Cogí un bolso, metí mis cosas en él y
subí las escaleras de dos en dos. Antes de abrir la puerta cogí mis llaves, y
le dije a mi madre que volvería a la noche. Ella no se molestó en preguntar
dónde iba así que salí por la puerta
cerrándola detrás de mí. Al levantar la vista, vi a Adam espiándome fuera.
Sonreía como de costumbre, con esa sonrisa tan bonita, había algo en ella que
me encantaba. Sus ojos verdes me observaban mientras me acercaba a él.
-¿Qué
tal? ¿Cómo llevas la mañana? –me pregunto.
-Bueno,
si no tenemos en cuenta los desastres rutinarios de mi hermano, bien. –dije
riendo. – ¿Me puedes decir ya dónde vamos? –le pedí entusiasmada.
-No,
es sorpresa. –me respondió mientras empezábamos a caminar.
-Dame
una pista. –le pedí girando la cabeza para mirarlo.
-Está
bien…A ver…-accedió mientras pensaba. –Digamos que es un sitio donde nunca
antes has ido. –me dijo.
-¿Nunca
antes? Mira que llevo mucho tiempo por aquí. ¡Eh! –le dije mientras pensaba
algún sitio al que no haya ido todavía.
-No,
seguro que no. Además es un sitio…Algo apartado de aquí. –me dijo.
-Eso
no vale, quiero saberlo, no se me ocurre nada. –le dije intentando darle pena.
-No
te lo diré, es una sorpresa, ya lo verás. –me dijo sonriendo.
-¿Falta
mucho? -pregunté
-Un
poco. -dijo mientras girábamos en una esquina por donde no había pasado antes.
Seguimos caminando y nos metimos en
una zona apartada de donde apenas vivía
gente. Había viejos locales, restaurantes o tiendas cerradas con
ventanas y puertas tapiadas. La carretera, era más vieja, apenas pasaban coches
por aquella zona, y no había gente por las calles. Era una zona muy vieja y
abandonada a la que ya nadie daba importancia.
-Adam.
¿Estás seguro de que es por aquí? Dudo que haya pasado alguien por aquí en
años.
-Sí,
tranquila se lo que me hago. –dijo medió riendo.
-Por
aquí no hay nadie. –dije observando nuestro alrededor.
-Ese
es el plan. –respondió mientras me observaba curiosamente.
-¿No
serás un asesino psicópata o algo así no? –pregunte riendo.
-No,
un psicópata escoge a la gente al azar. –respondió riendo.
-¿Eso
significa que no me has escogido al azar o que eres un asesino? –le pregunte
riendo.
-La
segunda. –me respondió. ¿Y qué me dices de ti, eres una secuestradora de niños
o algo así? –dijo riendo de mis preguntas.
-No,
creo que no. –le conteste.
-Entonces
no llevaremos bien. –respondió sonriendo.
-Sí
supongo que sí. –dije mientras observaba una fábrica abandonada que había cerca
de nosotros.
-Ya
estamos cerca. –me dijo.
-¿Cerca?
¿Cerca de qué? Estamos alejados de todo. –dije mirando otra vez nuestro
alrededor.
-No
de todo, tú espera. –me dijo mientras miraba la hora de su móvil.
-¿Qué
hora es? –pregunté.
-Casi
las seis y cuarto. -me respondió con un todo de voz agradable.
-Creo
que tenías razón con lo de que no había venido por aquí. -le dije.
-Por
aquí -dijo girando en una calle. –Falta poco.
-¡Madre
mía! ¿Dónde narices vamos? Este es el sitio más solitario en el que he estado
en mi vida. –dije observando nuestro entorno.
Seguía habiendo locales abandonados y
las carreteras estaban muy destrozadas por el tiempo. Nos metimos en una callé
donde el suelo era de tierra, parecía
ser un camino privado. Delante de nosotros orientada un poco hacia la izquierda
al final del camino estaba la fábrica abandonada que antes había visto. Estaba
rodeada por una reja de metal oxidada bastante más alta que nosotros. Y delante
nuestro también habían rejas, las mismas que las de la fábrica. Fuimos
caminando hasta estar delante de aquella reja toda oxidada. Adam cogió la reja
y la retorció hasta arriba. Estaba rota, o probablemente cortada así que no le
costó levantarla un poco.
-Las
damas primero. –me dijo.
Pase yo primera agachando un poco la
cabeza para no tocar la reja oxidada. Luego paso él tan tranquilo como si lo
hubiera hecho un millón de veces antes.
-Está
bien ahora cierra los ojos. –me pidió. –Yo te guío.
No hay comentarios:
Publicar un comentario