Introducción:

Jess ya es toda una adolescente, tiene un montón de amigas y conoce a mucha gente seguidamente con la cual se lo pasa genial. Ella nunca ha estado interesada por los chicos. Hasta que uno con que nunca había sido muy cercana pasa a ser una de las personas mas importantes de su vida. Pero... Inesperadamente, a causa de un enorme mal entendido las cosas se tuercen y este chico se aleja de todos si dejar rastro. De golpe, un nuevo chico aparece en la vida de Jessica, una loca noche de fiesta. Ella cree que sigue queriendo a aquel primer chico pero... ¿Si él ya no esta aquí, qué le impide comenzar una nueva vida? El problema vendrá cuando su primer amor, reaparezca en un momento de los mas inoportuno.

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CAPÍTULO 27:


-¿Te apetece dar una vuelta? –me susurró Adam a la oreja.
-Sí, vamos. –respondí.

         Me incorpore, pero Adam me ganó y me ofreció la mano para ayudarme a ponerme de pie. No la rechacé, y después atravesé la pared de hojas para ir a buscar mis bambas. Ahí afuera era todo hermoso, esta vez, estaba doto en tonos negros y plateados debido a la luz de la luna. El agua de la cascada caía con aquel ruido tan relajante. Todo parecía más tranquilo, los pájaros se habían ido, y no se escuchaba nada aparte del silencio de la noche.  Mientras tenía la vista fija en las pequeñas ondulaciones del agua me acerque a donde había dejado mis bambas y me las puse.

-Sígueme. –Me susurro antes de caminar hacia el interior del bosque en dirección contraria al gran árbol.

         No dije nada y me limite a hacer lo que decía con curiosidad y lo seguí. Todo nuestro alrededor parecía sacado de un cuento de hadas. Cuando lo alcancé, puso una mano en mi estómago para frenarme de golpe. Lo mire sorprendida, pero él tenía la mirada fija en algún sitio de uno de los árboles que nos rodeaban. Al no poder ver lo que él miraba le pregunte:

-¿Qué hay?
-Mira, ahí. –me respondió señalando a la parte alta del tronco de una árbol.

         Agucé la vista pero no podía ver nada. Estaba oscuro, solo veía la gruesa corteza del árbol. Gire la cabeza de una lado hacia otro intentando ver mejor, pero no lo conseguí.

-¿Qué pasa? No veo nada. –dije intrigada.
 -Mira, ahí, ese bicho. –me dijo señalando un punto del árbol.

         Me acerque un poco más a poco a poco al árbol, para poder mirar de cerca.  Ahora sí que lo veía, era una especie de luciérnaga que emitía una luz dorada. Me acerque poco a poco al árbol y puse uno de mis dedos a su lado intentando cogerla. Me quede quieta y la luciérnaga empezó a caminar y poco a poco se subió a mi dedo. Retire la mano del árbol y empezó a caminar  por mi mano. Me acerque a Adam y puse mi mano entre nosotros dos para que pudiera verla. Aquel bicho se paseaba por mi mano tranquilamente, hasta que en un momento me empezó a subir por el brazo. Se quedó quieto en mi codo un momento, abrió las alas y salió volando de repente. Los dos miramos en dirección por donde el bicho se había ido volando tan rápido.  Antes de que Adam dijera nada seguí a aquel bicho. Camine unos cuantos metros a paso ligero observando a aquella pequeña luz dorada. Se posó en una planta, justo alado de otro bicho exactamente igual. Y los dos salieron volando otra vez hacia alguna parte del bosque. Le eche una mirada a Adam que estaba detrás mío y continué persiguiendo a aquel par de insectos dorados.

-¿Pero dónde vas? –me preguntó cuando empecé a correr detrás de ellos.
-A seguirlos.- respondí buscando a los bichos.

         Me pare en secó cuando no los vi más, pero en un momento vi unos cuantos en lo alto de una rama. Uno de ellos salió volando y los demás lo siguieron.  Continué persiguiéndolos cuando me di cuenta de una cosa. Cada vez había más, todos los árboles que nos rodean tenían dos o tres de los cuales alguno salía volando y guiaba a los demás.

-Cada vez hay más. –le dije a Adam que parecía igual de interesado que yo al ver más de aquellos bichos.
-Sí, ven vamos a seguirlos. –Me dijo mientras los seguía con la mirada.

         Empezamos a seguirlos cada vez con más interés. Estuvimos un rato persiguiéndolos y empezamos a escuchar que los bichos dorados creaban una especie de musiquita al volar juntos.

-¿Dónde narices irán? –pregunto Adam.
-Ni idea, vamos.-le respondí sin parar para no perderlos de vista.

         Continuamos un rato más caminando mientras observábamos a aquellos bichos. En un momento volaron hacia arriba y los perdimos de vista. Continuamos dando vueltas por la zona, pero no los encontramos. Me senté en el suelo para descansar y unos minutos después Adam también los dio por perdidos y se sentó a mi lado. Apoye mi cabeza en sus piernas y me tumbe para estirar la espalda que tenía encorvada. Suspire malhumorada por haber perdido a los malditos insectos.

-¿Dónde se habrán metido? –preguntó mientras me acariciaba el pelo.
-Ojala lo supiera.-le respondí.

         Me incorpore con ayuda de los brazos para darle un beso. Pero antes de que nuestras bocas se juntaran gire la cabeza rápidamente al ver una luz dorada.

-¡Corre! ¡Mira! ¡Vamos! –dije antes de darle tiempo para reaccionar.
-¿Eh? -peguntó él confundido todavía en el suelo.
 -Ven, corre he visto uno dije mientras me alejaba persiguiendo a la pequeña luciérnaga.

         Caminamos unas cuantos metros y el bicho se metió entre unos arbustos enormes que eran casi más altos que yo. Me puse a buscarlo pero no lo encontré. Rodeamos como pudimos los arbustos, y nos pusimos a caminar entre la maleza. En un momento escuchamos otra vez aquella melodía ero unas cien veces más fuerte. Perseguimos el ruido, que nos llevó hasta una pequeña explanada que donde había un gran tronco cortado a la mitad hueco. Los habíamos encontrado, habría centenares de aquellas pequeñitas luces doradas, que lo iluminaban todo. Estaban volando a nuestro alrededor, eran muchísimas y todas juntas emitían un ruido muy curioso.

-¿Las habías visto alguna vez? –le pregunté mientras le cogía la mano.
-Nunca a tanta cantidad de ellas juntas. –dijo mientras mirábamos nuestro alrededor.



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