Las dos entramos a nuestra clase. Todos nos miraban callados,
mientras Miranda y Mónica, las inseparables amigas de Olivia, nos miraban y
cuchicheaban.
En esos momentos Olivia se levantó y empezó a reírse de nosotras,
que estábamos allí de pie ante todos. Sabía que todas las palabras que saldrían
de la boca de Olivia no serían buenas ni nada halagadoras para nosotras. Olivia
es la típica rubia de ojos azules con ropa, familia y novio perfecto.
Katia y yo no nos habíamos dado cuenta de que por todo lo que habíamos
corrido y como habíamos subido las escaleras teníamos los pelos como si un
demonio de Tasmania hubiera estado viviendo junto a nuestras cabezas. Después
de medio minuto de carcajadas, Olivia se dignó a ponernos en evidencia delante
de todo el mundo, y decidió empezar su discurso.
-¡¡¡Pero
bueno!!! ¡Jess! ¡Kat! ¡¡Amigas!! ¿¿Os habéis peleado con alguien o qué?? Que yo
sepa aquí tenemos grandes huracanes que nos dejen el pelo así de… ¡¡Especial!!-
dijo Olivia burlándose tontamente de nosotras dos. Entre todos los que se reían
de nosotras, los únicos que no lo hacían e intentaban consolarnos con la mirada
eran Betty, Paul, Vanessa y Kevin, que tenía cara de estar preocupado por algo,
lo cual me resulto raro que no se riera con sus amigos y el novio de Olivia.
En esos momentos miramos al final de clase donde hay un espejo y nos
vimos reflejadas. Cuando me gire hacia Katia, me di cuenta de que se sonrojo y
tenía ganas de llorar pero, como llevaba las gafas de sol, no se le notaron las
lágrimas. En cambio yo me iba a tirar sobre Olivia a arrancarle todos los
pelos, pero justo llego la señora Clemente, nuestra profesora. En ese momento
Katia ya se había sentado al lado de Betty, y a mí me toco sentarme junto a
Vanessa, una amiga de pelo marrón chocolate y ojos negros penetrantes, que me
ayudo a consolar a Katia.
La clase se hizo eterna y de tanto en tanto, notaba que algunos de
delante me observaban y se reían en silencio de mí. Lo bueno de la señora
Clemente es que como ya le toca jubilarse no tiene la vista muy fina que se
diga y...Digamos que no llega a ver bien donde mis amigos y yo nos sentamos.
Así que cogí una libreta de color purpura que tenía en mi mochila,
la abrí y vi que ponía… IA QAN POCAS DIS PA TU CUMPE… Al instante me di cuenta
de que mi hermanito había estado escribiendo algo en mi libreta. El me
recordaba constantemente que dentro de poco cumpliría los dieciséis años,
parecía más ilusionado el que yo.
Cómo iba diciendo cogí la libreta arranque bruscamente una hoja y me
puse a enviarle notitas a Betty pidiéndole ideas para fastidiar a Olivia,
Mónica y Miranda. Se me ocurrió una muy buena, veía a Betty impaciente por ver
lo que le escribía, así que le escribí esto:
Ø Betty, se me ha ocurrido una idea para vengarme de “Oli”
Ø ¿¿A si?? ¡¡¡Venga rápido cuenta cuenta!!!
Ø Bueno, la cosa va así si queremos que Olivia lo pase mal primero
tenemos que averiguar qué es lo que más le avergonzaría del mundo. Eso no será
muy difícil por la personalidad de Olivia, cualquier cosa en la que se ensucie
no le molara, así que ya tenemos el primer objetivo: (¡conseguir que se
ensucie!)
Ø Faltan menos de cinco minutos para el descanso, luego hablamos.
Ø ¡¡OK!!
Guardé todos los bolígrafos en mi estuche, lo metí en mi mochila,
junto a las libretas y libros. Mire el reloj de color rojo que tenía en mi
muñeca para ver la hora, solo faltaban treinta segundos para el descanso. Cerré
los ojos y fui contando segundo a segundo hasta que sonó el grandioso timbre
situado en el pasillo. Cogí mi mochila y me di cuenta de que pesaba un montón,
le dije a Betty y Katia que me dirigía hacia mi taquilla, fui de las primeras
en levantar me pero enseguida todos se pusieron en pie y desaparecieron.
Recorrí el pasillo, baje las escalera y encontré mi taquilla junto
con la de Kat y Betty. Vi que la de Kat tenía un papel pegado con celo, pero
decidí no tocarlo ya que esa no era mi taquilla. Así que, abrí la mía y me mire
al espejo para comprobar que no estaba despeinada. Después abrí mi mochila
verde con un estampado negro de flores. Mire en el horario de mi taquilla, para
ver de los ocho libros que tenía y cuál de ellos no me iba a ser útil hoy.
Antes de que yo acabara llegaron Kat y Betty. Kat me pregunto por el papel
pegado a su taquilla, pero le dije que no tenía ni idea de aquello. Entonces Kat
guardo la nota en el bolsillo pequeño de su mochila, recogió un par de libros
igual que Betty y nos fuimos las tres para la siguiente clase.
Muyyy chulo!!! Suerte, a ver cuando llegas a los 500 y... a los 1000!!! Jajajajaj muchisima suerte!!
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