Introducción:

Jess ya es toda una adolescente, tiene un montón de amigas y conoce a mucha gente seguidamente con la cual se lo pasa genial. Ella nunca ha estado interesada por los chicos. Hasta que uno con que nunca había sido muy cercana pasa a ser una de las personas mas importantes de su vida. Pero... Inesperadamente, a causa de un enorme mal entendido las cosas se tuercen y este chico se aleja de todos si dejar rastro. De golpe, un nuevo chico aparece en la vida de Jessica, una loca noche de fiesta. Ella cree que sigue queriendo a aquel primer chico pero... ¿Si él ya no esta aquí, qué le impide comenzar una nueva vida? El problema vendrá cuando su primer amor, reaparezca en un momento de los mas inoportuno.

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CAPÍTULO 22:


         Subió las escaleras como si nada cargando con migo mientras pataleaba intentando que me soltara, pero fue en vano. Cruzamos un pasillo, y el abrió una gran puerta blanca y me puso de pie. Era un baño enorme tenía una bañera con burbujas, una enorme ducha, espejos gigantes, y dos picas encima de un mármol enorme a juego con el resto. Cuando me puse en pie me tuve que aguantar con la pared, ya que me mareé por un momento.

-Casi me matas. –le dije. –Va apártate de la puerta, no me quiero duchar aquí.
-¿Ahora te quieres duchar con migo? La verdad, no te entiendo –dijo riéndose mientras yo caminaba por el pasillo.
-¿Pero qué dices? –le pregunte confundida por todo aquello.
-A ver Jess…Querida… En esta casa hay tres baños, uno abajo sin ducha, y dos aquí arriba. Sí no te duchar en este, el único que queda es el de mi habitación donde me voy a duchar yo.
-Ah… -No tuve ni idea de qué decir, acababa de meterme yo sola en una situación algo vergonzosa. –Aparta -dije mientras pasaba por su lado encerrándome en el baño.
-Hay toallas en la estantería. Ya que estas algo confusa. Si cambias de opinión mi habitación está el final del pasillo. –dijo mientras se reía de mí y se alejaba.

         Puse el pestillo intentando hacer el máximo ruido posible para que lo oyera. Sé, me escapo una risita, cuando me puse pensar lo que acababa de pasar. Me acerque a la ducha que tenía cristaleras súper brillantes, para que el agua no saliera fuera. Abrí la puerta de cristal y deje corres el agua caliente. Me saque la ropa, eche un vistazo a la puerta algo preocupada, y me metí en la ducha. En unos minutos los cristales se habían empañado total mete. Me lave la cabeza, con un champú que olía muy bien, luego me enjabone el cuerpo y me puse acondicionador en la cabeza. Me quede un rato allí sentada, dejando que el agua caliente me relajara. Cuando me decidí a ir a apagar el agua escuche una voz.

-Jess, un minuto. –dijo la voz de Charlie que venía del fuera.
-¿Eh? –dije mientras escuche a través del agua un ruido y gire la cabeza para mirar de done provenía el ruido. No me lo podía creer. ¿Cómo narices había entrado? Estaba buscando algo en las estanterías estaba de espaldas a mí y solo llevaba puestos unos pantalones. Me quede tan sorprendida que no me salieron palabras. El cristal estaba súper empañado, y no creo que me pudiera ver, pero me puse lo más alejada que pude de los cristales.

-¿¡Qué haces!? –dije alterada.
-¡He avisado entes de entrar! No mirare tranquila. –me dijo en un tonó tranquilo pese al que yo lo había hablado.
-Más te vale. –gruñí por lo bajo mientras escuchaba cerrarse la puerta.

         Me giré para comprobar sí se había ido, y cuando no vi más rastro de él apague el agua de golpe. Me escurrí el pelo, y salí poco a poco intentando no resbalar. Me acerque a la estantería y cogí una toalla para secarme. Me vestí, me desenrede el pelo con los dedos y me lo seque un poco con la toalla. Me mire dos veces al espejo asegurándome de estar completamente vestida, y no volver a ponerme en una situación vergonzosa. Me dirigí a la puerta y antes de poner la mano en el pomo, me di cuenta. ¿Cómo narices había entrado? Me había asegurado de poner el pestillo. Salí del baño y me dirigí a la habitación de Charlie. La puerta no estaba cerrada, la empuje poco a poco y mire dentro. No había nadie, ni en el baño. Salí de su habitación, y me asome a la barandilla de hierro.
-¿Charlie? –grite para que pudiera oírme.
-Estoy abajo. –dijo bastante alto como para que yo pudiera oírlo.

         Baje las escaleras intentando no caerme, y cuando llegue abajo vi a Charlie de espaldas a mí, sentado en la isla.

-¿Ya has terminado? –me preguntó antes de acabarse un botella de cerveza de un trago mientras se giraba para poder mirarme.
-Sí. ¿Dónde te dejo la toalla? –le pregunte.
-Ven dame. –dijo cuándo se puso en pie, la cogió y se dirigió por la puerta corredera de cristal hacia afuera.
         Seguí a Charlie con curiosidad, al salir, vi una enorme piscina. Muy cerca de las ventanas había otros sofás de color natural con unas mesitas en el porche. Había un par de mesas de madera con unas sillas a juego más allá cerca de una gran zona con césped donde había dos porterías de futbol. También vi una hamaca del otro lado de la piscina que se sujetaba entre dos árboles. Lo pude ver gracias a unas lámparas en forma de bola de luz  blanca que habían colocadas cada pocos metros. Charlie puso la toalla en una silla, luego se puso a mi lado y me pregunto:

-¿Te gusta?
-Mucho. ¿Sabes? Podrías dar fiestas aquí. –le sugerí.
-No es mala idea. Pero ahora vamos, te llevaré a casa. -dijo cogiéndome de los hombros para hacerme girar y entrar dentro.

         -Entre hacia adentro con Charlie el cogió la llaves de su coche y salimos por la puerta. Nos subimos al descapotable rojo, Y en unos minutos estuvimos delante  de mi casa.

-Gracias por todo Charlie. -dije cuando el paro el coche.
-De nada además, eres mi hermana ¿no? –me dijo bromeando.
-Sí, ten cuidado con la herida. –le dije antes de coger la mochila y salir el coche riendo.
-¡Buenas noches! –dijo alzando una mano para saludarme desde el coche.
-¡Adiós! ¡Ya nos veremos!


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