
-¿Te duele? –me pregunto.
-¿El qué? –le pregunte. –Eres tú el herido.
-Mírate la muñeca. –me respondió haciendo otra mueca de dolor.

          Tenía la muñeca magullada, bastante colorada y algo hinchada, no sé como pero al forcejear intentando que Jacob me soltara me hice daño.

-Un poco, no es nada no te preocupes.  Ya está dije cambiando de tema y recogiendo las cosas.

         Espera, no lo cierres, pásame una aspirina. -me dijo antes de que cerrara aquel botiquín. Él estaba del otro lado de la barra abriendo la nevera, cogió una botella de agua, le pase la aspirina y se la tomo enseguida. Devolvió la botella de agua a la nevera y sacó un plástico con un líquido azul en su interior. Vino caminando hacia donde yo estaba y me lo dio.

-Ten póntelo en la muñeca, y gracias –dijo mientras me miraba de una forma rara.
-¿Charlie, te encuentras bien? –pregunte preocupada mientras él cerraba los ojo con fuerza y se apoyaba para no caerse.
-Sí, solo estoy algo mareado, se me pasara. –dijo entes de tener que apoyar el otro brazo también.
-No, no lo estas, ven. –lo cogí mientras él ponía el brazo encima de mí hombro para no caerse y lo lleve a uno de los enormes sofás. –Túmbate- le dije mientras lo miraba, él cerraba los ojos con fuerza haciendo muecas de dolor.
-Baja las persianas por favor –me pido intentando taparse los ojos para que la luz no le molestara.

         Me dirigí hacia las ventanas y le di a la tecla que bajaba automáticamente las persianas sin hacer ruido, y me dirigí otra vez al lado de Charlie.

-Gracias –me dijo apartando los brazos de encima de sus ojos y se apartó dejándome sitio en el sofá. –Ven túmbate, estas cansada se nota- dijo suspirando y haciendo una mueca de dolor. El sofá era más grande que una cama individual así que acepté, y me tumbe a su lado. La verdad sí, estaba muy cansada, me pesaba el cuerpo y me dolía la espalda. Me quede un rato con los ojos abiertos hasta que se acostumbraron a la oscuridad, ya que apenas entraba luz de fuera.
-Jess… Me susurro mientras me giraba para mirarlo. -Gracias en serio. –continuó
-De nada, te debía una. –le respondí.
-Sí, supongo. -dijo riéndose por lo bajo con los ojos cerrados.

         No le respondí, pero cerré los ojos y nos quedamos un buen rato callados descansando. Noté que el sofá se movía un poco, abrí los ojos y mire hacia Charlie. Se movía buscando una posición cómoda con los ojos cerrados. Me quede observándolo un rato. Parecía tranquilo, sin ninguna expresión en la cara, relajado. La herida que iba del centro du su nariz hacia el interior comienzo de la mejilla a penas se notaba en la oscuridad. Qué suerte que pasara por allí justo en ese momento, pensé. No sabía cómo darle las gracias por haberme defendido antes, se lo agradecía mucho.

-Charlie…-dije bajito por si dormía.
-¿Qué? -susurró el abriendo los ojos.
-Sabes eres lo más parecido a un hermano mayor que he tenido. –le dije
-Y tú a una hermana pequeña –me respondió sonriendo. –Duérmete, te hará bien. –me dijo mientras me apartaba un mechón de pelo de la cara y cerraba los ojos.


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