Subió las escaleras como si nada
cargando con migo mientras pataleaba intentando que me soltara, pero fue en
vano. Cruzamos un pasillo, y el abrió una gran puerta blanca y me puso de pie.
Era un baño enorme tenía una bañera con burbujas, una enorme ducha, espejos
gigantes, y dos picas encima de un mármol enorme a juego con el resto. Cuando
me puse en pie me tuve que aguantar con la pared, ya que me mareé por un
momento.
-Casi
me matas. –le dije. –Va apártate de la puerta, no me quiero duchar aquí.
-¿Ahora
te quieres duchar con migo? La verdad, no te entiendo –dijo riéndose mientras
yo caminaba por el pasillo.
-¿Pero
qué dices? –le pregunte confundida por todo aquello.
-A
ver Jess…Querida… En esta casa hay tres baños, uno abajo sin ducha, y dos aquí
arriba. Sí no te duchar en este, el único que queda es el de mi habitación
donde me voy a duchar yo.
-Ah…
-No tuve ni idea de qué decir, acababa de meterme yo sola en una situación algo
vergonzosa. –Aparta -dije mientras pasaba por su lado encerrándome en el baño.
-Hay
toallas en la estantería. Ya que estas algo confusa. Si cambias de opinión mi
habitación está el final del pasillo. –dijo mientras se reía de mí y se
alejaba.
Puse el pestillo intentando hacer el
máximo ruido posible para que lo oyera. Sé, me escapo una risita, cuando me
puse pensar lo que acababa de pasar. Me acerque a la ducha que tenía
cristaleras súper brillantes, para que el agua no saliera fuera. Abrí la puerta
de cristal y deje corres el agua caliente. Me saque la ropa, eche un vistazo a
la puerta algo preocupada, y me metí en la ducha. En unos minutos los cristales
se habían empañado total mete. Me lave la cabeza, con un champú que olía muy
bien, luego me enjabone el cuerpo y me puse acondicionador en la cabeza. Me
quede un rato allí sentada, dejando que el agua caliente me relajara. Cuando me
decidí a ir a apagar el agua escuche una voz.
-Jess,
un minuto. –dijo la voz de Charlie que venía del fuera.
-¿Eh?
–dije mientras escuche a través del agua un ruido y gire la cabeza para mirar
de done provenía el ruido. No me lo podía creer. ¿Cómo narices había entrado?
Estaba buscando algo en las estanterías estaba de espaldas a mí y solo llevaba
puestos unos pantalones. Me quede tan sorprendida que no me salieron palabras.
El cristal estaba súper empañado, y no creo que me pudiera ver, pero me puse lo
más alejada que pude de los cristales.
-¿¡Qué
haces!? –dije alterada.
-¡He
avisado entes de entrar! No mirare tranquila. –me dijo en un tonó tranquilo
pese al que yo lo había hablado.
-Más
te vale. –gruñí por lo bajo mientras escuchaba cerrarse la puerta.
Me giré para comprobar sí se había ido,
y cuando no vi más rastro de él apague el agua de golpe. Me escurrí el pelo, y
salí poco a poco intentando no resbalar. Me acerque a la estantería y cogí una
toalla para secarme. Me vestí, me desenrede el pelo con los dedos y me lo seque
un poco con la toalla. Me mire dos veces al espejo asegurándome de estar
completamente vestida, y no volver a ponerme en una situación vergonzosa. Me
dirigí a la puerta y antes de poner la mano en el pomo, me di cuenta. ¿Cómo
narices había entrado? Me había asegurado de poner el pestillo. Salí del baño y
me dirigí a la habitación de Charlie. La puerta no estaba cerrada, la empuje
poco a poco y mire dentro. No había nadie, ni en el baño. Salí de su habitación,
y me asome a la barandilla de hierro.
-¿Charlie?
–grite para que pudiera oírme.
-Estoy
abajo. –dijo bastante alto como para que yo pudiera oírlo.
Baje las escaleras intentando no
caerme, y cuando llegue abajo vi a Charlie de espaldas a mí, sentado en la
isla.
-¿Ya
has terminado? –me preguntó antes de acabarse un botella de cerveza de un trago
mientras se giraba para poder mirarme.
-Sí.
¿Dónde te dejo la toalla? –le pregunte.
-Ven
dame. –dijo cuándo se puso en pie, la cogió y se dirigió por la puerta
corredera de cristal hacia afuera.
Seguí a Charlie con curiosidad, al
salir, vi una enorme piscina. Muy cerca de las ventanas había otros sofás de
color natural con unas mesitas en el porche. Había un par de mesas de madera
con unas sillas a juego más allá cerca de una gran zona con césped donde había
dos porterías de futbol. También vi una hamaca del otro lado de la piscina que
se sujetaba entre dos árboles. Lo pude ver gracias a unas lámparas en forma de
bola de luz blanca que habían colocadas cada
pocos metros. Charlie puso la toalla en una silla, luego se puso a mi lado y me
pregunto:
-¿Te
gusta?
-Mucho.
¿Sabes? Podrías dar fiestas aquí. –le sugerí.
-No
es mala idea. Pero ahora vamos, te llevaré a casa. -dijo cogiéndome de los
hombros para hacerme girar y entrar dentro.
-Entre hacia adentro con Charlie el
cogió la llaves de su coche y salimos por la puerta. Nos subimos al
descapotable rojo, Y en unos minutos estuvimos delante de mi casa.
-Gracias
por todo Charlie. -dije cuando el paro el coche.
-De
nada además, eres mi hermana ¿no? –me dijo bromeando.
-Sí,
ten cuidado con la herida. –le dije antes de coger la mochila y salir el coche
riendo.
-¡Buenas
noches! –dijo alzando una mano para saludarme desde el coche.
-¡Adiós!
¡Ya nos veremos!
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