-¿Pero
qué haces aquí? –me pregunto mientras nos abrazábamos.
-¡Eso
debería preguntártelo yo a ti! –le respondí todavía sorprendía.
-Sí,
supongo que tienes razón. –me respondió.
-¿Y
bien? –le pregunte.
En ese momento se acercaron también mis
amigas, y lo saludaron así que aprovecho y nos lo explico a todas juntas.
-La
cosa es que…Mi familia se estaba mudando a aquí, y he tenido que cambiar de
colegio. Escogí este porque es el que más cerca quedaba de mi casa, pero nunca
imagine que os iba a encontrar aquí. Qué casualidad, parece mentira.
-Sí,
la verdad parece mentira –dijo Katia mientras reía de la sorpresa como yo.
-Chicas,
que os parece si al acabar las clases nos vamos juntos al Burger? –nos propuso
Adam
-Siiiiiii
–dijo Pixie toda emocionada.
-Vale
me apunto –dijo Vanessa.
-Por
mi genial –dije yo y todas estuvimos de acuerdo.
-Pues
entonces, le envió un mensaje a Charlie, ya había quedado con él para ir y le
digo que traiga el coche grande.
-¡Oh
Charlie! Cierto él tiene coche... ¿Pero porque has dicho él grande? ¿Acaso tiene
dos? –pregunte yo al recordar en la furgoneta negra que nos acercó a casa el
viernes pasado.
-No,
tiene tres –me dijo Adam sonriendo.
-Nos
tomas el pelo –dijo Katia sin creerle.
-No,
enserió preguntádselo luego si queréis. –le contestó.
-¡Y
de dónde saca tanto dinero si se puede saber! –dije muy sorprendida.
-Bueno,
Charlie es Charlie. –nos dijo desviando la mirada. –Oye chicas tengo que ir a
hablar con el director sobre la matriculación, nos vemos a la salida. –dijo
mientras se alejaba de nosotras.
-Adiós
–dijimos todas a la vez.
-¡Madre
mía, tres coches, si a mí no me llega ni para la gasolina de uno! –dijo Betty
riendo.
-Ni
te digo a mí –le respondí.
-Abra
ganado la lotería o sus padres serán ricos. –dijo Pixie.
-Ablando
de gente rica, todavía me ha quedado dinero de lo que gané – ¿os apetece ir
este fin de semana al centro comercial otra vez?
-Es
verdad, yo ni me acordaba –le dije.
-¿Vale
y si luego vamos al cine? –pregunto Vanessa.
-¡SI!
¡Tipo día de chicas! –dijo Betty.
-¡Ei,
y luego podríamos ir a comer a mi casa! -dijo Pixie invitándonos.
-¡Sí
el otro día nos lo pasamos genial! –les dije
-Venga
chicas que vamos a llegar tarde a clase.
-SÍ,
será mejor que espabilemos.
-Entonces,
nos separamos yo me fui con Kat a las taquillas y subimos al piso de arriba, y
nos dirigimos a la clase de informática. Justo cuando nos sentamos sonó el
timbre y entro la profesora por la puerta. Es una chica joven, muy simpática,
podría decir es una de mis preferidas. Nos hicieron redactar varias cosas y nos
pusieron deberes, nos dejaron tiempo para ir avanzando pero cuando Katia y yo
estábamos por acabar, alguien goleo la puerta.
-¡Adelante!
–dijo dulcemente la profesora.
-¿Buenos
días, puede salir un minuto la señorita Miller? –dijo el director sonriéndole a
la profesora que me miro y luego asintió.
Trague saliva y luego me levante
dirigiéndome fuera de la clase. Instantáneamente se me pasaron un millón y
medio de tacos por la cabeza, ya sabía a qué venía todo esto, ha descubierto lo
que le hemos hecho a Olivia. Suspire,
salí de la clase y cuando el director cerró la puerta a sus espaldas le
pregunte educadamente:
-¿Puedo
hacer algo por usted? -le dije sonriendo
pero muerta de miedo por dentro.
-Em
si, veras te quería dar las gracias.
-¿Las
gracias a mí? Perdón, pero creo que no le sigo –le respondí sorprendida.
-Sí
sí, solo te quería felicitar por haber estado guiado estos días a Pixie.
-A
vale, la verdad no ha sido tan complicado, mis amigas y yo nos hemos llevado
muy bien con ella desde el principio. La verdad me alegra que este con nosotras,
ella es una muy buena amiga.
-Entonces
muy bien, solo era eso puedes continuar la clase. –me sonrió y se fue caminando
por el pasillo. Casi me da algo al pensar que me iba a echar la bronca, menos
mal, que solo me quería felicitar. No me imagino el castigo que nos pondría si
supiera que hemos sido nosotras. Al entrar a clase le explique a Katia lo que
me había dicho el director, ya que ella también estaba pensando que nos había
pillado. Al rato cambiamos de clase, hasta que el timbre de la última hora
sonó. Me reuní con las chicas, y nos dirigimos a la entrada a esperar a Adam.
Al llegar él ya nos estaba esperando y Charlie estaba de pie a su lado.
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